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Sostienen que se achicaron los programas sociales en los barrios

Desde el bloque de Respeto aseguran que hay menos personal y que se diluyó la promoción de mejoras en la calidad de vida de los vecinos. “Todo parece limitarse al asistencialismo”, dijo Pablo Carrizo

La política social del gobierno de Llamosas fue nuevamente cuestionada desde la oposición, ahora por entender que se reduce al asistencialismo, sin interesarse en la promoción de mejoras genuinas en la calidad de vida de los vecinos. El concejal del partido Respeto, Pablo Carrizo, sostuvo que los programas se achicaron fuertemente. En tal sentido, explicó que, en gran medida, eso se debe a que se desafectó el personal que los llevaba adelante y no fue reemplazado.

Carrizo ponderó la política social de la gestión anterior por la “asistencia cultural, pedagógica, artística en los centros comunitarios”, en contraste con el panorama que trazó en la actualidad.

“Basta con charlar con cualquier organización social, porque nos conocemos todos. Lo veo en La Cava, en Cola de Pato, en Salto de Malvinas: hubo un retroceso en términos cualitativos, a pesar de que se sigue gastando la misma cantidad de dinero”, señaló el edil opositor.

En el mismo sentido, explicó que se ha reforzado la asistencia directa en desmedro de los programas socio-educativos que apuntaban al desarrollo social.

Sin embargo, indicó que los recursos se mantienen en los mismos niveles, ajustados a la inflación, a pesar de que en la actualidad “hay más pobres que hace dos años”.

Para Carrizo, ese movimiento ha derivado en que el grueso de los programas se transformaron “en asistencialismo, porque no se les ha sumado valor agregado para dignificar al pobre que los necesita”.

“Por ejemplo, sería bueno que, cuando reciba algo del Estado, la persona pueda resarcir a la sociedad con trabajo comunitario, de modo tal que cada uno se gane lo suyo con esfuerzo.  Sin ir más lejos, eso es lo que hace el comedor María Madre de Dios, donde la gente que va a comer tiene que trabajar en la huerta”, apuntó el referente de Respeto.

No obstante, aclaró que, sobre este punto, tampoco la gestión anterior hizo esfuerzos para que la relación del Estado con los sectores más vulnerables sea un ida y vuelta.

-¿Esto se traduce en que las actividades culturales se vean restringidas?

-Están muy restringidas. Los pibes antes tenían talleres de ajedrez en muchos lugares, y no en uno solo como ocurre hoy. Había baile, manualidades, programas que bajaban a los barrios desde Fundemur, lo cual nos parecía bárbaro. Ahora, la asistencia es para la copa de leche, y ahí se terminó. Esto es así en la mayoría de los casos. Salvo en aquellos centros más vinculados al Municipio, como es el caso del CIC de barrio Obrero, la Casa del Sol, que no sólo están cerca de la gestión, sino también del partido. Allí sí funciona todo al modo como era antes. Pero falta aquello que va más allá de la entrega de alimentos o de una chapa, que es justamente lo que trasciende. Por ejemplo, todos los programas educativos o que involucran trabajo. Lamentablemente, se sigue haciendo entrega de ayuda sin ningún valor agregado.

-¿Esta situación tiene que ver con la cesantía de muchos de los contratados? Porque usted menciona que uno de los puntos más débiles es la falta de personal en las áreas sociales.

-Sí. Se atacó muy fuerte a todos los programas que realizaban los contratados, como por ejemplo los talleres culturales. Y no fueron reemplazados por otros trabajadores, sino -en muchos casos- por militantes, y los afectaron a emprendimientos que nosotros desconocemos.

Además, los números indicaron que ingresaron ya unas 300 personas al Municipio, aunque no se conoce su trabajo.

Hace poco tiempo hablaba sobre los concursos para atender áreas profesionales, pero nunca se realizaron. Todos los puestos de trabajo fueron reeemplazados por personas de confianza de su grupo político.