El aporte de fibra en la dieta, que proviene de frutas y verduras, es clave para el adecuado tránsito digestivo, pero, por lo general, su ingesta es baja. La primera Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, de 2007, mostró que la dieta del 97,8% de los niños y niñas de 2 a 5 años no cubre la recomendación de fibra que indican los especialistas. Como dato más actual, según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de 2019, sólo el 6% de la población cumple con la recomendación diaria de frutas y verduras.

Desde la Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas (AADYND) se expresó la Licenciada en Nutrición Jacqueline Schuldberg, que además coordina el Grupo de Estudio en Pediatría de la Asociación y dijo que “todas las frutas tienen fibra y también son muchas las verduras ricas en este nutriente (lechuga, berenjena, brócoli, acelga, apio, espinaca, repollo colorado o blanco, coliflor, espárragos, tomate, pimientos, alcaucil, berenjenas, pepino, zapallitos y rúcula, entre muchas otras). Cuantas más crudas se consuman, mejor será el aporte de fibra”.

Además indicó que la ingesta diaria de fibra debe ser acorde a la edad y necesidad de cada niño. A partir de los 2 años, se recomiendan hasta 5 g/día. La barrera más frecuente contra la ingesta adecuada de fibra, entre otros nutrientes, explicó la nutricionista, “es la selectividad alimentaria del niño (algunos solo comen blanco: fideos, papa y arroz). Ayuda variar las recetas e involucrarlos en la compra y preparación de las comidas, lo que los acercará a su aceptación. Las verduras pueden ofrecerse en tartas, tortillas, buñuelos (en preparaciones saludables) y las frutas, incorporarse en trocitos y combinadas entre sí, para aportarle color al plato”.

Cambios de hábito

Un estudio difundido en mayo pasado y realizado por la consultora IPSOS reveló que el 77% de los pediatras había atendido casos de constipación en los seis meses anteriores (y el 90% de los gastroenterólogos). Este trastorno digestivo, prolongado en el tiempo, puede impactar significativamente en las emociones de los niños, su estado de ánimo y capacidad de socialización.

Sin lugar a dudas, este contexto tan extraordinario de pandemia y aislamiento ha modificado rutinas familiares, horarios, hábitos alimenticios y, sobre todo, alteró el ritmo de la presencialidad escolar. Los más chicos han tenido que realizar un enorme esfuerzo para adaptarse a una nueva realidad.

En lo que respecta a los cuadros de constipación, la evidencia muestra que existen tres situaciones puntuales que tienden a desencadenarlos: estos son los cambios en la dieta -como al incorporar los alimentos semisólidos-, los desafíos del abandono del pañal y el inicio de la escolarización, cuando el baño ya no está tan a mano como en casa.

Los niños pueden sentirse culpables o avergonzados, especialmente si experimentan episodios de incontinencia, por lo que es importante conversar con ellos sobre el tema con claridad, en la medida que su edad y neurodesarrollo lo permitan.

Por redacción Salud & Ciencia