Se alejó de los tornos y las máquinas viales. No se dejó influenciar por su madre odontóloga ni por su padre, dueño de una constructora y decidió abrir su propio camino. Por eso, pese a que no fue bien recibido en la familia, decidió estudiar Agronomía en la Nacional de Córdoba, y terminó con medalla de oro. A partir de allí, las piezas empezaron a encajar y a fin del año pasado la tentaron con la función pública, un mundo desconocido, y aceptó el reto y se convirtió en la primera mujer en ocupar la Secretaría de Ganadería de Córdoba.

En diálogo con Tranquera Abierta, Catalina Boetto admite que su vínculo con el campo no es de cuna. “Mi papá tenía una empresa vial, pero en aquel momento siempre se acostumbraba a tener propiedades rurales, campos, como garantías de capital. Y siempre tuvimos, y éramos productores ganaderos. Pero la principal actividad económica del grupo en el que participaba mi padre era la vial”, recuerda la hoy funcionaria.

¿Por qué Agronomía a la hora de estudiar una carrera?

Quise estudiar Agronomía, porque siempre me gustó el sector ganadero bovino. Eso le pareció una locura a mi papá porque pensaban que debía ser de alguna rama de la medicina, ya que mi mamá es odontóloga, o algo como Ingeniería Civil. Fue bastante impactante para ellos lo de Agronomía porque pensaban que iba a tener problemas de inserción laboral. Fue el primer desafío tomar ese camino, allá por 1981. Y después siempre mantuve la relación con el campo.

¿Tenías entorno de ruralidad?

Vivía en un pueblo muy rural, que fue Arroyito, con fuerte impronta industrial también de la mano de Arcor. Fuimos testigos del crecimiento de esa empresa.

¿Cómo fue el tránsito en la carrera en Córdoba?

Fui muy buena alumna, terminé con medalla de oro y fue un orgullo que todavía tengo de esa etapa, todavía conservo el título.

Y una vez egresada, ¿cómo fueron los primeros pasos?

Lo primero fue sumarme a uno de los campos que tenía papá. Casi todos tenían ganadería y éramos criadores de Brangus. Pero igual me sobraba tiempo y como me gustaba mucho el conocimiento, me presenté en una cátedra de producción de carne vacuna en la que en ese momento no aceptaban mujeres. Me dijeron que no, a pesar de ser abanderada, muy estudiosa y buena candidata.

Tranquera Abierta. Madres y Mujeres. Su vínculo con el campo.

¿Te lo negaron por ser mujer?

Exacto. Entonces me sugirieron ir a verlo al ingeniero Oscar Melo que era un referente en ganadería muy importante pero que ya no estaba en la Universidad Nacional donde yo estudié y lo fui a ver a la Católica. Me presenté y le dije que me gustaría trabajar con él, que tenía tiempo libre y me dijo que me quedara. Empezamos a trabajar juntos, hicimos como una consultora junto con Ana María Gómez que era estudiante en ese momento. A mi me gustaba el tema del almidón y utilización en el tracto digestivo y pérdida fecales de almidón. Hablo de hace 30 años. Hice esa beca de investigación y luego continué con la docencia universitaria gracias al Cachi Melo que era mi mentor. La docencia universitaria fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida. Es apasionante porque los jóvenes te desafían permanentemente a nuevos conocimientos y maneras de aprender la realidad y hacer que los conocimientos puedan realmente utilizarse. Y en paralelo siempre seguí en la actividad privada con Ana Gómez y Melo. Y armamos un grupo de trabajo que se llama MBG que lo armamos en 1987 para auditorías, consultorías, capacitaciones. Y un año más tarde abandoné los campos de la familia y me dedique a esto. Quería hacerme un camino propio y la verdad es que me dio muchas satisfacciones. Al principio estábamos más ligados a productores, y después fuimos migrando a otro público, más de tipo profesional, porque veíamos que los profesionales de ciencias agropecuarias también necesitaban tener un espacio de contención y capacitación. Y como estábamos en la docencia, ya nos conocían y teníamos un primer vínculo. Entonces comenzamos a desarrollar herramientas digitales para la planificación de los sistemas ganaderos, cosa que utilizamos actualmente todavía, con nuevas versiones y cambios que incorporamos. Nos planteamos cómo predecir la preñez de un rodeo a través del manejo de la alimentación. Y nos dedicamos a eso. Y en los últimos 7 años capacitamos a más de 5 mil profesionales.

¿Y el aula?

Siempre seguí con la docencia de aula. Tengo 30 años de docencia en la Universidad Nacional y 30 en la Universidad Católica. Pero en diciembre de 2019 me plantearon un desafío de ir a la función pública. Nunca había estado en ese lugar, aunque sí en gestión como por ejemplo en la Secretaría Académica de la Católica, en el Consejo Directivo de la Universidad, vicepresidente de AAPA (Asociación Argentina de Producción Animal). Pero nunca en el sector público. Para mi es un gran desafío porque no hago política ni participé en partidos. Pero nos pusimos de acuerdo que era un cargo bien técnico. Plantee los ejes, lo que me parecía que debíamos hacer, y hoy estamos en eso. Al comienzo tuve que ponerme al tanto de un montón de cosas que eran responsabilidad de la Secretaría y que no me imaginaba. Muchas normativas, que eran muy interesantes y que me abrieron un espectro muy rico de conocimiento. Y la virtualidad me permitió estar con los alumnos también, abrir el ciclo de teóricos y demás. No lo quiero abandonar.

¿Por qué aceptaste ir a lo público?

En algún punto sentí que todo lo que yo había recibido y me había formado en los años previos, debía devolverlo al sector y esta oportunidad era para eso. Como un servicio, tratando de transmitir y dar todo lo que uno puede desde el conocimiento y desde el trabajo para un sector que conozco bien.

Pero tiene otra lógica de funcionamiento...

En lo público te encontrás con muchas cosas maravillosas. A mí me nombraron el 1 de enero que es un mes sin actividad en la Provincia y aproveché a meterme en todas las áreas y a empaparme. En febrero comienza a volver la gente y después ya vino la pandemia y me obligó a reorganizarme. Armar grupos y equipos de trabajo para áreas clave porque era una actividad esencial. Y ahí encontré mucha gente comprometida con el trabajo, con la Secretaría, que se pusieron la camiseta y trabajaron todo el día durante mucho tiempo, sin fines de semana. Y queríamos poner en marcha el Documento Único de Transito (DUT) que se venía gestando de la gestión anterior. En eso, en faenamiento e inspección, encontré gente maravillosa. Cuando uno tiene ganas de trabajar, ideas y un norte, toda la gente se suma.

Fuiste la primera mujer en ocupar ese lugar, ¿qué significó eso?

No fue nada especial porque no evalúo a las personas por género, pero sí mucha gente se sorprendió por eso. Me llama la atención eso, pero es la realidad de que la inserción de mujeres en el agro todavía es dificultoso. En las generaciones jóvenes eso ya casi no pasa, pero en mi generación hay un poco más. Y también entiendo que dentro de lo masculino que es el sector agropecuario, la ganadería es lo más. Y para colmo yo me dedico al software dentro de eso que es peor todavía. Después, en el trabajo nada, porque creo que gracias a mi experiencia de manejar equipos y coordinar, no tuve problemas. Y la pandemia nos obligó a adaptarnos y tuvimos muy buenos resultados.