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Córdoba quiere convertir al cultivo de maíz en el petróleo de Kuwait

Creen que hay grandes oportunidades para montar un fuerte desarrollo a partir de agregarle valor al cereal.

La séptima Convención del Maíz organizada por el Ministerio de Agricultura de la Provincia, la Bolsa de Cereales de Córdoba y la Sociedad Rural de Jesús María dejó la sensación de un potencial relevante para que Córdoba avance hacia el desarrollo de la mano de su fuerte producción maicera. La provincia es la principal productora del cereal y eso le permite multiplicar las experiencias ya consumadas de transformación del grano en carnes o energías renovables. Un mundo de opciones productivas se abren por delante si las piezas logran encajar.

En la Convención, algunas definiciones fueron en esa línea. Y fue el dueño de casa, el presidente de la Sociedad Rural de Jesús María, Luis Magliano, el que graficó la oportunidad que se abre al destacar que “Córdoba tiene con el maíz la oportunidad que Kuwait tiene con su petróleo”. La frase resonó a lo largo de los distintos paneles que se fueron sucediendo.

El ícono que tuvo la Convención fue la empresa familiar Las Chilcas, en el norte provincial, en donde el grano de maíz se convierte en carne vacuna, de cerdo, en etanol y finalmente en electricidad. Una economía circular que incluye campo e industria en un mismo establecimiento agropecuario que no se caracteriza por sus molinos dibujados en el horizonte sino por las torres de la destilería que se levantan entre los lotes de maíz, un feedlot y las granjas porcinas.

Panel: Maíz circular: un modelo, Las Chilcas, 1° posta, Javier Williams, Gerente de Agricultura.

Mario Aguilar Benítez, uno de los cinco hermanos que conforman la segunda generación en ese campo, explicó que el lema que acuñó su padre y que rige hasta hoy es que todo el maíz debe salir transformado en cuatro patas. Luego le agregaron el alcohol, por lo que también sale sobre ruedas.

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Eso es una realidad que los funcionarios que participaron de Santa Fe y Entre Ríos fueron a conocer (la séptima edición del encuentro se amplió y alcanzó a la región centro y por eso se sumaron ambas provincias). Eso también se replica en Río Cuarto, con Bio4, que comenzó con la destilería, pero luego fue avanzando con la electricidad y el feedlot. Y en este año de pandemia, con el alcohol sanitizante. Todo a partir del maíz. La planta de bioetanol de ACA Bio en Villa María, o la de Promaíz en Alejandro Roca, son otros dos buenos ejemplos.

Pero los funcionarios provinciales y los empresarios del sector están convencidos de que eso es apenas una muestra que se puede escalar. Sin embargo, hace falta un acompañamiento por parte de la política para lograrlo. Y en ese sentido, la señal de postergar 4 años la vieja ley de biocombustibles a nivel nacional, sin actualizarla, no fue un buen guiño por parte del Congreso, sumado a que no hubo acompañamiento en el último año en el precio que las petroleras le pagan a las industrias etanoleras por el alcohol que luego mezclan con los combustibles.

Ayer, el ministro Sergio Busso, de la cartera de Agricultura dijo que a nivel nacional los gobiernos “no lo entienden o no lo quieren entender al potencial que hay. Y tal vez el de los biocombustibles tuvo más una mirada energética que productiva y cuesta trabajo cambiarlo. Pasó también en el Gobierno anterior”, recordó el funcionario.