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En las últimas décadas, alrededor del mundo sucedieron una serie de cambios que han repercutido directamente en nuestro ritmo de vida.
Contamos con menos tiempo para dedicarle a la actividad física, a la cocina, y a la par de esto, tendemos a estar más quietos… la oficina, el auto, tiempo de ocio frente a la tele, el celular o la computadora.

Una combinación un tanto complicada para la salud, que podría explicar el gran aumento de los índices de sobrepeso, obesidad y otras enfermedades crónicas no transmisibles como las cardiovasculares, hipertensión arterial y diabetes.

Tiempo atrás la alimentación habitual se caracterizaba por preparaciones caseras, basadas en alimentos naturales, muchos de ellos productos de cosechas propias, haciendo a un mayor aporte de vitaminas, minerales, fibra y escaso contenido de aditivos.

Hoy en día, existe una inclinación por alimentos y productos que demandan poco o ningún tiempo de preparación. ¿De qué estamos hablando? De los famosos “productos ultraprocesados”. Vale destacar, que no es que los alimentos sean “buenos” o “malos” por estar o no procesados, de hecho muchos tipos de procesamientos son necesarios, beneficiosos e inocuos. El problema está cuando algunos tipos de productos comienzan a ser la base de nuestra alimentación, haciendo que prime el aporte de sodio, azúcares simples, grasas saturadas y trans, y baje el consumo de fibra, proteínas y diversos micronutrientes tan necesarios para nuestro cuerpo.

Los llamados “productos ultraprocesados” son creaciones industriales que se elaboran a partir de sustancias derivadas de los alimentos o “inspiradas” en ellas. Algunos ejemplos de estos productos, podrían ser: papas fritas en paquete y otros snacks; chocolates y caramelos; panes, galletitas y tortas empaquetadas; cereales endulzados de desayuno; mermeladas y jaleas; entre tantos otros. También, existen productos y preparados como aquellos a base de carnes, pescados y mariscos, verduras, quesos, hamburguesas, pastas y postres, que si nos detenemos a ver su etiquetado nos vamos a encontrar con una combinación difícil de descifrar, ya que poco tienen de los alimentos que conocemos naturalmente.

Sin embargo, el cambio empieza por nosotros. La concientización es lo primero, luego debemos tomar acción. Retomemos las riendas de nuestra alimentación, volvamos a lo casero y natural.

Hoy, ponemos manos a la obra con una opción para acompañar el desayuno o la merienda.



BUDIN DE TÉ, COCO Y CANELA

Los ingredientes...

1/3 de taza de coco rallado

1/3 de taza de té negro

1/2 taza entre harina de trigo integral fina y avena

1 cda de polvo para hornear

1 cda de canela

2 cdas de semillas de chía

5 cdas de edulcorante líquido tipo Estevia

3 claras

3 yemas

1 cda de aceite

Ralladura de 1 naranja



¿Cómo lo hacemos?...

Primero, batimos las claras a nieve y reservamos.

Luego en otro bowl batimos las yemas, aceite, ralladura de naranja, semillas de chía, edulcorante y té preparado. Agregamos la harina, avena, coco polvo para hornear y canela. Integramos todo bien, y cuando ya esté homogeneizado agregamos las claras batidas a nieve con movimientos envolventes.

Vertemos en bowl enmantecado y enharinado. Terminamos con unas rodajas de naranja para decorar y llevamos a horno precalentado 180° unos 20 minutos y… ¡eso es todo! ¡Desmoldamos y servimos para disfrutar!

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Lic. Bárbara Collosa 

(MP 4081)

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