Río Cuarto |

La Huerta de Don Domingo: “Ver germinar la semilla es como volver a nacer cada día”

Domingo Gurduligh sufrió un ACV que lo dejó prácticamente sin poder caminar. Despacio, y como parte de su rehabilitación física, comenzó a hacer la quinta. Hoy, en bicicleta, reparte verduras por el vecindario

Don Domingo nació en Guatimozín y su juventud lo trajo a Río Cuarto. Durante gran parte de su vida fue transportista hasta que un accidente de tránsito lo bajó del camión. Años más tarde, cosas de la vida, sufrió un ACV que lo dejó prácticamente sin poder caminar. “¿Y ahora, qué hago?”, se preguntó. Fue entonces que en la agonía de su esperanza, nació la Huerta Orgánica Don Domingo: hoy, el motivo de su vida.

“Y empecé con la quinta como un ejercicio, de a poquito. Después de la enfermedad casi no podía caminar, apenas me movía, y lo tomé como parte de la rehabilitación física”, dice don Domingo Gurdulich mientras camina entre los surcos de tierra recién movida, en su huerta ubicada a pocos metros del Puesto 2 del Aeropuerto, juridicción de Las Higueras.

Cuenta don Domingo que hace tres años, producto de un ACV que sufrió, apenas podía moverse. Sentado en su cocina se preguntó qué podía hacer de su vida. Fue entonces que un viejo recuerdo de niño le marcó el camino: “En casa paterna, allá en Guatimozín, mi viejo hacía la huerta. Yo habré tenido unos 6 años y ya andaba por detrás con el zapín. Por ahí, de distraído, se me escapaba la asada y cortaba alguna planta. Entonces, la escondía... si no se venía el reto”, recuerda entre risas.

“Entonces, casi sin poder caminar, largué de a poquito con la huerta. Un poquito hoy, otro mañana. Y cada día empecé a sentirme mejor. Entonces me dije: ‘Si a mí me gusta esto, y me está haciendo bien, tengo que hacerlo’. ¡Y ya ve la huerta que tengo!”, dice don Domingo.

“A las 5 de la mañana ya estoy levantado -continúa-. Mientras tomo unos mates ya pongo para que se vaya regando la quinta. Y tipo 7 ya estoy punteando, sacando yuyos, o sembrando, lo que haya que hacer. Así tengo todo el día ocupado en la huerta. Y a la noche, me acuesto cansado y ya pensando en lo que voy a hacer al día siguiente”. “Me cambió la vida. Antes, me la pasaba sentado acá en la cocina. Si seguía así, iba a durar unos poquitos meses nomás”, murmura bajito. 

Hoy en día, don Domingo no sólo volvió a caminar, sino que también se sube a su bicicleta y recorre el vecindario repartiendo las verduras que él mismo produce. “La gente me ayuda mucho, muy mucho. Me compra las bolsas de verdura y con esas monedas voy tirando”, señala.

Tomate, berenjena, lechuga, remolacha, acelga, apio, rúcula, zapallo, maíz blanco, y muchas variedades más son las que produce don Domingo en su huerta. “Y todo producido de manera orgánica. Yo anduve muchos años en un camión y conozco lo que les ponen a las verduras. La gente muchas veces no sabe lo que llega a sus mesas”, afirma. Y asegura: “Hay quintas en las que una planta de lechuga te la sacan en 40 días; a mí me lleva 80 días. Esa diferencia la hacen los químicos”.



La siembra y la cosecha



Cuando le preguntan si disfruta más el momento de la siembra o de la cosecha, don Domingo hace un rodeo y luego aventura la respuesta:  “Y... la cosecha. Levantar la verdura es una cosa que disfruto mucho. Por ahí viene gente y me dice: ‘Don Domingo, quiero tomates’. Y entonces le digo: ‘Sáquelo usted’. La gente no sabe lo que es sacar un tomate de la planta. Y dan vueltas y no se deciden. ‘Sáquelo, sáquelo’, les insisto. Lo sacan y se quedan mirando. Es una energía muy especial. Estoy sacando el tomate que voy a comer”.

Sobre el final de la charla, don Domingo es contundente al hablar del significado que tiene la huerta en su vida: “La huerta para mí... es todo. No sé si te puedo explicar con palabras -don Domingo tartamudea-. Es como un imán, ¿Me entendés? Tengo que estar en la quinta. ¿Vos sabés lo que es sembrar la huerta, ver germinar la semilla a la semana y después comer los frutos de esa siembra?”, interroga casi para sí mismo. “Yo volví a vivir gracias a la huerta. Volví a empezar cuando ya no había esperanzas. Ver germinar la semilla es eso... es como volver a nacer cada día”, concluye.

Ferias rodantes: el círculo de la economía social que crece en la ciudad

Paralelo al incremento de la producción familiar o a pequeña escala en la ciudad, crece también el número de ferias rodantes que apuestan a una comercialización comunitaria, solidaria y que tiende a beneficiar a ambos extremos de la cadena: productores y consumidores. Tal es el caso de la Feria Barrial de Alimentos que tendrá su primera edición del año el próximo miércoles en la explanada del Viejo Mercado. 

Se suman al círculo de la economía social de la ciudad la ya tradicional Fericambio impulsada por el Inta, la Feria Rodante, la Feria del Mercado Urbano, entre otras, las cuales se desarrollan mensualmente en diferentes puntos de la ciudad. Todas ellas, con el fin de fomentar la actividad de pequeños productores y microemprendimientos de los distintos sectores de la ciudad.