Cómo impactará la elección nacional en la municipal, que se hará en los próximos meses. Llamosas abrirá el PJ pero no se desesperará por incorporar al kirchnerismo. Crujidos opositores. Por Marcos Jure
La elección nacional del domingo pasado dejó en Río Cuarto algunos datos para anotar. El primero es que Mauricio Macri, que protagonizó en el país una remontada de más de 2 millones de votos, pasó en la ciudad de los 44 puntos de las Primarias a los 56 de la primera vuelta. El segundo es que la ventaja sobre Alberto Fernández, ahora presidente electo, se estiró de 10,8 a 24 puntos. Y el tercero, que no deja de sorprender por historia y composición social del voto, es que Macri se alzó con el triunfo incluso en barrio Alberdi, corazón peronista de la ciudad, lo que despertó entre los sectores no schiarettistas del justicialismo más de una suspicacia. 

Fernández será presidente desde el 10 de diciembre pero si una certeza dejó el 27 de octubre es que, aun en medio de la brutal crisis económica que golpea principalmente a sectores populares como por ejemplo barrio Alberdi, Córdoba sigue asumiéndose profundamente antikirchnerista. La corroboración no sólo está en el 61,3% que prefirió otros cuatro años de Macri antes que ver al Frente de Todos -y principalmente a Cristina- otra vez en el poder, sino que se percibe en las calles, en los kioscos y los negocios, donde desde el lunes en adelante se escucharon frases de odio visceral no sólo hacia el kirchnerismo y lo que encarna en el imaginario, sino incluso de desprecio hacia quienes lo eligieron como opción electoral. “Ignorantes”, “negros”, “planeros”, fueron algunas de las expresiones que poblaron los “análisis” que desde el día de la elección se oyeron en la ciudad y no precisamente de boca de sectores acomodados.

La campaña que el macrismo diseñó después de las Paso generó un aluvión de votos que no anticipó ninguna encuesta. Ni ningún dirigente. Y una de las consecuencias del discurso y la acción fue que se exacerbaron las divisiones y se intensificaron los sentimientos negativos hasta el límite de la fanatización.

La elección nacional terminó y ya está en marcha la transición. Sin embargo, ese sedimento no es tan fácil de erradicar. Probablemente, permanezca como un sustrato, solapado pero presente.

Y Río Cuarto, a diferencia del resto del país, volverá a votar dentro de poco. Probablemente, en el primer cuatrimestre de 2020.

¿Cómo influirá ese antikirchnerismo recargado que dejó como resabio el 27 de octubre? Con los datos de la elección en la mano, en el oficialismo municipal consideran que no se equivocaron al seguir al pie de la letra la misma estrategia que encaró Juan Schiaretti y que contempló la prescindencia con respecto a la pelea nacional. “Está comprobado que el gobernador y Macri comparten electorado. Pero, además, si le sumás que cualquier apoyo al kirchnerismo genera reacciones muy negativas en un sector enorme del electorado, entonces la jugada fue correcta”, evalúan en el Palacio de Mójica.

Juan Manuel Llamosas cree que un pronunciamento habría sido aún más desafortunado en su caso, más que nada por una cuestión temporal: él tiene por delante su intento de reelección y considera que una identificación con el kirchnerismo hubiera potenciado las posibilidades de sus rivales. “Algunos compañeros quedaron resentidos pero peor hubiera sido que se enojara la mitad de la ciudad”, evalúa entre los suyos.

Además, sospecha que el nuevo presidente no podrá tomar represalias contra Schiaretti sino que, al contrario, lo necesitará en Diputados porque allí el Frente de Todos no quedó en mayoría sino que necesita construirla y el gobernador cuenta con un bloque que disminuyó en un miembro -pasó de 5 a 4- pero que aún así continúa siendo valioso. Es decir, el intendente confía en un acuerdo de convivencia pacífica entre Fernández y Schiaretti.

Llamosas todavía no definió la fecha de la elección aunque coquetea con los últimos días de marzo. Sólo tomará la decisión final cuando el panorama nacional se vaya aclarando y el nuevo gobierno oficialice sus primeras definiciones. Mientras tanto, la elección del domingo pasado le sirvió al intendente para reafirmarse en un convencimiento: que su armado político deberá reiterar, a grandes rasgos, los lineamientos que tuvo en 2016, cuando incorporó a sectores independientes y atenuó la presencia de peronismo en su oferta electoral.

Cerca de Llamosas sostienen que el intendente se mostrará dispuesto a acordar con todos los sectores del PJ pero que no se desesperará por contenerlos a cualquier precio. En ese punto ingresa el kirchnerismo. Llamosas dice que si están, mejor, pero que deberán aceptar los términos de su estrategia; es decir, solaparse. Cree, además, que tampoco le haría demasiado daño si algunos grupos cumplieran con su amenaza de ir por fuera. 

En los próximos días se lanzará José Ojeda, extitular del Pami Córdoba, que se reivindica albertista. 

“A nosotros, la elección nacional nos indica que actuamos bien. Las encuestas nos marcan que la consideración de la gente es alta y que hay una fuerte identificación con el gobierno provincial”, dicen en el Palacio. Apuntan que esa identificación es una de sus fortalezas.

El proyecto de presupuesto que el Municipio acaba de presentar al Concejo refleja el componente electoral de 2020. Contempla un crecimiento superior al 50% en la partida de obras y del 70% en la asistencia social. La duda es de dónde saldrán esos fondos en una economía estancada. Además, el gobierno no está precisamente holgado: espera sumarse al reperfilamiento nacional para aliviar la carga de vencimientos de deuda del año que viene que alcanzan, con el dólar a 63,5 pesos, los 714,3 millones de pesos sólo con respecto a la colocación en moneda norteamericana.

De todas formas, cualquier eventual complicación se daría recién después de las elecciones. 

Un elemento que puede ser funcional a la reelección de Llamosas es el estado de la oposición. A nivel nacional la persistencia de Cambiemos es una incógnita; en Río Cuarto, a pesar de haberse alzado con el 56% de los votos, también. El radicalismo, que se apuró e hizo su interna el 29 de septiembre, complicó con la conformación de su lista la posibilidad de un acuerdo. En 2016 les dejó cinco lugares expectables a sus socios políticos, entre el Concejo y el Tribunal de Cuentas; ahora, sólo quedaron dos. Y en el Pro señalan que, si bien conservan la predisposición a acordar, no cerrarán cualquier trato. La UCR les ofrece al partido de Macri y al Frente Cívico los lugares 7 y 8 de la lista. “Prácticamente, nos empujan a irnos del frente”, razonan. 

En el macrismo sostienen que si las condiciones no se modifican tendrán su propia lista; entre otros aspectos, porque después de la derrota nacional con un caudal del 40% tratarán de sostener al Pro como actor político nacional y de mantener su presencia en la mayor cantidad posible de distritos.

Si el macrismo no cierra con la UCR, esa opción opositora, que reunió el 32% hace cuatro años, podría ir dividida en dos. Sería a pedir de Llamosas. Pero, incluso, podría subdividirse aún más: un sector del radicalismo, en el que se anotan Eduardo Scoppa y Miguel Besso, también advirtió que podría tener una lista.

Si esa dispersión se confirma será, por supuesto, negocio para el oficialismo.

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