Por Marcelo Irastorza
El domingo 27, cuando los argentinos concurran a las urnas para elegir presidente, se pondrán en juego dos modelos. Uno de ellos está representado por Mauricio Macri, quien busca su reelección, y el otro por Alberto Fernández, que personifica al peronismo, que quiere volver al poder. En lo que va de esta campaña, el macrismo tuvo que pegar un golpe de timón en su estrategia electoral porque el ataque directo al kirchnerismo, por los casos de corrupción denunciados ante la Justicia, no le dio resultado. En efecto, la diferencia de 16 puntos en las Paso cayó como un balde de agua fría en la Casa Rosada y descolocó sobremanera a los arquitectos de la hoja de ruta macrista. Ahora Macri pide a los ciudadanos que vayan a votar para revertir el resultado adverso de las Primarias y obligar a Fernández a ir a un balotaje el 24 de noviembre próximo. El oficialismo sostiene que mientras más electores concurran a emitir su sufragio más chances tendrá de forzar una segunda vuelta. El Presidente repite, cada tanto, que “la elección no sucedió” y que ahora “se sale a ganar”. Pide tiempo y pone como ejemplo los logros que obtuvo como presidente de Boca y como jefe de Gobierno porteño cuando los votantes le dieron otra oportunidad. También recurre a giros en su discurso para captar votos de otros contrincantes como, por ejemplo, su posición en contra del aborto. El modelo de Macri es de corte neoliberal y apunta a sepultar todo rastro populista que le achaca a la década kirchnerista. Habla de transparencia y de sentar las bases de una nueva Argentina. ¿Le alcanzará ese mensaje para convencer a la cantidad de votantes que él necesita para dar vuelta el resultado en medio de una economía que está mal?



El modelo de Fernández se basa, más bien, en la idea de un pacto social que incluya a todos los sectores, sobre todo los vinculados con la producción y el trabajo para sacar al país de la crisis. La estrategia del Frente de Todos consistió en unir al peronismo y en haber elegido un candidato moderado, como lo es Fernández. El alto protagonismo de Alberto F. y el estratégico silencio de Cristina Fernández de Kirchner explican, en parte, el éxito de la campaña de dicho espacio político, que obtuvo un contundente triunfo en las Primarias. Fernández promete una “tarjeta alimentaria” para atacar el hambre, “levantar las persianas de las fábricas” que se han cerrado, también una “negociación seria y sensata” con el Fondo Monetario Internacional y “medicamentos para todos los jubilados”. El principal candidato opositor ya se mueve como presidente electo y, en ese sentido, busca transmitir la sensación de que ha ganado la elección presidencial.





Tanto la meta de Macri como la de Fernández es apuntar al electorado moderado, que es el que define las elecciones. El primero apela a un discurso épico tendiente a recuperar el voto de los desencantados con su gestión, en tanto que el segundo recurre a un tono mesurado para seducir a los votantes que están enojados con el Presidente por la falta de resultados en lo económico. Macri se muestra en contacto con la gente en el marco de las marchas del “Sí se puede” que viene desarrollando por todo el país y Fernández prefiere las reuniones puntuales con dirigentes políticos, empresarios, gremialistas y equipos técnicos, evitando cometer errores que le puedan llegar a costar caro el domingo 27. A 13 días de las presidenciales, se calienta la campaña.

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