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El gobierno de Fernández deberá hacer cirugía fina con el campo para alentarlo a exportar cada vez más, mientras define las modificaciones en las retenciones para mejorar sus ingresos en la urgencia. Una ecuación que puede resultar contradictoria. Por Gonzalo Dal Bianco
Mientras de pronto irrumpió en la danza de nombres el de Roberto Urquía para ocupar el Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación, que por sus características podría ser de Agroindustria, el campo sigue de cerca algunas señales que trascienden desde el entorno del presidente electo Alberto Fernández, que claramente se encuentra ante una seria encrucijada con respecto al sector productivo, luego de algunas primeras definiciones muy generales que dio sobre su relevancia.

Es que con las urgencias sociales que deberá asumir el próximo gobierno y el desequilibrio en las cuentas fiscales -corregidas sólo en parte por la administración saliente- el ingreso de dólares genuinos que aporta el agro resulta vital. Hay otro punto a favor, en medio de la emergencia, que encontrará Fernández: el saldo positivo de la balanza comercial que se logró a fuerza de devaluaciones y una persistente recesión.

Sin embargo, el apuro por recomponer ingresos ante los enormes compromisos en materia de deuda que asumirá el próximo gobierno robustece las expectativas sobre cambios en las retenciones. El abrupto salto que tuvo la cotización del dólar desde comienzos de agosto es la otra parte de los argumentos de quienes consideran viable un incremento en los derechos de exportación porque advierten que la ecuación económica del campo mejoró por esa situación y por lo tanto hay margen para incrementar las retenciones. Lo cierto es que la respuesta no tardó en llegar. Entidades como la Bolsa de Cereales de Córdoba, la Fundación Fada y un coro de voces de referentes agropecuarios advirtieron que modificaciones importantes en la presión tributaria daría inicio a un círculo vicioso que quitará recursos de mano de los productores, que invertirán menos en tecnología, habrá menos rindes y eso llevará a una caída en la actividad económica alrededor del campo y merma en la recaudación tributaria.

Fada comparó lo que ocurrió en 2015 y 2019 con la campaña de granos y concluyó que hubo 23 millones de toneladas más de cereales y oleaginosas que significaron 3.097 millones de dólares extras sólo en 2019, con los mayores aportes positivos de maíz y trigo y negativos de soja y sorgo. “Son más ingresos de divisas al país, más actividad económica y más empleo”, apuntó la Fundación en su estudio.

Por eso Fernández está ante una encrucijada. El crecimiento de la producción de granos en la Argentina es un hecho irrefutable y también habrá que destacar fuertemente que las hectáreas tienen una mayor diversificación de cultivos. El denominado “monocultivo de la soja” perdió terreno y eso en parte se debe a la ecuación económica que los diferentes granos aportan en cada campaña. La mejor rentabilidad del maíz y del trigo luego de la quita de retenciones incorporó mayor cupo de gramíneas y eso sumó sustentabilidad al sistema en general y al suelo en particular. Además, el crecimiento del área de maíz impulsó fuerte el volumen de cosecha y eso motorizó más a sectores vinculados, como el de los fletes, lo que abrió allí otro círculo de impacto positivo alrededor.

Dijo ya el presidente electo que en las exportaciones hay una llave importante para la recuperación y “el encendido” de la economía. No hay demasiado lugar para la discusión en ese sentido. El horizonte debe ser ese, pero el contraste está en la coyuntura. En política económica muchas veces hay que desviarse en parte del camino troncal porque las urgencias se imponen. Y es lo que le puede pasar a Fernández en el arranque. El choque entre la necesidad de alentar exportaciones para conseguir un mayor ingreso de dólares puede colisionar contra la necesidad de recaudar más vía exportaciones, aunque claramente eso dependerá del nivel de ajuste que se aplique en los porcentajes. Si las retenciones llegan al 35% para la soja, el 20% para el trigo y el 15% para el maíz, como se señala insistentemente, habrá amplias zonas que tendrán una reconversión en los planteos agrícolas.

La Bolsa de Cereales de Córdoba alertó que en ese caso la soja dejará de ser rentable en buena parte de la provincia y que la aplicación de menores paquetes tecnológicos puede ser el atajo que tomarían los productores para revertir la ecuación, aunque con un costo no menor que se advertirá al pasar la cosechadora.

La definición del nombre que estará al frente del Ministerio terminará de dar certezas sobre la política que implementará el próximo gobierno para el agro. Las entidades gremiales de la Mesa de Enlace insisten en que sería negativo un aumento de retenciones. Pero también es cierto que las respuestas y definiciones no fueron homogéneas. Mientras Federación Agraria dijo que no sería bueno que sea la misma carga para todos los productores y pidió escalonar la presión tributaria, Coninagro se mostró en una confusa posición y CRA cuestionó por “nefastos” a los derechos de exportación. Sociedad Rural Argentina muestra también una férrea oposición a cualquier modificación. Son hendijas por las que el próximo gobierno puede avanzar al menos parcialmente para intentar sumar ingresos sin desalentar el rumbo final de alentar exportaciones.

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