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En los primeros treinta días de gobierno, el Presidente se abocó a tranquilizar la economía y a promover medidas para incentivar el consumo. Por los despachos de la Rosada desfilan ministros e intendentes, pero aún no el gobernador. El test de Río Cuarto. Por Marcelo Irastorza
Con gestos políticos y medidas para incentivar el consumo, Alberto Fernández cumplió su primer mes de gobierno. En medio de una crisis que se hizo eterna, el Presidente buscó en estos primeros treinta días calmar la economía para darle tranquilidad a una sociedad que vive pendiente de la escalada del dólar. Al hacer un balance de su gestión, Fernández consideró positivo haber “tranquilizado” la situación económica y también declaró: “Esta vez no pagan los que menos tienen”. En este lapso de gobierno, se presentaron dos planes clave: Argentina contra el Hambre y Argentina Hace. El primero de ellos busca contener la creciente demanda social de los argentinos que pasan hambre paradójicamente en un país que provee de alimentos al mundo entero. En tanto que el segundo plan tiene por objetivo reactivar la obra pública para dar trabajo y dinamizar las economías locales. En estos treinta días, Alberto F. también lanzó el bono de emergencia para jubilados y beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, otorgó un aumento salarial para privados y estatales, decretó la doble indemnización para despidos sin causa por 180 días, congeló las tarifas de gas y electricidad por seis meses, redujo en un 8 por ciento el precio de los medicamentos, suspendió los aumentos en trenes y colectivos por 120 días y también el incremento en los peajes, relanzó el programa Precios Cuidados con primeras marcas e inició la renegociación de la deuda con el FMI, entre otras medidas tomadas. Evidentemente que el primer mes de Fernández en la Casa Rosada marca un cambio de rumbo respecto del implementado por su antecesor, Mauricio Macri. “Tenemos otras prioridades”, dicen en el Gobierno. Pero a no confundirse: es el comienzo de una nueva etapa y todavía falta mucho para solucionar los problemas de fondo que tiene el país.



Juan Schiaretti espera, no sin una cuota de ansiedad, el llamado de Fernández. En El Panal se pensaba que el encuentro se iba a producir en los primeros días de este mes, pero parece que habrá que aguardar. El gobernador ya ha dado señales de acercamiento al primer mandatario: fue a la ceremonia de asunción, firmó la adenda al Pacto Fiscal e instruyó a los diputados Carlos Gutiérrez, Alejandra Vigo, Paulo Cassinerio y Claudia Márquez, integrantes del Bloque Córdoba Federal, a aprobar en general la Ley de Emergencia. También ha mandado emisarios para golpear las puertas de los despachos oficiales. Entre ellos, a Jorge “Zurdo” Montoya, quien fue operador político de José Manuel de la Sota. Otras espadas schiarettistas son el diputado Gutiérrez, quien ha entablado relación con Máximo Kirchner, el hijo de Cristina Fernández, y la diputada Vigo a través de Fernando “Chino” Navarro. Además ministros como Juan Carlos Massei, Osvaldo Giordano, Alfonso Mosquera y Eduardo Accastello ya tuvieron reuniones a nivel nacional. Sin embargo, hasta ahora el llamado de Fernández a Schiaretti no se ha concretado. La preocupación central del gobernador es el déficit de la Caja de Jubilaciones que para este año se estima en 22 mil millones de pesos. También la Provincia le reclama a la Nación una deuda en materia de obras que asciende a 10 mil millones de pesos. Se trata de la autovía a Córdoba, la Circunvalación, las Altas Cumbres y la Variante Costa Azul. Además será motivo de conversación entre Schiaretti y Fernández el tema de los créditos internacionales. La relación es fría y tiene su explicación: la neutralidad del cordobés durante la campaña presidencial. De todas formas, en el Centro Cívico son optimistas en cuanto a que, tarde o temprano, se producirá el encuentro. En cambio, el gobierno nacional sí empezó a llamar a los intendentes cordobeses. A través del villamariense Martín Gill, quien ocupa el cargo de viceministro de Obras Públicas, los jefes comunales comenzaron a desfilar por las oficinas de Buenos Aires para hablar sobre la concreción de obras. Entre otros, estuvieron el intendente de Villa Nueva, Natalio Graglia, y su par de Las Higueras, Alberto Escudero. “La puesta en marcha de la obra pública en todo el territorio es uno de los ejes de la reactivación económica”, tuiteó Gill. En sus posteos, el intendente de Villa María en uso de licencia posó para la foto con Graglia y Escudero. De a poco, se están tendiendo puentes entre las partes en lo que es un cambio de paradigma en la relación institucional sostenida años atrás.



Simultáneamente, Schiaretti no se quedó atrás y se sacó una foto con el intendente Juan Manuel Llamosas. En la reunión, se habló del avance de las obras de la Costanera Sur y de la instalación de luces led. La reunión con Llamosas no es casual: el riocuartense buscará su reelección el 29 de marzo próximo y un triunfo suyo es vital para el gobernador para poder mostrarlo a nivel nacional y a su vez compartirlo con el gobierno de Fernández. El Frente de Todos no tiene previsto presentar candidato propio y trabajará por la unidad del PJ. Así lo manifestó el espacio político Parte y también la diputada Gabriela Estévez. Río Cuarto será el primer test electoral de Fernández y el objetivo político es exhibir una victoria peronista en una provincia macrista.

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