· · Crédito:
La situación social se deterioró considerablemente, aun sabiendo que los datos publicados por el Indec esta semana quedaron viejos porque no contemplan la última devaluación del peso. Por Gonzalo Dal Bianco
Aun cuando sean tomados como valederos los argumentos esgrimidos por el gobierno nacional sobre las correcciones macroeconómicas que debió llevar adelante para evitar males mayores en el país, el costo que eso implicó para la enorme mayoría de los argentinos resulta un elemento que cuestiona de base la política y el camino que tomó la gestión de Mauricio Macri para llevar a buen puerto los números fiscales.

El déficit fiscal profundo, que superaba el 6,5% a fines de 2015, la bola creciente de los subsidios energéticos y de transporte, concentrados especialmente en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, el cepo al dólar, los múltiples tipos de cambio y la solución pendiente con los fondos buitre eran una muestra de los problemas urgentes que quedaban de la gestión anterior. Claramente, no era posible continuar sin resolver eso porque las consecuencias iban a ser incalculables.

Sin embargo, el modo en que el Gobierno buscó llegar a puerto generó un cúmulo de dificultades y un empeoramiento claro de las condiciones de amplios sectores sociales. Básicamente, la gestión multiplicó el tipo de cambio, liberó tarifas y eso impulsó los precios de la economía, que van a terminar con un promedio por encima del 40% anual, muy por arriba de lo que dejó la gestión anterior. Eso provocó dos consecuencias muy severas: licuó los ingresos de la mayoría de los argentinos y, por otro lado, amplió los niveles de pobreza y de indigencia recibidos.

Esta semana el Indec dio a conocer los valores de pobreza e indigencia, que se ubicaron dentro de lo que se esperaba en el orden nacional con un 35,4% de pobreza. Pero peor aún es la situación de los niños de 0 a 14 años, una franja etaria que muestra un nivel de pobreza del 52,4%. Es decir que hay más chicos por debajo que por encima de la línea de pobreza en la Argentina. 

El Gobierno había recibido algo menos del 29%. En el caso de Río Cuarto, la cifra llegó al 33,5%, cuando a fines del año pasado (seis meses antes) era del 29,3%. Ese cambio de 4,2% significó que 7.624 riocuartenses pasaron a engrosar la cantidad de pobres, que llegaron a 58.886 sobre una población total de 175 mil. El Municipio, frente a esa realidad, asegura que llega a unas 21 mil personas con asistencia, al tiempo que reclama porque la Nación no gira recursos para sostener esta delicada situación, ni tampoco conocen en el Palacio de Mójica qué tipo de beneficios podría aportar en este contexto la aprobación de la Emergencia Económica aprobada en el Congreso, por impulso de la oposición.

En paralelo, se registraron en Río Cuarto 12 mil indigentes, aunque todos estos datos corresponden a junio. Es decir que no tienen en cuenta lo que ocurrió con la economía nacional en los últimos dos meses, después de las Primarias, con el nuevo salto del dólar y el traspaso a precios que nuevamente ocurrió, más allá de las medidas anunciadas por Macri sobre la eliminación del IVA a la canasta básica y el congelamiento de precios a los combustibles.

El efecto de la quita del impuesto al valor agregado fue que los productos no aumentaron como el resto de los bienes durante ese período. Sin embargo, eso tuvo efecto sobre la inflación oficial de agosto publicada por el Indec, que alcanzó el 4% mensual y rompió una tendencia a la baja que venía mostrando el indicador en los meses previos. Pero, además, el impacto más contundente se espera para septiembre, dato que todavía no fue publicado. No obstante, hay algunas mediciones que ya anticipan un 6% de inflación para el mes pasado. Eso implicará más pérdida de poder adquisitivo y mayor nivel de pobreza. Por lo tanto, los números que se conocieron el lunes quedaron atrasados frente a una realidad que empeoró. Es de esperar que la próxima medición que dé a conocer el Indec sobre la situación social, y que se publicará el año que viene y abarcará el segundo semestre de este año, tenga cifras más elevadas de pobreza e indigencia.

Los economistas aseguran que si se miran los datos macroeconómicos hay ciertos indicadores que permiten asegurar que hay algunas mejoras con respecto a 2015. Y rápidamente señalan que el déficit es menor y que la actualización de tarifas está más cerca de lograrse. Sin embargo, eso fue a costa de una economía que sigue en caída, con inflación elevada, deuda externa con alza exponencial, pérdida de fuentes de trabajo, cierre de comercios y pymes y aumento de pobreza. A eso se suma que las reservas del Banco Central llegarán con un marcado deterioro si el ritmo de venta diario se mantiene en estos niveles hasta el 10 de diciembre. Quedarán pendientes los desembolsos del FMI, tanto los 5.400 millones de dólares que debían llegar ahora como los 6 mil que aún quedarán para más adelante. Será todo lo que tenga disponible el próximo presidente. A esta altura ya nadie cree fuera del Gobierno que pueda darse el primero de esos desembolsos en lo que queda de este mandato. El Fondo entró en stand by hasta conocer qué hará el próximo ocupante de la Casa Rosada. Además de ser un organismo técnico, es profundamente político.

Con todo, la próxima gestión que asumirá el 10 de diciembre no sólo tendrá problemas macro por resolver, sino que además tendrá el enorme desafío de hacer crecer la economía después de 8 años de estancamiento y caída, sin generación de puestos de trabajo y altas tasas de inflación y pobreza.

Comentá esta nota

Noticias Relacionadas