· · Crédito:
El Gobierno presentó su versión del programa que cumplió 6 años y que convivió con un fuerte proceso inflacionario. Confía en dos anclas para frenar la inercia: dólar y tarifas.
El gobierno de Alberto Fernández relanzó un clásico ya de la Argentina: el programa Precios Cuidados, una herramienta que maneja en conjunto la Secretaría de Comercio Interior a cargo de Paula Español y el Ministerio de Producción que conduce Matías Kulfas.

Con seis años de vigencia y múltiples formatos, el programa transitó por tres gobiernos durante la mayor época inflacionaria del país después de los enormes desajustes de la hiper, en tiempos de Alfonsín y Menem.

Eso ya propicia una primera conclusión: la herramienta no es la que permite ajustar los precios y ponerlos bajo control. Durante su vigencia, la escalada de precios continuó a fuerte ritmo, lo que pulverizó el poder adquisitivo, achicó el consumo y el mercado interno. Eso generó menor producción y algunas empresas de bienes y servicios afrontaron severas crisis, al igual que sus trabajadores. En ocasiones, eso motivó despidos, que a su vez recortó más la demanda de productos.

El programa que relanzó el Gobierno, y que se puso en marcha bajo la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, con el ministro de Economía Axel Kicillof. En aquel momento, comienzos de 2014, el esquema funcionaba con 194 productos que, como siempre, aparecieron primero en las góndolas de Buenos Aires y luego comenzó a llegar tímidamente a las grandes localidades del interior. Un problema central de este programa fue siempre la canalización hacia los consumidores: como se operativiza a través de grandes superficies, las localidades medianas o chicas difícilmente cuenten con una boca de expendio cerca en donde encontrar estos productos. Cómo pueden acceder vecinos de Cabrera o Deheza si no es viajando a Río Cuarto o a Villa María de compras, lo que atenta contra el ahorro.

“Se trata de una canasta de 194 precios, realizada en base a lo que los argentinos consumen diariamente: almacén, bebidas, limpieza, lácteos y derivados, panes y harinas, productos refrigerados, perfumería y artículos personales, de librería, carnes, frutas y verduras”, se explicó en aquel momento hace exactamente 6 años atrás. La presentación fue en Casa Rosada y se instó a los consumidores a controlar que los precios se cumplan. Nada muy diferente se repitió desde entonces, más allá de los cambios de gobierno.

Pero sí está claro que la herramienta no permite tener controlados los precios, ni siquiera de los rubros que incluye como opciones, ¿por qué los diferentes gobiernos lo sostienen siempre con alguna impronta que se presenta como superadora, aunque la esencia es siempre igual? El aumento de los precios de los productos incluidos en ese programa, en períodos largos de tiempo incluso, tiende a parecerse mucho a los demás, a los que no están dentro.

Pero lo cierto es que después de tantos años sin soluciones para la inflación, el programa podría aportar algo en un tema clave para los consumidores: la referencia de precios. Fue tan importante el deterioro en la estructura comercial que generó el alza elevada y sostenida de precios que es complejo en la Argentina saber si un producto o servicio es barato, caro o si tiene un precio más o menos razonable. Incluso porque en dos bocas de expendio se pueden encontrar diferencias sorprendentes que difícilmente tengan explicaciones racionales. En los supermercados eso es una constante y al consumidor se le hace realmente difícil retener precios y tratar de hacer rendir más el dinero. Si quisiera comprar los productos en los comercios en los que tienen mejores precios, debería destinar buena parte del día a recorrer locales. La trampa de la inflación lo deja siempre a la intemperie.

Precios Cuidados tendrá esta vez 310 productos con un valor que se mantendrá por tres meses. No es poco en este extenso proceso de cambios permanentes.

Después claramente hay un motivo político para sostenerlo y que corre con la intención de mostrar acciones para combatir la principal preocupación de los argentinos. O al contrario, no sería políticamente correcto eliminar el programa, más allá de su utilidad y eficiencia, al menos hasta tanto se logre bajar en serio la inflación.

Para eso el Gobierno tiene un par de medidas más de fondo. Si bien dijo que los agregados monetarios iban a ser muy controlados y algo se recalentaron en las últimas semanas, las dos anclas que tiró para tratar de iniciar el frenado de precios pasan por el tipo de cambio y las tarifas, ya sea de energía como de transporte, en pleno debate. Esta semana se confirmó que para esto último el Gobierno reeditará la política de subsidios, con aportes de 14 mil pesos por colectivero y de 20 pesos por cada litro de gasoil que consuman las unidades a cambio de que las empresas no aumenten los pasajes. Todo por un lapso de 120 días.

Sin dudas ambas anclas permiten descomprimir la aceleración de precios. Con combustibles, electricidad, gas y boletos subiendo es complejo desacelerar el proceso. Pero las anclas deberían sostenerse sólo un tiempo, el Gobierno no puede enamorarse de tener quieto al dólar y a las tarifas porque suelen convertirse en ollas a presión que terminan explotando más temprano que tarde. Ya lo vivió Macri, cuando en 2017 dejó la divisa clavada en $ 17 y gozó de su mejor año económico, aunque sin bases sustentables. 

El fino mecanismo de relojería va a requerir pasos cortos y cuidadosos, especialmente alejando la idea de mejoras mágicas que están a la vuelta de la esquina.

Gonzalo Dal Bianco

Redacción Puntal


Comentá esta nota

Noticias Relacionadas