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Las últimas encuestas ratifican la tendencia que dejaron las Paso de agosto, con una amplia ventaja a favor de Alberto Fernández, a dos semanas de los comicios y antes de los dos debates, sobre los que hay pocas expectativas para que generen cambios electorales. Por Gonzalo Dal Bianco
Los especialistas advierten que se trastrocaron los roles. Hay un candidato del oficialismo que hizo su carrera política sobre ambientes controlados, con actos en microestadios inaugurando el escenario circular en medio de la gente y primeras filas plagadas de dirigentes del distrito, pero que ahora se lanzó a las calles y plazas buscando baños de popularidad y prometiendo grandes cambios en el horizonte de corto y mediano plazo, especialmente para la clase media. El presidente Mauricio Macri no sólo abandonó lógicas económicas que dominaron sus primeros tres años y medio de gestión tras la abultada derrota de agosto, sino que también intenta cambiar su ropaje y sus prácticas en la carrera final al 27. Es la receta que encontró en los agitados días posteriores a las Primarias para intentar el milagro que lo deposite en competencia para el 24 de noviembre. En esa misión casi imposible se orquestó el raid de marchas del #SiSePuede que buscan arengar a los propios y contagiar a los extraños para ampliar su base electoral. Hasta aquí logró el primer tramo del objetivo.

Enfrente, Alberto Fernández sigue con sus reuniones sectoriales, aprovechando que desde el 11 de agosto se volvió más alto, rubio y de ojos celestes y casi nadie se resiste a un encuentro con él. La UIA se alineó rápidamente detrás de su presidente Miguel Acevedo, que es el representante de la Aceitera General Deheza que encabeza Roberto Urquía, un empresario que semanas antes de las Paso recibió al candidato del Frente de Todos en la planta de la ruta 158. A Urquía el olfato no le falló y con el resultado puesto ahora pisó el acelerador. En la UIA, haciendo alarde de muñecas y cinturas, se encolumnaron tras un discurso simple que prometió más atención al sector productivo que al financiero, un contraste con lo que ocurrió en los ultimos años. Los industriales siguen acumulando caída tras caída desde la primera mitad del año pasado y la capacidad instalada apenas tiene en promedio un 60% de uso a esta altura. La promesa de reactivar el consumo interno y apostar a la mayor utilización del potencial del sector fue suficiente para definir el rumbo, más allá de no tener demasiados detalles de cómo hará Fernández para “ponerle más dinero a los argentinos en el bolsillo”. La argumentación disponible es que la Argentina demuestra que la inflación es multicausal y que no depende sólo del agregado monetario. Por lo tanto, si eso fuera así, sólo con la contracción de la política monetaria que aplicó el Gobierno no se llegaría a buen puerto. Del mismo modo, aseguran, al existir una capacidad ociosa tan grande en la industria, una mayor demanda no debería implicar nueva suba de precios. En la teoría eso podría tener asidero. En la realidad, Argentina es bastante más compleja. Incluso podría dar testimonio el mejor equipo de los últimos 50 años que aún sigue revisando en qué esquina perdió el rumbo y por qué terminó en el barro intentando alistarse para retomar la carrera, aunque sus chances son ya demasiado remotas.

Si, tal como marcan las encuestas de opinión, como la de Gustavo Córdoba, el partido está terminado, el oficialismo tendrá un difícil camino nuevo: el de reordenarse en la oposición. Pero para el Frente de Todos la tarea no será más sencilla. La complejidad en la que deberá asumir el gobierno son tan notorias que la alegría pasará demasiado rápido y los problemas se le caerán encima. Y tendrá su luna de miel, pero de ninguna manera será larga. En el imaginario de Fernández parece flotar la idea de un gobierno transversal al que podrían convocar a figuras hoy en otros espacios políticos. Así lo dejó en claro en una entrevista una pieza clave del entorno de Alberto, su coordinador de equipos técnicos: Nicolás Trotta. Eso seguiría una idea abandonada en el gobierno de Néstor, pero además reflejaría la necesidad de ampliar aún más la base de sustentación para enfrentar lo que viene, más allá de la victoria clara que obtendría según los sondeos.

Pero el desafío también estará puertas adentro. Los distintos y múltiples grupos internos que conforman el Frente de Todos ofrecerán una complicación adicional de convivencia y repartos de cuotas de poder. No será menor el esfuerzo y la precisión que le exigirá eso a Alberto Fernández para amalgamar a La Cámpora con los gobernadores del PJ, Massa, la CGT y algunos cabos sueltos como Juan Grabois. Y para que toda la orquesta suene afinada el contexto económico será clave. En la medida en que las decisiones acierten y haya mejoras el ordenamiento será más fácil. Si la situación sigue sin respiro, el frente interno puede dar noticias.

Y hasta acá no hay demasiadas precisiones sobre cómo piensa llevar adelante los enunciados económicos que plantea Alberto. Poner dinero en el bolsillo de los argentinos, reactivar el aparato productivo, apuntalar las economías regionales e incrementar las exportaciones son propuestas a las que nadie debería oponerse. Pero la cuestión central sigue sin conocerse: el cómo. Tal vez eso quedará para después del 27 y los electores deban votar más con fe que con elementos concretos. Lo que no aportará demasiada originalidad al proceso electoral.

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