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Primavera: un pasaporte al exterior de la casa

Por ing. agr. Ana Lund Petersen

Primavera es tiempo de sacudir las colchas y sacar todo afuera para que se airee con el cambio de estación. Abrir las ventanas todas las mañanas y dejar entrar la brisa fresca en los días sin viento. Sentir cómo las plantas se despiertan de su letargo. Todos estamos necesitando ese cambio de aire y, para los que estamos conectados con los ritmos de la tierra, es tiempo de salir de la quietud del invierno y hacer como ellas, que están listas para activar su metabolismo otra vez.

En el jardín se empiezan a ver los resultados del trabajo del otoño y el invierno. Si hicimos trasplantes, podas o agregamos plantas nuevas, ahora es el momento de la verdad. ¿Brotarán bien? ¿Quedarán lindas donde las pusimos?

También hay trabajo, no todo es contemplación. La activación en los canteros nos obliga a seguir ese ritmo y comenzar a trabajar fuerte otra vez. Pasó el invierno, pasó el tiempo de descanso. Es imperativo salir a trabajar si queremos cosechar.

Toda la tarea de limpieza de canteros tiene que estar bien al día cuando las plantas empiecen a brotar. Con este renacimiento también se despiertan las malezas y algunas aprovechan para despertarse primero y ocupar el espacio que aún dejan vacante las plantas ornamentales. Si hacemos bien esta labor ahora, será mucho más fácil sostenerla en el tiempo.

Es momento de podar algunas plantas que no podamos en el otoño por ser sensibles al frío. Las gramíneas son las clásicas. La gran mayoría de las ornamentales hacen su ciclo de vida en primavera, verano y otoño (algunas excepciones comunes son la Poa iridifolia y P. ligularis, las Stipas sp. cuyo ciclo es otoño-invierno-primavera). Muchas de estas son muy afectadas por las bajas temperaturas. Por esta razón es que no se las poda hasta que pasen los fríos intensos y comience a asomarse el follaje nuevo por entre las hojas secas. Además las hojas amarronadas son muy lindas de ver en el paisaje de invierno, lucen sus flores secas como esculturas transparentes que embellecen los canteros gélidos de esa estación.

A algunos pastos (como se conocen más comúnmente las gramíneas) no los podo todos los años. A los Paspalum exaltatum, por ejemplo, sólo les hago esa labor cuando veo que se desmejora mucho la mata. Puede ser una vez cada dos años o, en algunos casos, cada tres. Lo mismo hago con las Cordaderia solloana (“cortadera”, para los amigos). A ella sólo la podo cuando veo que la mata empieza a desarmarse mucho. Aprovecho ese trabajo para sacar bien las partes secas que le quedan en la base de la mata. Eso le da un empuje de crecimiento muy fuerte y se ponen lindas al poco tiempo.

En general esas podas de rejuvenecimiento, como les decimos los jardineros, las hago al comienzo de la etapa de crecimiento. Esto es ahora al principio de la primavera o finales de invierno. Quedan listas para brotar con fuerza cuando su naturaleza les indique. En esas podas podemos incluir a cualquier planta del jardín que esté necesitando limpiezas fuertes. A mí me gusta más hacerlas en esta época para que no queden expuestas al frío tanto tiempo. Es que las plantas, hasta que no empieza la primavera, no crecen y dejarlas sin follaje durante la época de bajas temperaturas es como dormir desnudo en la nieve.

También puede pasar que aparezcan huecos en los canteros o sitios que no están del todo como los queríamos. Es buen momento para ir en busca de algunas joyitas que los viveros empiezan a traer ahora que las plantas están en flor. De todos modos, siempre insisto: cuando vamos al vivero debemos ir con un plan en la cabeza o, mejor aún, en un papel. Si nos guiamos por lo que encontramos lindo en el momento de ir al vivero y compramos lo primero que vemos, es muy probable que no sea la planta que el espacio necesitaba. Es muy importante buscar la planta justa para el lugar y no volver a casa del vivero con plantas que se ven hermosas en el negocio pero nada tienen que ver con nuestro jardín.

Es el momento justo para incorporar al parque plantas que son sensibles al frío.

Limoneros y otros cítricos, por ejemplo, que en nuestros climas sufren un poco el invierno, los plantaremos en la primavera para que pasen una primera estación de crecimiento antes de los nuevos fríos a los que les temen.

Como ven, la primavera viene con ajetreo. Desempolvar en serio la inactividad del invierno. La naturaleza entra en movimiento y, si queremos acompañar esa fuerza, es tiempo de que nos calcemos los guantes y afilemos las tijeras, actividad que es muy bienvenida en este año de pandemia que nos tiene a todos tan desarticulados. Escuchemos ese llamado y activemos nuestros metabolismos.

Por ing. agr. Ana Lund Petersen

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