El dato llegó a oídos de Oyarzábal en octubre de 2018 pero no se investigó. Se trata de José Luis Salinas. Describió al misterioso cliente como “un hombre alto y delgado, de unos 27 años, que vestía jeans y remera blancos y sucios”. Para la querella “es un mentiroso”
El hombre flaco y larguirucho fue citado de apuro por la Justicia. Tanto es así que llegó a Tribunales a las 13.56 de ayer. Lo hizo acompañado por un policía y ni tiempo tuvo de cambiarse el bermudas de jean y la remera manga corta blanca que llevaba cuando recibió la inesperada citación.

Minutos después, el testigo de cabellera pelirroja y corte al rape en los flancos surcó la sala de la Cámara Primera del Crimen con desparpajo y se sentó frente al tribunal con rostro serio y expresión de extrañeza, como si se preguntara, “¿y a mí por qué me traen?”.

Su nombre es José Luis Salinas y sería el único testigo que habría visto a la persona que entró junto a Claudia Muñoz la tarde que la mataron.

Lo curioso, lo que dejó perplejos incluso a los jueces técnicos, es que nunca antes Salinas había sido citado para que relatara lo que vio: ni más ni menos que al presunto asesino.

Lo que sigue es su testimonio, un relato que de resultar creíble para el tribunal dejaría libre de culpa a Sergio Medina, pues la descripción física que hizo el testigo en nada  guarda relación con el albañil de Las Albahacas que lleva dos años y y medio preso.

¿Qué llevó a Salinas a ser un espectador privilegiado? Según contó, la tarde del 9 de mayo de 2017 estaba apostado en un pilar frente al negocio Mil Sol, propiedad de Claudia Muñoz, en San Martín al 2000.  Ahí, estaba esperando al mecánico que solía prepararle las motos de carrera, Orlando Albornoz, alias “Pachi”, quien tiene su taller justo al lado de la pilchería.

Salinas no pudo precisar el horario pero calculó que eran alrededor de las cuatro de la tarde, porque a esa hora solía visitar el taller.

En medio de la espera vio algo que le llamó la atención. “Un flaco en una bici montain bike se paró y empezó a mirar hacia adentro del negocio (Mil Sol). Estuvo un rato ahí y se fue. A los diez minutos, más o menos, la mujer (Claudia Muñoz) se cruza desde el gimnasio, se sube a su auto, un Fiat Uno, y se va. Yo seguía esperando a Pachi y me quedé ahí”.

Acto seguido, dijo ver regresar al mismo muchacho, unos 5 o 10 minutos después. “Era un flaco, bastante alto, con el pelo enrulado tirando a rubio, vestía un jean blanco y remera también blanca, tenía la ropa sucia, como si saliera del trabajo”, describió Salinas.

Dijo que el hombre “de unos 27 años” se quedó esperando hasta que finalmente llegó Claudia Muñoz en su auto, hablaron algo a corta distancia y los dos entraron a la pilchería.

A los pocos minutos, el testigo decidió irse del lugar porque el mecánico no llegaba.

A escasas horas de que el jurado popular y los jueces Emma, García y Vaudagna deban decidir si envían  a prisión perpetua o absuelven a un hombre acusado de femicidio y ensañamiento, la información que acababa de volcar el testigo con una calma pasmosa, ponía en riesgo todo el andamiaje investigativo.

El fiscal Julio Rivero, el funcionario que debe decidir si pedirá o no una condena para Medina, no daba crédito a lo que oía.

-A ver si entiendo bien, usted está diciendo que vio a la persona que pudo haber matado a Claudia Muñoz y no dijo nada -lo espoleó.

Por primera vez el testigo se sintió incómodo y se tomó unos segundos antes de explicar que para él, lo que había visto era simplemente un cliente más.

-¿No le parece que estaba ocultando un dato esencial? -insistió el fiscal.

-Ahora que me lo dice, sí, pero entonces me pareció una persona más que entraba al local -respondió Salinas.

Dijo que recién con el paso del tiempo -no supo precisar si a los meses o al año-, le comentó al mecánico lo que había visto.

“Fue en una charla al pasar, le pregunté a Pachi si sabía algo del caso y le conté lo que había visto”.

Orlando Albornoz ayer también fue llamado de apuro a los Tribunales y contó que fue él quien puso sobreaviso de ese dato a los investigadores.

-Yo a Salinas lo conozco como “El colo”, ni el nombre le sé. Un día estábamos tomando mate y salió la conversación -confió el mecánico sesentón, que se mostró predispuesto a colaborar con la Justicia.

Dijo que le sugirió al “Colo” que contara eso a los investigadores, y él le respondió que lo consultaría con su hermana que es policía, y luego decidiría qué hacer.

-A esto luego yo lo hablé con (Gustavo) Oyarzábal. “Dejámelo a mí”, me dijo, y no supe más nada -concluyó el mecánico que mantenía una cordial relación con Muñoz.

Aunque parezca difícil de creer, la charla que Albornoz mantuvo con el entonces jefe de Investigaciónes de la Policía aparece en el expediente judicial.

Tal como consignó Puntal en su edición de ayer, consta en la causa que el 11 de octubre de 2018, Oyarzábal le pasó la información al ayudante de fiscal de la Unidad Judicial 1, Claudio Garay. Sin embargo, la novedad que podía llegar a torcer el rumbo de la causa quedó en la nada: nunca nadie citó a quien podría ser el único testigo directo del caso.

El miércoles, cuando Oyarzábal fue traído esposado a declarar, le preguntaron por semejante omisión y sólo atinó a explicar que no se había profundizado esa línea, porque la causa ya estaba elevada a juicio en la Cámara del Crimen.



“El novio de mi hermana”



El tardío testigo es hermano de Nancy Salinas, la policía que próximamente irá a juicio por su presunta colaboración con los Vargas Parra, en la causa por la desaparición de Nicolás Sabena.

También conocía a quien encabezaba la investigación en ese entonces porque, según confió, Oyarzábal había sido novio de su hermana.

-Nunca le dije nada a mi hermana ni tampoco a Oyarzábal. Ella no me comentaba nunca sus cosas de policía -se justificó el joven.

Para asegurarse de que estaban frente a un testigo válido y no frente a un fabulador, Rivero pidió el careo de Salinas con dos amigas de Claudia Muñoz que fueron las últimas en verla.

Para el abogado de la familia Muñoz, Héctor Giuliani, ese trámite era innecesario. “No me opongo al careo, pero para mí este señor es un mentiroso”, dijo a viva voz, lo que motivó que la jueza Emma le pidiera moderación.

Con el juicio en su fase decisiva, el fiscal, la querella y la defensa evaluarán el peso que la palabra de José Luis Salinas tendrá a la hora de los alegatos.



Alejandro Fara.  Redacción Puntal

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