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Manuel Soriano: "Las canciones de cancha son un mundo aparte dentro de la cultura popular"

El escritor argentino, radicado en Montevideo, dialogó con Puntal acerca de su último libro, "Canten, putos!", en el que recorre el origen de algunos de los himnos que forman parte de la playlist de los estadios rioplatenses

¿Cómo fue que una canción del brasileño Benito Di Paula se transformó en un himno clásico de las hinchadas argentinas? ¿Cómo fue que esa misma melodía, destinada a halagar a las playas, sirvió de canto de guerra en plena crisis de 2001? ¿Qué hizo que los simpatizantes rioplatenses dejaran atrás letras inocentes y pasarán a desear la muerte de los rivales? Algunas de esas preguntas son las que intenta responder el escritor Manuel Soriano en su libro “Canten, putos!”.

“Cuando era chico iba con mis amigos a la cancha e intentábamos adivinar cuál era la melodía que había detrás de cada canción. Ahí está un poco el germen de este proyecto”, explica Soriano. El escritor, nacido en Rosario en 1977, pero radicado en Montevideo desde 2005, recuerda que hace unos tres años comenzó a investigar y escribir artículos sobre el tema. “Después, apareció el proyecto del libro, reuní diez historias y las pulí un poco para que se acomodaran a la estructura”, señala.

Si asociamos el término cultura con los procesos en los cuales se producen, circulan y se consumen significados sobre las sociedades, las canchas de fútbol son uno de los ámbitos más interesantes para analizar ese fenómeno. Las canciones y los discursos que se entrelazan en ellas son uno de los aspectos más atrapantes. “Cuando empecé a investigar, me di cuenta de que estaba entrando en una materia muy densa. Las canciones de cancha son un mundo aparte dentro de la cultura popular. Es una especie de océano, en el que nunca llegás al fondo. Por eso el subtítulo del libro es: ‘Una historia incompleta de los cantitos de cancha’”, precisa Soriano.

“Hay mucho de mito en la creación o adaptación de estas canciones. El libro cuenta, en una especie de relato policial, cómo fue mi investigación sobre cada uno de los temas”, explica el escritor. Agrega que las primeras letras se armaban tomando la base melódica de coplas murgueras. “Recién en la década de 1970, comienza el proceso por el cual las hinchadas se vuelven hinchas de sí mismas y aparece la adaptación de canciones”, indica Soriano.

Por esa misma época es que se dejan atrás las letras más simples, que se referían a un jugador puntual y aparecen las letras agresivas. La actualización de la playlist dejó de lado al ingenuo. “La gente ya no come por ver a Walter Gómez”, por conceptos más agraviantes, que involucran a las parientes de los rivales o directamente amenazan su integridad física. “Ya en los 90 aparecen los cantos más homofóbicos y también cambian el significado de las palabras. El ‘canten, putos!’, que yo utilizo como título del libro, no es literal. En realidad está puesto en lugar del ‘amargo’”, comenta Soriano.

El escritor señala que es muy interesante el proceso por el cual, muchas de las canciones de las hinchadas han traspasado los límites de la cancha y han llegado a la política. “Una de las historias más interesantes que hay en el libro es la de la que termina haciéndose hit en las manifestaciones de diciembre de 2001 en Argentina. El ‘Ohhh…que se vayan todos, que no quede ni uno solo’”, cuenta Soriano. La misma se popularizó en las canchas y hasta cambia su letra de acuerdo a los contextos. Cuando la cosa va mal, el texto es el mismo con el que se les pedía a los políticos que renunciaran, sólo que la orden, en el caso de los estadios, va dirigida a los jugadores. Pero también se utiliza para alentar al equipo, como por ejemplo: ‘Ohhhh…vamos Millonario, ponga huevo, que ganamos!’”.

El tema original se llama “Meu amigo Charlie Brown” y es de Benito Di Paula. Soriano comenta que, al entrevistar al autor para su libro, este le comentó que le sorprendía cómo había pegado la canción en Argentina, siendo que en su país no se la escuchaba en las canchas.

La relación entre las canciones de las canchas y la política no es nueva. Pasó mucho con el peronismo. La hinchada de Nueva Chicago, fuertemente emparentada con el movimiento, utilizaba la marcha de Hugo Del Carril para protestar contra la dictadura de Videla. Otras las han adaptado, como por ejemplo la de Atenas. En la década del 60, con el peronismo proscripto, la banda de Estudiantes de La Plata cantaba el famoso “Verón, Verón, que grande sos”.

“Una de las cosas interesantes que me pasó durante la investigación fue tratar de explicarles a los autores originales de las canciones lo que pasaba con esos temas en Argentina”, relata Soriano. Entre esas historias está la Bonnie Tayler, cuya canción “Its a heartache” (‘Es un dolor de corazón’) pasó a ser un dolor de cabeza para muchos de los protagonistas del fútbol argento. Es la base del famoso cantito que les pide a los jugadores que pongan un poco más de factor H, porque están jugando contra un rival muy débil, no sin antes enviarles saludos a sus madres. “Fue muy complejo hacerle entender esto al mánager alemán de la cantante. No tuve mucho éxito”, comenta el escritor.

Otro de los fenómenos que se producen con las canciones de las canchas argentinas es su capacidad de exportación. “Hay muchas de las melodías que se escuchan en lugares muy distintos del mundo. Han invadido toda Latinoamérica”, comenta Soriano.

“El libro es un acercamiento a un mundo en el que todavía se puede profundizar. No es algo acabado”, explica Soriano sobre su trabajo. Quizás, en una próxima edición se da una vuelta por el Antonio Candini para hablar del origen del “León, León, vos sos mi alegría”.