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Clausuran dos frigoríficos por contaminación y falta de papeles

Se trata de las firmas Penny Lane y General Pico, donde la Policía Ambiental llevó a cabo sendos operativos en el día de ayer. Habrían incurrido en faltas a las normativas medioambientales vigentes

Los frigoríficos Penny Lane y General Pico (Ex-Aimar) fueron objeto de sendas órdenes de “cese preventivo” de actividades por parte de la Policía Ambiental. Esta medida implica que deben abstenerse de realizar cualquier tarea que viole las leyes vigentes. En ambos casos se detectó contaminación ambiental y faltante de documentación pertinente para operar. 

Según informaron desde la Policía Ambiental, las actuaciones se labraron en el día de ayer y para hoy se esperaba un comunicado oficial con mayores detalles. 

Según se pudo conocer, la Policía Ambiental efectuó procedimientos en dos frigoríficos: uno de ellos es Penny Lane y el otro es General Pico (Ex-Aimar).

Si bien no colocaron fajas de clausura, se instalaron carteles para informar sobre el cese de actividades dispuesto por el órgano de control. La inscripción, exhibida en el frente de las empresas, indica que queda “prohibida la continuidad de toda actividad que viole las leyes ambientales vigentes”. 



Cese preventivo



En rigor, no se trata de una clausura, sino de un cese preventivo y precautorio de todas las tareas, según pudo conocer este diario.

Esta medida se les aplica a las empresas que no reúnen las condiciones ambientales mínimas, y se trata de una acción que apunta a prevenir que se siga causando un perjuicio al medioambiente o la salud humana. 

En el caso de Penny Lane y en el de General Pico se aplicó la misma medida precautoria. 

En ambos había tanto problemas ambientales como administrativos, dado que faltaba documentación pertinente, como autorizaciones de los órganos de control para poder operar con normalidad. 

A diferencia de la clausura, la orden de cese de actividades no implica el cierre definitivo de la planta en cuestión. 



Con actividad



Más allá de la medida dispuesta ayer por la Policía Ambiental, en el frigorífico Penny Lane se podía observar una actividad similar a la habitual. En el establecimiento de calle Sabattini al 4300 había bastante movimiento, con entrada y salida de personal, tanto operativo como de la administración. 

El imperativo expresado en el cartel que dejaron las autoridades parecía distar bastante de lo que ocurría en la realidad. 

Por otro lado, consultadas por este diario, fuentes gremiales precisaron que estaban al tanto del procedimiento de Ambiente de la Provincia, pero descartaron que detrás del operativo hubiese irregularidades vinculadas con lo laboral. 



Antecedentes



Después de que este diario hiciera público el reclamo de los vecinos por los malos olores generados por los desechos del frigorífico de Penny Lane, ubicado a metros de dos escuelas, el Edecom salió a aclarar que la firma debe el estudio de impacto ambiental. De hecho, hasta junio de 2017 la empresa había sido notificada 2 veces para que presentara la documentación que acredita que las actividades que realizan no son contaminantes.

El establecimiento dedicado a faenar animales se encuentra al lado de la Ciudad de los Niños y tiene grandes lagunas donde aglutina los desperdicios que produce. Las personas que viven en los alrededores del lugar fueron quienes alertaron sobre la delicada situación. 

Los vecinos denunciaban los olores nauseabundos desde el año pasado

El caso del frigorífico Penny Lane fue denunciado públicamente por los vecinos de la zona del autódromo, y publicado por este diario a mediados del año pasado. Las quejas venían tanto de quienes residen en el lugar como de las instituciones que funcionan en aquel sector. 

La empresa Penny Lane S.A., cuya actividad principal es la faena de animales, está al lado de la Ciudad de los Niños (la institución religiosa que se dedica a albergar y educar a chicos y adolescentes desprotegidos), y a menos de 500 metros del Ipem número 330 “Edgardo Roberto Prámparo”, y del edificio de la escuela Fotheringham, al que diariamente asisten una buena cantidad de estudiantes, docentes y trabajadores.

Si bien la convivencia con el firgorífico lleva ya varios años, en el último tiempo se han incrementado las quejas por la existencia de malos olores emanados por las grandes lagunas que se generan a partir de los desechos.