El sacerdote señaló que es conveniente que los restos humanos tengan como última morada un lugar sagrado, más allá del tiempo que tengan dichos restos.
“Los cambios culturales que vive el mundo en la actualidad llevan a un olvido de los lugares en los que se entierra a la gente. De hecho, las visitas a los cementerios han bajado muchísimo. En ese marco, la creación de cinerarios en las parroquias sirven como una alternativa para las familias”, indicó Basso.
-¿Cuántos cinerarios hay en Río Cuarto?
-Hay cinco. El primero fue el de la parroquia Santa Teresita (donde hay cenizas de más de 1.500 personas). También hay en La Merced (de barrio Alberdi), en Santa Rosa de Lima, en San Martín de Porres (donde hay 350) y en Sagrados Corazones.
-¿Por qué es necesario que los restos humanos vayan siempre a un lugar sagrado?
-Porque se trata de seres humanos. No creo que los huesos de las vacas tengan el mismo valor que los de los de un ser querido. Es decir, el ser humano sigue siendo valorado en todas sus dimensiones. Por eso, la Iglesia plantea el resguardo de los restos como una valoración del ser humano.