A un año del crimen del comerciante Luis Eduardo Díaz en su domicilio de calle Río Grande al 600, a pocas cuadras de la Terminal de Ómnibus, el fiscal Fernando Moine espera la llegada de un informe de Policía Judicial sobre pruebas de ADN para elevar a juicio la causa que tiene a una joven pareja detenida.
Díaz, de 71 años, fue asesinado con una barra de hierro en su habitación por la pareja detenida para luego sustraer un centenar de paquetes de cigarrillos, bebidas alcohólicas, dinero y utensilios, entre otros elementos.
El comerciante fue encontrado sin vida por su hija alrededor de las 9 de la mañana del 10 de noviembre del año pasado, luego de advertir un desorden en distintas dependencias de la vivienda y particularmente en el sector del kiosco.
Díaz fue asesinado de un fuerte golpe en la cabeza con un hierro que fue encontrado en el techo de la vivienda de Río Grande 617.
Rubén Gigena, de 19 años, y Micaela Beatriz Espinosa, de 24 años, fueron detenidos en la Terminal de Ómnibus de la ciudad de Córdoba cuando intentaban huir tras el homicidio que habían cometido en la madrugada en nuestra ciudad.
La joven pareja está imputada del delito de homicidio en ocasión de robo.
El fiscal de Instrucción de Tercera nominación espera el informe de la Policía Judicial sobre unas muestras de ADN colectadas en el lugar del hecho, como uno de los elementos para elevar la causa a juicio.
En tanto, el 28 de septiembre fue detenido un joven de 28 años que está acusado por su participación secundaria en el robo, ya que la investigación determinó que hay una vinculación con los acusados del homicidio de Díaz.
El joven le habría alquilado el inmueble de calle San Juan, donde se alojaba la pareja que está presa por el salvaje crimen del comerciante de 71 años.
Pancho Díaz sufrió un fuerte traumatismo cráneofacial, entre otros golpes en su cuerpo que le produjeron la muerte casi en forma inmediata en la madrugada del 10 de noviembre. Luego los homicidas se llevaron los distintos elementos en varias bolsas y tomaron un remís, que los llevó hasta un departamento de calle San Juan al 1000.
El aporte de dos remiseros, algunos testigos y las cámaras de seguridad ubicadas en el sector permitieron llegar hasta los autores del crimen que conmocionó a los vecinos del barrio.
Díaz era muy querido entre los vecinos y también entre “Los Leones”, que hacían la previa en su negocio, ubicado a metros del camping municipal. Incluso se pintó un mural en su homenaje.

