Se hace camino al danzar
“Tierra que anda”, de Abriendo Surcos, es un trabajo totalizador de alto vuelo.
Suena la voz de Marcedes Sosa y a su alrededor, alrededor de su cadencia envolvente y totalizadora, se empieza a construir el esplendoroso trabajo que es Tierra que anda, una secuencia magnética que dura una hora, sin renuncios.
Desde ese preciso instante iniciático, Abriendo Surcos se empeña en abrazar, como la abraza la voz de la incomparable cantora tucumana, esa inconsistencia, sin embargo palpable, que es ser, sentirse, argentino y latinoamericano.
Si, como decía Atahualpa Yupanqui, el hombre es tierra que anda, este trabajo de los dirigidos por Enrique y Marcelo Alcoba le sigue los pasos traduciéndolos en modo ritual, a través de ese misterioso duende que posee al que danza.
El desarrollo conceptual de la pieza que ejecuta el elenco, tiene la virtud de incluir, sin renuncios ni caídas de tensión, al grupo de bailarines principal con el elenco de mayores, cuya comparecencia escénica está integrada sutilmente al decurso expresivo a través del cual se potencia ese concepto.
Si bien se puede desglosar la puesta en unidades (a una zamba estilizada le puede seguir una danza representativa de Colombia) y en esa selección no se expresa una totalidad (es decir que no hay danzas alusivas a todos los países, como es lógico), la puesta consigue transmitir un emoción totalizadora.
Y esa condición de todo indisoluble aún en su fragmentariedad, surge del trabajo de puesta en escena (apretado en su complejidad desde el mínimo detalle de vestuario y complementación de elementos escenográficos) que sorprende cada vez, en especial tratándose de un elenco que no hace de este trabajo su profesión habitual.
Una realidad que se esfuma frente a lo que sucede en escena, y a cada instante se siente que “Tierra que anda” desborda profesionalidad y está a punto de caramelo para emparentarse con los de otros elencos de probado y bien ganado prestigio.
Cada vez que sube a escena “Abriendo Surcos” hace camino al bailar, y construye una decurso de calidad que está por encima de la media de otros trabajos de este tipo.
Ricardo Sánchez
Desde ese preciso instante iniciático, Abriendo Surcos se empeña en abrazar, como la abraza la voz de la incomparable cantora tucumana, esa inconsistencia, sin embargo palpable, que es ser, sentirse, argentino y latinoamericano.
Si, como decía Atahualpa Yupanqui, el hombre es tierra que anda, este trabajo de los dirigidos por Enrique y Marcelo Alcoba le sigue los pasos traduciéndolos en modo ritual, a través de ese misterioso duende que posee al que danza.
El desarrollo conceptual de la pieza que ejecuta el elenco, tiene la virtud de incluir, sin renuncios ni caídas de tensión, al grupo de bailarines principal con el elenco de mayores, cuya comparecencia escénica está integrada sutilmente al decurso expresivo a través del cual se potencia ese concepto.
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Y esa condición de todo indisoluble aún en su fragmentariedad, surge del trabajo de puesta en escena (apretado en su complejidad desde el mínimo detalle de vestuario y complementación de elementos escenográficos) que sorprende cada vez, en especial tratándose de un elenco que no hace de este trabajo su profesión habitual.
Una realidad que se esfuma frente a lo que sucede en escena, y a cada instante se siente que “Tierra que anda” desborda profesionalidad y está a punto de caramelo para emparentarse con los de otros elencos de probado y bien ganado prestigio.
Cada vez que sube a escena “Abriendo Surcos” hace camino al bailar, y construye una decurso de calidad que está por encima de la media de otros trabajos de este tipo.
Ricardo Sánchez