Red de víctimas: “La iglesia intenta tapar los abusos bajo la alfombra”
La psicóloga Liliana Rodríguez es una de las fundadoras de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico. Desde allí, ayudan a difundir los casos. “El objetivo fundamental es la búsqueda de verdad y justicia”, dijo.
La Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico nació en 2013, en La Plata, y hoy tiene miembros en todo el país: uno de los últimos en sumarse fue Mauricio Ruybal, el hombre de 39 años que acaba de exponer públicamente la situación abusiva que vivió cuando era maestranza de una parroquia cordobesa.
La agrupación nació por el impulso que le dio el testimonio de Julieta Añazco, una mujer de La Plata que había sido abusada tres décadas atrás por un sacerdote, y se asienta sobre dos pilares: el asesoramiento legal del abogado Carlos Lombardi, especialista en derecho canónico, y la psicóloga Liliana Rodríguez, que trabaja en la contención de las víctimas.
A partir de la difusión del caso Añazco y su derrotero judicial se fueron sumando por influencia de las redes sociales otras mujeres y hombres que atravesaron por lo mismo.
“El vía crucis del chico del campanario”, el testimonio que Puntal publicó el domingo, puso en alerta a la agrupación.
De acuerdo a la estadística de la red hay entre 65 y 67 curas y monjas denunciados en todo el país. “Personas que toman contacto con la red son muchas más, porque gran parte de los denunciados han cometido el delito en contra de varios sobrevivientes”, dijo la psicóloga en la entrevista que mantuvo con Puntal.
-¿Qué objetivo persigue la red?
-El objetivo fundamental de la red es la búsqueda de verdad y justicia, la prevención, y hacer visibles estos abusos. Que nunca más ningún niño ni niña vuelva a pasar por esta situación tan terrible. Eso y la visibilización social. Esta red no pone en cuestión ni está en contra de la creencia religiosa, porque eso es un derecho de cada ciudadano. Cada uno tiene el derecho a su propia creencia. No tiene que ver con eso, sino que el punto en cuestión es el accionar de la institución iglesia en cuanto a lo que no hace con sus miembros pedófilos.
-¿Existe un patrón común entre los casos denunciados?
-Sí, en los relatos que llegan a la red hay un cierto patrón de cómo se manejan estos curas y monjas abusadores. Lo hacen a través de ejercer una manipulación afectiva y emocional muy importante. Podemos decir que eligen a quienes van a ser sus víctimas. Se paran en los puntos vulnerables de esos niños, niñas o adolescentes, en sus historias familiares, pretendiendo ocupar lugares que por ahí no están cubiertos en sus familias de origen, como puede ser un padre, un hermano, una guía. Y de allí van ganando la confianza, el secreto, y van cometiendo estos delitos aberrantes que inevitablemente dejan huellas en quienes los han padecido.
-¿Existe una tipología del abusador dentro de la iglesia?
-Siempre destacamos que quienes abusan, con seguridad, no lo hacen una sola vez, ni son enfermos. Son personas que tienen una metodología, que tienen conciencia y registro de lo que están haciendo. Que hacen abuso absoluto del poder que ejercen, por una asimetría no solamente de edad, sino también una asimetría por el lugar social que ocupan los integrantes de la iglesia, ¿no? Cuando hay una desigualdad de poder tan importante, nunca, sea la edad que fuere, se puede hablar de consentimiento.
-¿Cuál es la reacción de la iglesia frente a las denuncias de abuso?
-Hay una metodología que se repite sistemáticamente por parte de la institución que tiene que ver con el encubrimiento, con el traslado de quienes ejercen esos delitos, con intentar tapar bajo la alfombra los abusos utilizando todo tipo de mecanismo que permita lograr la impunidad. Es una institución que si bien declama una cosa, en los hechos reales y concretos sigue repitiendo esta metodología de encubrimiento. Lo hace amparada por el derecho canónico, que en realidad ha sido pensado en defensa de la institución, no de quienes atraviesan por estas terribles situaciones.
-¿Por qué algunas personas recién denuncian este tipo de delitos cuando son adultos?
-Es muy difícil poner palabras a eso y mucho más difícil cuando quien ha ejercido este delito es un cura o una monja. Es mucho más vergonzante. Sienten mucha más vergüenza, más culpa. Hay muchísimo temor de quiénes van a creerle, porque estos personajes en el marco de esa manipulación también se ocupan de lograr un lugar social incuestionable, de lograr un lugar importante en esas familias. Con toda esa trama que van generando para lograr la impunidad hacen que sea tan difícil de entender estos episodios a la sociedad. ¿Cómo es posible pensar que el mismo cura que bautizó a su hijo, o que casó a su sobrina, por la tarde abusaba de un niño o de niña? Toda esta trama no es inocente ni casual, está generada y pergeñada. Es algo que se repite sistemáticamente para lograr la impunidad, para lograr mantener en secreto y acallados a aquellos que han atravesado esta situación.
-¿Hay signos que ayuden a detectar estos episodios?
-Sí, de pronto una observa que una persona tiene distintos malestares: pesadillas, trastornos del sueño, dificultades en su sexualidad, dificultades en sus vínculos, intentos de suicidio, atravesamientos en el cuerpo a través de patologías físicas, todos estos son signos a tener en cuenta. Detrás de toda esta sintomatología están sepultados aquellos recuerdos de ese terror vivido, en el marco de una institución que dice proteger. ¡Esto hace tan difícil poner en palabras aquello que ha vivido! A veces no lo hacen por cuidar a su familia, por no provocar más dolor o por el temor a no ser creídos. Entonces, se dan situaciones donde hay momentos o hitos en la vida de las personas que detonan recuerdos o detonan temores, como pueden ser el nacimiento de un hijo, o la muerte de los padres. Momentos en los cuales suelen reaparecer estos recuerdos que se tenían sepultados. Pero a la mirada de especialistas, estas huellas se pueden detectar mucho antes de que la persona pueda ponerle la palabra.
-¿Se avanzó en la judicialización de los casos?
-Desde que existe la red, la provincia de Entre Ríos ha sido emblemática porque allí se llevó a juicio al cura (Juan Diego)Escobar Gaviria y se llegó a una condena ejemplar de 25 años. Ahora, acaba de postergarse otra elevación a juicio de otro denunciante de Escobar Gaviria. El año pasado llegó a juicio el cura Ildarráz, con varios denunciantes, personas que rondan los 40 años y que sufrieron estas situaciones siendo jóvenes. También allí se logró una condena ejemplar de 25 años y se estaría investigando el encubrimiento por parte de la jerarquía eclesiástica. Acabamos de tener otra excelente noticia de la elevación a juicio de un cura en Catamarca. En Entre Ríos está denunciado y se espera la elevación a juicio de Moya, el cura payador. Allí la estrategia de defensa fue buscar la prescripción del delito, pero la Cámara se expidió no haciendo lugar, así que esperamos que prontamente llegue a juicio. Entonces, sí se puede hablar de que hay avances en los procesos judiciales.
-En ocasiones no encuentran el eco esperado.
-Tal cual, son procesos largos, dolorosos, muchas veces la Justicia revictimiza a las personas, pero también es cierto que se puede lograr justicia. Y eso es sumamente importante para los y las sobrevivientes y para la red en su conjunto, es lo que da fuerza para enfrentar los obstáculos, para hacer esto visible. A veces se escucha por lo bajo ‘¿qué buscan?’ ‘¿buscan plata?’, y en realidad ningún sobreviviente busca dinero. ¿Desde qué lugar se puede pensar que una persona de 30, 40 o 50 años va a exponerse socialmente o va a exponerse en los medios por una cuestión económica? A todos los mueve la búsqueda de justicia y erradicar estos hechos aberrantes dentro de esta institución. Y, sobre todo, que la institución tome el toro por las astas y sancione a quienes han cometido estos delitos.
Alejandro Fara
Redacción Puntal
La agrupación nació por el impulso que le dio el testimonio de Julieta Añazco, una mujer de La Plata que había sido abusada tres décadas atrás por un sacerdote, y se asienta sobre dos pilares: el asesoramiento legal del abogado Carlos Lombardi, especialista en derecho canónico, y la psicóloga Liliana Rodríguez, que trabaja en la contención de las víctimas.
A partir de la difusión del caso Añazco y su derrotero judicial se fueron sumando por influencia de las redes sociales otras mujeres y hombres que atravesaron por lo mismo.
“El vía crucis del chico del campanario”, el testimonio que Puntal publicó el domingo, puso en alerta a la agrupación.
De acuerdo a la estadística de la red hay entre 65 y 67 curas y monjas denunciados en todo el país. “Personas que toman contacto con la red son muchas más, porque gran parte de los denunciados han cometido el delito en contra de varios sobrevivientes”, dijo la psicóloga en la entrevista que mantuvo con Puntal.
-¿Qué objetivo persigue la red?
-El objetivo fundamental de la red es la búsqueda de verdad y justicia, la prevención, y hacer visibles estos abusos. Que nunca más ningún niño ni niña vuelva a pasar por esta situación tan terrible. Eso y la visibilización social. Esta red no pone en cuestión ni está en contra de la creencia religiosa, porque eso es un derecho de cada ciudadano. Cada uno tiene el derecho a su propia creencia. No tiene que ver con eso, sino que el punto en cuestión es el accionar de la institución iglesia en cuanto a lo que no hace con sus miembros pedófilos.
-¿Existe un patrón común entre los casos denunciados?
-Sí, en los relatos que llegan a la red hay un cierto patrón de cómo se manejan estos curas y monjas abusadores. Lo hacen a través de ejercer una manipulación afectiva y emocional muy importante. Podemos decir que eligen a quienes van a ser sus víctimas. Se paran en los puntos vulnerables de esos niños, niñas o adolescentes, en sus historias familiares, pretendiendo ocupar lugares que por ahí no están cubiertos en sus familias de origen, como puede ser un padre, un hermano, una guía. Y de allí van ganando la confianza, el secreto, y van cometiendo estos delitos aberrantes que inevitablemente dejan huellas en quienes los han padecido.
-¿Existe una tipología del abusador dentro de la iglesia?
-Siempre destacamos que quienes abusan, con seguridad, no lo hacen una sola vez, ni son enfermos. Son personas que tienen una metodología, que tienen conciencia y registro de lo que están haciendo. Que hacen abuso absoluto del poder que ejercen, por una asimetría no solamente de edad, sino también una asimetría por el lugar social que ocupan los integrantes de la iglesia, ¿no? Cuando hay una desigualdad de poder tan importante, nunca, sea la edad que fuere, se puede hablar de consentimiento.
-¿Cuál es la reacción de la iglesia frente a las denuncias de abuso?
-Hay una metodología que se repite sistemáticamente por parte de la institución que tiene que ver con el encubrimiento, con el traslado de quienes ejercen esos delitos, con intentar tapar bajo la alfombra los abusos utilizando todo tipo de mecanismo que permita lograr la impunidad. Es una institución que si bien declama una cosa, en los hechos reales y concretos sigue repitiendo esta metodología de encubrimiento. Lo hace amparada por el derecho canónico, que en realidad ha sido pensado en defensa de la institución, no de quienes atraviesan por estas terribles situaciones.
-¿Por qué algunas personas recién denuncian este tipo de delitos cuando son adultos?
-Es muy difícil poner palabras a eso y mucho más difícil cuando quien ha ejercido este delito es un cura o una monja. Es mucho más vergonzante. Sienten mucha más vergüenza, más culpa. Hay muchísimo temor de quiénes van a creerle, porque estos personajes en el marco de esa manipulación también se ocupan de lograr un lugar social incuestionable, de lograr un lugar importante en esas familias. Con toda esa trama que van generando para lograr la impunidad hacen que sea tan difícil de entender estos episodios a la sociedad. ¿Cómo es posible pensar que el mismo cura que bautizó a su hijo, o que casó a su sobrina, por la tarde abusaba de un niño o de niña? Toda esta trama no es inocente ni casual, está generada y pergeñada. Es algo que se repite sistemáticamente para lograr la impunidad, para lograr mantener en secreto y acallados a aquellos que han atravesado esta situación.
-¿Hay signos que ayuden a detectar estos episodios?
-Sí, de pronto una observa que una persona tiene distintos malestares: pesadillas, trastornos del sueño, dificultades en su sexualidad, dificultades en sus vínculos, intentos de suicidio, atravesamientos en el cuerpo a través de patologías físicas, todos estos son signos a tener en cuenta. Detrás de toda esta sintomatología están sepultados aquellos recuerdos de ese terror vivido, en el marco de una institución que dice proteger. ¡Esto hace tan difícil poner en palabras aquello que ha vivido! A veces no lo hacen por cuidar a su familia, por no provocar más dolor o por el temor a no ser creídos. Entonces, se dan situaciones donde hay momentos o hitos en la vida de las personas que detonan recuerdos o detonan temores, como pueden ser el nacimiento de un hijo, o la muerte de los padres. Momentos en los cuales suelen reaparecer estos recuerdos que se tenían sepultados. Pero a la mirada de especialistas, estas huellas se pueden detectar mucho antes de que la persona pueda ponerle la palabra.
-¿Se avanzó en la judicialización de los casos?
-Desde que existe la red, la provincia de Entre Ríos ha sido emblemática porque allí se llevó a juicio al cura (Juan Diego)Escobar Gaviria y se llegó a una condena ejemplar de 25 años. Ahora, acaba de postergarse otra elevación a juicio de otro denunciante de Escobar Gaviria. El año pasado llegó a juicio el cura Ildarráz, con varios denunciantes, personas que rondan los 40 años y que sufrieron estas situaciones siendo jóvenes. También allí se logró una condena ejemplar de 25 años y se estaría investigando el encubrimiento por parte de la jerarquía eclesiástica. Acabamos de tener otra excelente noticia de la elevación a juicio de un cura en Catamarca. En Entre Ríos está denunciado y se espera la elevación a juicio de Moya, el cura payador. Allí la estrategia de defensa fue buscar la prescripción del delito, pero la Cámara se expidió no haciendo lugar, así que esperamos que prontamente llegue a juicio. Entonces, sí se puede hablar de que hay avances en los procesos judiciales.
-En ocasiones no encuentran el eco esperado.
-Tal cual, son procesos largos, dolorosos, muchas veces la Justicia revictimiza a las personas, pero también es cierto que se puede lograr justicia. Y eso es sumamente importante para los y las sobrevivientes y para la red en su conjunto, es lo que da fuerza para enfrentar los obstáculos, para hacer esto visible. A veces se escucha por lo bajo ‘¿qué buscan?’ ‘¿buscan plata?’, y en realidad ningún sobreviviente busca dinero. ¿Desde qué lugar se puede pensar que una persona de 30, 40 o 50 años va a exponerse socialmente o va a exponerse en los medios por una cuestión económica? A todos los mueve la búsqueda de justicia y erradicar estos hechos aberrantes dentro de esta institución. Y, sobre todo, que la institución tome el toro por las astas y sancione a quienes han cometido estos delitos.
Alejandro Fara
Redacción Puntal