ACV: una experiencia que cambia la vida y donde cada minuto puede marcar la diferencia
El testimonio de Nelly Lago, una paciente que logró recuperarse de un accidente cerebrovascular, permitió poner en primera persona el impacto que tiene un ACV y la importancia de actuar rápidamente ante los primeros síntomas. Junto al neurocirujano y neurointervencionista Iván Aznar y el jefe de Terapia Intensiva de Clínica Regional del Sud, Martín Isa, repasó el momento en que todo cambió, el tratamiento recibido y el largo camino de rehabilitación que todavía continúa.
“Es un antes y un después”. Con esas palabras, Nelly Lago resume lo que significó para ella atravesar un accidente cerebrovascular (ACV). Casi diez años después del episodio, puede mirar hacia atrás y reconocer no solamente la gravedad de aquella situación, sino también todo lo que vino después: la atención de urgencia, el tratamiento, la rehabilitación y una recuperación que le permitió volver a realizar actividades cotidianas y, especialmente, disfrutar de sus nietos.
Su experiencia fue compartida durante la jornada CUIDAR, impulsada por Clínica Regional del Sud con el objetivo de generar conciencia sobre la prevención y la atención temprana del ACV. Allí, el relato de Nelly se convirtió en una oportunidad para explicar, desde una experiencia concreta, qué sucede cuando una persona atraviesa un accidente cerebrovascular y por qué el tiempo resulta determinante.
“Venía con síntomas anteriores, pero en el momento lo único que sentí fue un dolor de cabeza muy intenso. Nunca perdí el conocimiento”, recordó Nelly. Ese día se encontraba manejando y se dirigía a llevar productos de cosmética a una clienta. En determinado momento comenzó a sentir que algo no estaba bien.
“Sentí una nube. Subo al primer piso y siento que se me cae el cuerpo y ya no era mi voz”, relató Nelly en diálogo con Salud & Ciencia. Fue entonces cuando una amiga que estaba con ella identificó lo que estaba sucediendo y le advirtió: “Amiga, te está dando un ACV”.
Nelly no conocía todavía con claridad cuáles podían ser los síntomas de un accidente cerebrovascular. Pero aquella advertencia permitió activar rápidamente la cadena de asistencia. Su familia fue notificada y la trasladó a Clínica Regional del Sud, donde el equipo médico pudo intervenir en un contexto en el que “las ventanas de tratamiento eran incluso más estrictas que en la actualidad”, según precisó el neurocirujano y neurointervencionista, Iván Aznar(M.P. 23081/6 – M.E. 9575). “Lo importante fue que fue rápido”, agregó el especialista.
Nelly ingresó con una hemiplejia del lado izquierdo del cuerpo y los estudios permitieron determinar que tenía obstruida una arteria cerebral media, una de las principales arterias encargadas de llevar sangre al cerebro.
“Vimos que tenía tapada una arteria que se llama cerebral media y, en trabajo conjunto a los terapistas, pudimos recanalizar esa arteria”, explicó Aznar.
La respuesta fue rápida y permitió observar que una parte importante de su cerebro podía recuperarse favorablemente, aunque algunas funciones requirieron más tiempo y trabajo posterior.
El tiempo, un factor decisivo
En un ACV, la velocidad de respuesta puede determinar el daño cerebral y las posibilidades de recuperación. De allí que uno de los principales mensajes de los especialistas sea no esperar a que los síntomas desaparezcan por sí solos.
“La premisa de que el tiempo es cerebro, es fundamental”, remarcó el doctor Martín Isa (M.P. 26452/1 – M.E. 19362).
El jefe de Terapia Intensiva de CRS explicó que, ante la llegada de una persona con síntomas compatibles con un ACV, el objetivo es estabilizarla rápidamente desde el punto de vista clínico y hemodinámico y activar el circuito necesario para que pueda recibir el tratamiento indicado.
En el caso de Nelly, el procedimiento comenzó prácticamente desde su ingreso. “Se la estabiliza desde el punto de vista hemodinámico y clínico y se da rápido aviso al equipo del doctor Aznar, que es protagonista de todo esto. Nosotros lo apoyamos y lo asistimos”, señaló Isa.
Aznar recordó que en aquella oportunidad se activó rápidamente lo que se denomina “código ACV”. Debido a que se trataba de un episodio ocurrido casi una década atrás, los tiempos establecidos para determinados tratamientos eran más acotados que los actuales.
Nelly presentaba, además, una placa de ateroma en la arteria carótida, que fue identificada como la causa que había favorecido la formación del coágulo que terminó obstruyendo una arteria cerebral.
“Pudimos recuperar la arteria cerebral media derecha, que era la que estaba tapada”, explicó el neurocirujano.
Para lograrlo se realizó una intervención bajo anestesia, con un procedimiento denominado neuroleptoanestesia, mientras el equipo trabajaba de manera simultánea para evitar perder minutos valiosos.
El caso permite comprender que un ACV no es solamente una emergencia médica que comienza y termina en una guardia. Es un proceso que involucra a múltiples profesionales y que puede extenderse durante meses o años, especialmente cuando quedan secuelas que requieren rehabilitación.
Evolución médica
Desde aquel episodio hasta la actualidad, las herramientas disponibles para tratar un ACV evolucionaron de manera significativa. Aznar destacó especialmente los avances tecnológicos y la incorporación de equipamiento de última generación en Clínica Regional del Sud.
“Hoy la Clínica cuenta con un angiógrafo de última generación, especialmente con una configuración biplanar que nos ayuda muchísimo”, explicó.
También evolucionaron los elementos utilizados para realizar trombectomías, un procedimiento que permite retirar el coágulo responsable de la obstrucción de una arteria cerebral. Los catéteres y dispositivos empleados actualmente ofrecen mayores posibilidades de precisión y seguridad.
El desafío es particularmente complejo porque los vasos sanguíneos sobre los que deben trabajar los especialistas pueden tener apenas unos pocos milímetros de diámetro.
“Los catéteres y las prótesis que usamos son para extraer los coágulos de adentro de arterias que no miden más de 2 milímetros”, detalló Aznar.
La evolución de estos dispositivos permitió mejorar la seguridad de las intervenciones y ampliar las posibilidades de tratamiento.
El avance tecnológico, sin embargo, no reemplaza un factor que continúa siendo decisivo: que el paciente llegue rápidamente al sistema de salud.
Por eso, para los profesionales, la concientización de la comunidad constituye una parte central de la estrategia frente al ACV. Reconocer los síntomas y pedir ayuda de inmediato puede ser tan importante como disponer de un equipo especializado y tecnología de alta complejidad.
“Hay que ganar tiempo todo el tiempo. No dormirse en esperar a que al paciente se le pasen los síntomas, no demorar en acudir, en pedir ayuda rápidamente”, insistió Isa.
El mensaje apunta a evitar una conducta frecuente: minimizar lo que está sucediendo porque los síntomas parecen leves, aparecen y desaparecen o la persona no pierde el conocimiento. El caso de Nelly es justamente un ejemplo de que un ACV puede presentarse de distintas maneras y que conservar la conciencia no significa que no exista una emergencia.
La recuperación
La recuperación de Nelly tampoco terminó cuando se logró destapar la arteria. El proceso continuó con rehabilitación y controles, y todavía hoy mantiene actividades destinadas a recuperar funciones que fueron afectadas por el accidente cerebrovascular.
Ella misma reconoce que quedó con secuelas, pero también destaca cuánto pudo recuperar. “Mi brazo era así”, contó mientras explicaba cómo había quedado su movilidad después del ACV. Hoy puede mover las manos y caminar, y continúa trabajando en su recuperación.
Ese proceso modificó también su relación con las actividades cotidianas y con el tiempo. “Hoy por hoy disfruto de la vida, disfruto de mis nietos”, afirmó.
Después de atravesar una situación que puso en riesgo su vida, comenzó a valorar de otra manera actividades que antes quizás no realizaba o a las que no les prestaba la misma atención.
“Es un antes y un después”
Su relato también puso en evidencia otra dimensión que muchas veces queda fuera de la mirada estrictamente médica: el acompañamiento. Para Nelly, el vínculo con los profesionales que participaron de su atención no se limitó al momento de la emergencia.
“Siempre tuve el equipo a disposición”, contó la paciente, quien destacó particularmente el acompañamiento del doctor Isa y recordó que, incluso tiempo después del ACV, podía comunicarse con él ante una situación que le generara dudas.
En su recuperación participaron y continúan participando distintos profesionales, desde médicos y enfermeros hasta kinesiólogos y otros integrantes del equipo de rehabilitación. Para Nelly, todos forman parte de una misma historia.
“Estoy agradecida a Dios, al equipo que me tocó, a los ángeles, a todo en general. Un equipo desde enfermeras hasta hoy por hoy los kinesiólogos”, expresó.