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En el Tedeum, el obispo Uriona criticó la denostación del que opina diferente

“Solo el amor podrá salvarnos”, el mensaje del prelado en el oficio religioso por el 25 de Mayo

Foto: Andrés Oviedo

 

Bajo un cielo plomizo y entre los aromas de la Fiesta de Sabores y Saberes, el obispo Adolfo Uriona presidió este domingo el tradicional Tedeum del 25 de Mayo en Las Higueras, acompañado por autoridades del Gran Río Cuarto.

La ceremonia religiosa, cargada de simbolismo patrio, fue también una oportunidad para reflexionar sobre el momento actual del país y el rol de los ciudadanos en la construcción de un futuro común.

En su homilía, Uriona recuperó el espíritu fundacional de 1810 y lo enlazó con el presente: “La celebración de Mayo nos remite una y otra vez a los fundamentos de nuestro convivir diario, familiar y social”.

Recordó que los próceres de la Revolución, pese a sus diferencias y limitaciones, apostaron a la confianza mutua y al amor social como pilares para iniciar un camino de independencia.

Inspirado en el Evangelio del día, el obispo trazó un paralelo entre las tensiones que rodeaban a Jesús y las que atraviesan hoy a la sociedad argentina.

Habló de los desacuerdos, la indiferencia, los intereses contrapuestos y contrastó esas actitudes con la figura del escriba que se acercó a Cristo buscando respuestas.

“Se encuentra con alguien que lo invita a la plenitud. No estás lejos del Reino de los Cielos”, relató Uriona y agregó: “Nuestros padres de Mayo apostaron a la confianza que es raíz y fruto del amor”.

El prelado enfatizó la importancia de ese “amor social”, tal como lo define el Papa Francisco, que se expresa en el sacrificio cotidiano por el bien común, aún en medio del dolor y los conflictos. “Sangre y trabajo, renuncias y destierros llenan las páginas de nuestra historia”, sostuvo, en alusión a los esfuerzos de generaciones pasadas.

Uriona no esquivó la crítica a las formas actuales del ejercicio del poder: “Ya conocemos hacia dónde nos llevan las pretensiones voraces del poder, la imposición de lo propio como absoluto y la denostación del que opina diferente”.

Frente a ese panorama, propuso una mística del amor como única salida. “Lejos del sentimentalismo común, el amor es una tarea fundamental, sublime e irreemplazable. Sólo este amor podrá salvarnos”, remarcó, citando al Papa Francisco.

La ceremonia concluyó con una invocación a la Virgen de la Medalla Milagrosa, “modelo de amor silencioso y paciente”, a quien el obispo encomendó la protección del pueblo argentino en tiempos de incertidumbre.