Opinión | Adorni | Gobierno | jefe

Adorni, el mago que hace desaparecer hasta lo bueno del Gobierno

Detrás de la figura del jefe de Gabinete quedaron diluidos buenos datos económicos que la gestión Milei no pudo capitalizar

El Gobierno completó 90 días sin poder salir de la tormenta Adorni. En la segunda semana de marzo, durante la Argentina Week, el jefe de Gabinete fue sorprendido en Nueva York con su esposa ocupando un lugar dentro de la comitiva oficial que llevaba a funacionarios de la Nación y las provincias a promocionar las virtudes argentinas ante inversores de Estados Unidos y el mundo. Las dificultades para explicar el motivo por el que la pareja de Adorni formó parte de aquella misión fue el primero de una interminable cantidad de capítulos que sólo repitieron una matriz: el jefe de Gabinete intentando explicar, sin éxito, cómo había cambiado su vida austera por una de un nivel socioeconómico varios escalones superior. El viaje a Nueva York corrió un velo y colocó a un ferviente acusador en el banquillo de los acusados.

Adorni sigue sin poder explicar ese cambio de vida, más allá de los intentos con las abuelas prestamistas y el formidable hallazgo de un pendrive con miles de dólares en cripto. Pero hacia afuera, lo que aún no tiene explicación razonable es el respaldo del presidente Javier Milei a su funcionario, el más importante de su gabinete. Incluso, más allá de lo que crea el Presidente sobre la culpabilidad o no de Adorni. Por el alto y prolongado costo asumido, es un caso de estudio para los analistas políticos.

Es que, aquel viaje de marzo que había arrojado buenos saldos en materia de vínculos y recepción de los inversores quedó enturbiado por el escándalo Adorni y le hizo imposible al Gobierno transmitir el favorable resultado de la misión que había incluido también a gobernadores y empresarios.

Los capítulos siguieron con viajes a Punta del Este en aviones privados, vacaciones en el Caribe, casas en countries, departamentos y una declaración jurada llena de inconsistencias y contradicciones. Movimientos económicos que contrastan con el Adorni de la etapa previa a ser funcionario. Hoy, la agenda completa es ocupada por el jefe de Gabinete, un mérito no menor teniendo en cuenta que ya está en marcha el mundial de fútbol en el que Argentina es la campeona defensora del título con su capitán y super estrella, Lionel Messi, despidiéndose de los torneos de Fifa. Eludiendo los motivos, el jefe de Gabinete podría contarles tamaño logro a sus hijos el día de mañana.

Pero más importante que el mundial, y que resulta vital para buscar explicaciones sobre la permanencia de Adorni en su cargo, es que luego de un largo período sin buenas noticias económicas, el Gobierno podría haber capitalizado lo ocurrido en las últimas semanas. Pero todo queda en un segundo plano, detrás del lastre Adorni.

Sin ir más lejos, luego de padecer malos datos en su principal objetivo económico, como es el combate contra la inflación, el Indec acaba de anunciar dos meses consecutivos con el IPC a la baja; el último de mayo con el 2,1%, incluso mejor a lo esperado. No es menor ese dato por su estrecho vínculo con el poder adquisitivo de la población. Con tasas de inflación por arriba del 1,5% ó 2% mensual es muy difícil imaginar que el bolsillo mejore su capacidad de compra. En el último año fueron registros todos por encima de ese umbral y por consiguiente, hubo un prolongado proceso de destrucción de ingresos. La consecuencia fue un deterioro en el consumo, las ventas y la producción industrial, una cadena que no logra reaccionar. Más allá de los esfuerzos del ministro de Economía, Luis Caputo, por tratar de instalar como noticia la desaceleración de precios, el caso Adorni deja marginales espacios libres.

También en la última semana se conoció la mejora en la valoración de la agencia Standard & Poor’s que elevó la calificación soberana de la deuda de Argentina de largo y corto plazo a “B-” desde “CCC+”. Aunque al común de la población le parezca algo abstracto, tuvo inmediato impacto en variables que los argentinos escuchan desde hace tiempo, como el salto en las acciones y bonos argentinos y la baja del riesgo país, que logró su menor valor en la gestión Milei. Todo ese movimiento ubica al Gobierno mucho más cerca de poder salir a los mercados internacionales para comenzar a financiar los vencimientos de deuda y empezar así a mejorar el perfil de esos compromisos. Esa es una noticia en desarrollo, interrumpida por el fin de semana, aunque muy menor en cobertura frente al omnipresente culebrón del jefe de Gabinete.

Se podría incorporar a la positiva agenda económica el fuerte ingreso de divisas que está teniendo la Argentina de la mano del agro y la energía. Un ciclo agrícola que dejó 164 millones de toneladas y Vaca Muerta con un crecimiento en su capacidad de extracción cada vez más consolidado, despejan las dudas sobre el ingreso de dólares al país, siempre un factor clave del humor económico nacional. Hoy no hay economista que esté anticipando la posibilidad de una brusca devaluación en el horizonte, más allá de algunas tibias observaciones sobre un supuesto atraso cambiario que el Gobierno no quiere ni escuchar porque cualquier aceleración en el tipo de cambio le puede poner combustible a la inflación.

Nada de todo esto puede ser por ahora aprovechado por la gestión del presidente Milei mientras la cortina Adorni siga tapando todo. Algo difícil de explicar con el manual tradicional de la política y más cuando el Gobierno necesita convencer sobre el rumbo, en medio de las dificultades que sigue mostrando la economía real para mejorar sus indicadores.