Los efectos del aislamiento en los adultos mayores
Aunque el aislamiento sea por decreto obligatorio, es preciso tomar en consideración que en la práctica está causando problemas psicológicos en la mayoría de las personas. Entre algunas de sus consecuencias más visibles se pueden observar:
* Niños y adolescentes alterados.
* Adultos nerviosos, estresados y angustiados.
* Adultos mayores tristes y deprimidos.
Es sobre esta franja etaria a la cual es importante referirse hoy más que antes, por las restricciones que los afectan especialmente como grupo de riesgo.
¿Quién no oyó hablar del síndrome del jubilado? Está hartamente comprobado y hay mucha bibliografía respecto de lo que les pasa a las personas que se jubilan y más aún a los que son jubilados de oficio. Y esta realidad en la que el decreto de necesidad y urgencia ha colocado a los adultos mayores como “personas de riesgo” ha acentuado los desagradables síntomas en los que han quedado atrapados, aunque obviamente no todos ellos.
Es del caso señalar que, a la fecha, los muertos por Covid-19 tienen un promedio de edad avanzada; es cierto también que las personas tienen menos defensas a medida que su edad avanza, pero ¿qué hay de su calidad de vida? Esto, teniendo en cuenta que los viejos serían los últimos en salir del aislamiento, esto es, en septiembre/octubre… y si todo anda bien.
Para dentro de seis meses el daño que les habrán causado a los adultos mayores será irreversible. Y que esto no asuste ni sorprenda, sino que llame la atención de los gobernantes, pues poner las neuronas y los músculos en funcionamiento será un tema difícil. ¿O acaso no está comprobado que después de que un viejo es internado o se ha quebrado (pie, cadera, etc.) es como si hubiera envejecido de golpe? Ni qué decir cuando es llevado a un geriátrico, o cuando se muere su pareja o sus amigos. El contacto social es fundamental y, por si hay alguna duda, hace más de 100 años que a la persona se la define como un ser bio-psico-social.
Hay que partir de que mucho depende de la actitud de cada uno ante la vida, de que a veces el cuerpo no acompaña y además subsisten ciertos prejuicios. A pesar de todo, opinar sobre adultos mayores amerita hacer varios rangos, tal vez por décadas: una cosa es a los 60, otra a los 70, 80, 90 y los 100 años… Y el estado físico y mental en cada una de esas décadas es fundamental.
60 años: la gran mayoría está en plena actividad, no están jubilados sino a cargo de sus negocios, trabajos, con familias bajo su responsabilidad y socialmente muy activos.
70 años: a esta edad a muchos los han jubilado de oficio y otros optaron por jubilarse de determinada actividad para hacer otras cosas. También hay un grupo importante que, lejos del retiro, se mantienen al mando de sus negocios y empresas, trabajando en entidades públicas y sociales y ya más relajados de las obligaciones familiares, aprovechan tanto como pueden para disfrutar de la vida. Algunos viajan, otros hacen más vida social, hay quienes asisten a cursos para personas mayores, mientras otros se retiran un poco más de la acción. Hay solos que forman nuevas parejas, salen a bailar, se reúnen con sus amigos y disfrutan de no tener tantas obligaciones. Los cafés son “cita obligada” para un grupo importante. Salir a charlar con sus pares es tan frecuente como se ve en todos lados.
80 años: hay personas que ya decaen, en tanto otros mantienen una vida como la de los de 70, ciertamente si la mente y el cuerpo los acompañan.
90 años y más: en muchos las minusvalías físicas ponen ciertos límites. Pero hay casos que, si mentalmente están bien, siguen manteniendo el deseo de tener reuniones sociales y, en especial, las familiares. Todo depende de la actitud ante la vida, sin que los años importen demasiado.
Se sabe que las mentes activas retrasan las patologías cognitivas y la gimnasia ayuda a que la parte motora se deteriore menos. De todas maneras, lo natural es que ante las enfermedades la recuperación sea más lenta y difícil que cuando se es joven.
Si bien estas definiciones son sobre vivencias y necesidades generales de los adultos antes de la pandemia, a partir del decreto de cuarentena, al principio se escuchó: la prioridad es la salud. Más recientemente se incorporó: salud-economía, al entenderse por fin que la economía y la salud van ligadas al trabajo. Pero todavía no han entendido que la salud involucra lo físico y lo mental y en este punto hay que poner la atención, pues ¿de qué vale que el cuerpo funcione si anímicamente se está mal o muy mal?
El incremento de las consultas psicológicas nos da la respuesta.