Pablo Frachetti y Yamila Ordóñez disfrutan por estos días de los encuentros con amigos y familia antes de partir en un viaje que por años anhelaron y que ahora decidieron emprender junto con Bruno (5 años) y Mía (3 años) en un colectivo al que la pareja dedicó siete meses para acondicionarlo y convertirlo en su hogar rodante.
“Los sampacheros”, así dice el cartel que identifica al enorme vehículo que ya comenzó a recorrer las rutas de la región y pronto lo hará por Latinoamérica con un destino a Alaska, aunque admite la pareja que no es excluyente. El objetivo es viajar y disfrutar, conocer otras culturas, empaparse de ellas y salir de la rutina diaria del “vivir para trabajar”, del estrés diario de horarios y rutinas.
Pablo es oriundo de Sampacho y de profesión mecánico, Yamila nació en Buenos Aires y desde 2010 se radicó en esa localidad cordobesa. Hasta hace un tiempo trabajaba en el área administrativa del Hospital. Llevan juntos 13 años y, aprovechando que sus chicos aún son pequeños y no tienen tantas obligaciones, decidieron salir a rodar por el mundo. “Decidimos ahora salir a viajar y tranquilizar un poco las cabezas, porque andábamos a mil”.
Su decisión revolucionó al pueblo, a la familia y todos los que lo conocen. Y hay quienes se contagiaron y los acompañarán hasta Perú. Luego seguirán su rumbo solos. “No tenemos un tiempo de duración del viaje, pueden ser 2, 3 años. Por el momento queremos salir a disfrutar un poco. La idea es hacer toda la ruta Panamericana, que inicia en Ushuaia, pero nosotros arrancamos desde Sampacho”, relata Pablo, quien fue el que más insistió en lanzarse a la aventura.
Cuando aún no tenían hijos hicieron un viaje al Machu Picchu en un “golcito de los cuadrados”. “Después quedó embarazada mi señora y no pudimos salir más. Ahora armamos el colectivo para retomar ese viaje”, dice Pablo.
“La idea es ir ahora que los chicos no tienen tantas responsabilidades, o si fueran adolescentes es difícil engancharlos. O bien era esperar a que ellos fueran grandes e irnos nosotros, pero no es lo mismo dejarlos”, precisa.
Todo listo
El colectivo convertido en un confortable motorhome es un Mercedes Benz 321 del año 1962. “Tienen todas las comodidades, sea aire acondicionado, calefacción, inversores, grupo electrógeno, para ir cómodos. Más de todo por el tema de los chicos. Estamos en este proyecto medio loco y organizando los últimos detalles antes de partir”.
Mientras disfrutan de las fiestas de fin de año con sus familias en Alpa Corral, dialogan con Puntal y comparten detalles del viaje. “Vamos a hacer la ruta Panamericana, la más larga de América”, sostienen.
“Estamos volviendo el 3 (miércoles próximo) a Río Cuarto para ponernos la vacuna de la fiebre amarilla porque en algunos lugares la piden. Y entre el 7 y el 8 estaríamos partiendo con un primer destino al Machu Picchu. Nos acompañan otros tres vehículos que son amigos que quieren ir a conocer Perú. Después para arriba seguimos solos”.
Quienes en caravana los acompañarán en el primer tramo son Hugo Baigorria, un amigo de Comodoro Rivadavia; José Margarín, de Río Cuarto; y Darío Carota, desde Sampacho.
De este proyecto asume Yamila que lo que más se va a extrañar es la familia, pero todos acompañan la decisión. “Están todos felices por nuestro viaje, a todos nos gusta viajar en la familia. Compartimos ese mismo espíritu aventurero, pero a la vez es triste, es triste saber que por un tiempo no nos vamos a ver, que nos vamos a extrañar. Lo complicado es el tema de los abuelos, tanto mis padres como los papás de Pablo, que somos una familia superpegada. Los chicos tienen muchos primos, juegan casi todos los días con un primo diferente. Eso va a costar. Pero todos nos apoyan”.
Se revivió el sueño
Esta pareja tenía entre sus sueños años atrás el recorrer Brasil. “Después de ir al Machu Picchu teníamos planeado recorrer las playas brasileras porque nos encantan, pero quedé embarazada y los planes cambiaron, fueron otras las prioridades”.
Yamila reconoce que ese sueño que había quedado dormido volvió a tomar fuerza el año pasado tras viajar a Las Grutas, donde estuvieron 15 días. “Allí conocimos a Hugo Baigorria, que es de Comodoro Rivadavia y vive en su motor. Nos hicimos muy amigos de él”.
En julio de este año Hugo llegó con su casa al hombro hasta Sampacho y compartió 20 días con la familia.
“Ahí como que empezamos a revivir eso que teníamos guardado por dentro, ese espíritu viajero”, amplía Yamila. “Pablo me planteó y me dijo: ‘Yo ya me iría’. Ahí me empecé a plantear. Hoy en día la mayoría de nosotros estamos viviendo para trabajar y no trabajando para vivir. Y no disfrutamos. Tras pensarlo y analizando y acepté”.
La previa
Fueron 7 meses de intensa labor. Y Pablo con sus conocimientos de mecánica se ocupó de acondicionar el vehículo y dotarlo de todas las comodidades.
“Pablo más que nada, él se defiende con el tema de electricidad, la instalación de la cocina, la instalación de los tanques de agua. Hemos pintado, hecho la funda de los almohadones, hecho los sillones, que cortó un mueble que teníamos en casa y armamos los sillones. Nos han regalado la butaca, hemos hecho cortinas, los muebles, los lugares de guardado, hemos ido a la maderera y ellos nos han cortado las maderas a medida. O sea que todos estos siete meses fueron a pulmón”, sigue contando Yamila.
“El tema de llegar a Alaska lo pusimos como para definir un destino, pero no es la meta. Si se puede, se llega; si no, será otro el destino”.
Antes de disfrutar del fin de año en familia la pareja ya dejó todo listo para el viaje. Yamila se encargó de seleccionar la ropa a llevar, tanto de ellos como de los chicos. Y para los más pequeños también se suman los juguetes.
Pablo es mecánico y Yamila trabajó hasta hace poco en el Hospital de Sampacho. Cansados de la rutina, decidieron lanzarse a la aventura.
Por su parte, el Pablo cargó su caja de herramientas, que será además su medio de trabajo para ir solventando los gastos del viaje. Y Yamila apelará a sus habilidades haciendo artesanías y también lleva consigo la máquina de coser, ya que tras hacer un curso asegura defenderse en este oficio y está dispuesta a hacer bolsos y otros elementos para vender.
El motorhome está listo y en una semana se pondrá en marcha para salir a descubrir el mundo.
La educación de los chicos en medio del viaje
Nada queda librado al azar para “Los sampacheros” y la mamá viene desde hace tiempo asesorándose para que los chicos tengan acceso a la educación. Por experiencia de otros, pueden llevar el ciclo adelante viajando, pero algunos requisitos existentes en Argentina deben ser tenidos en cuenta.
Bruno tiene los cinco años recién cumplidos y estaría en condiciones de iniciar la escuela. Pero hay sistemas virtuales y a distancia que están avalados por la educación estadounidense.
“Son escuelas sombrilla, pero eso después para el día de mañana volver tenemos que ir a Buenos Aires y validar esa educación. Y que acá la Nación argentina acepte que los chicos estuvieron estudiando. Sé que hay que hacer un trámite para que ellos validen esos años de estudio a través de esa institución virtual y la Argentina tiene dos instituciones virtuales: una que es de la Nación, que nos exige que mínimo tres meses los chicos tienen que estar instalados en una escuela, no importa dónde sea, pero tres meses tienen que tener un cursado presencial en alguna institución”.
A su vez, hay otra opción, cual es inscribir a los chicos en una escuela militar, que no exige los tres meses de presencialidad, pero es pago.
Por el momento, y lo inmediato, es lanzarse a la ruta y conocer culturas, compartir con otros viajeros. Y también a través del Instagram “Los sampacheros” contar su experiencia.

