En Alcira Gigena las capacitaciones en oficios que se dictan desde el Centro Integrador Municipal (CIM) han resultado muy provechosas para cientos de vecinos que pueden encontrar allí la posibilidad de una rápida salida laboral. La sorpresa ha ocurrido con una de las formaciones que ha logrado captar la atención y se ha ido superando año a año. Se trata del Taller de Pastelería que tiene una duración de dos años. Por el mismo, ya han pasado más de 100 personas a lo largo de los casi 10 años que lleva dictándose, y muchas de ellas han logrado formar con éxito sus propios emprendimientos.
Así lo afirmó a Puntal la docente a cargo Miriam Filipa, quien señaló que ella misma se vio sorprendida con la convocatoria que en todas las ediciones ha tenido este curso. “Esto surge en el 2014, vivo frente al CIM y me preguntaron si estaría dispuesta a dar unos talleres de pastelería. Yo había hecho el curso en Río Cuarto con Osvaldo De María, hice varios años de capacitación. La idea en su momento era hacer los talleres como una salida laboral por el hecho de que aquí no hay muchas industrias y era importante que cada uno lo viera como oportunidad de tener un empleo”, comentó.
“Cuando las chicas terminan luego nos extrañamos porque ya se hace como una familia, porque una vez a la semana nos vemos. Aparte de elaborar las recetas, generamos un vínculo. Si a alguien le pasa algo lo comenta en el grupo. Se trabaja en plena armonía y como experiencia me siento muy feliz de ser parte”.
En este sentido, afirmó que en cada nueva entrega fue creciendo la cantidad de personas interesadas. “Al principio se daba una vez a la semana, un solo grupo que era primer año y después se fueron sumando chicas, así se abrió el segundo año. El primer ciclo se da todo lo que es básico y en el segundo se da más lo que es postres, panadería; y este año sumamos lo que es decoración de tortas modernas y macarons”, detalló.
“Este año en segundo año se han sumado unas 20 chicas que culminan ahora el taller. En 2022 se comenzó con la idea de no dar el primer año, es decir que se buscaba solo terminar con dos grupos que empezaron el año pasado y otros previos a la pandemia. Me dijeron que se nivelara a todos estos grupos para poder arrancar luego otra vez con primer año en 2023. Lo hicimos así pero un día me llamaron del CIM y me dijeron que a pedido de la gente se iba a abrir el primer año”, enfatizó la docente.
Explicó que esta nueva edición “fue un desafío porque debido al espacio, ya que hay muchos talleres, me propusieron darlo a la mañana. Se convocó a la gente inscripta y se logró que unas 10 personas pudieran culminar. Un grupo hermoso de chicas y como experiencia fue muy especial”.
Miriam relató que “en un pueblo chico nos conocemos todos y la gente siempre te pregunta cuándo va a empezar el curso. Hasta ahora todos los años hemos tenido gente en estos talleres, tanto en primer año como en segundo”.
La profesora admitió que la mayoría de las asistentes “son mujeres de todas las edades, hay chicas jóvenes, mujeres de edad media y más grandes que lo hacen para salir un poco de su casa, como un lugar de esparcimiento y también para aprender algo más”.
A su vez, destacó que esta formación ha sido el puntapié inicial para que muchas personas arranquen su propio negocio. “Varias chicas empezaron a trabajar en sus emprendimientos. Una de ellas que estudió y se recibió de Comunicación Social, fue mamá y se le complicaba salir a trabajar porque tenía que cuidar a su niño. Pero empezó a hacer el taller y en la actualidad está trabajando con desayunos y mesas dulces para 15 años y para casamientos”, rescató.
Al respecto comentó la historia de otra joven que se inició en este oficio gracias al taller y actualmente está por graduarse de pastelera profesional. “Esto sirve también para abrirles las puertas y saber si realmente quieren dedicarse a esto”, dijo.
Además reconoció que durante estos años ha tenido muchas estudiantes que no tenían ninguna noción básica de elaboración de dulces y terminaron logrando grandes resultados. “Es interesante porque acá vienen chicas que a lo mejor no tenían idea de nada y que ahora se súper desenvuelven. Algunas comentaban que solo sabían hacer los bizcochuelos que vienen en la cajita, con pre mezcla. Pero aprenden muy bien y algunas son realmente muy habilidosas”, expuso.
Amor por la cocina
Miriam narró que su pasión por la pastelería viene en la sangre, ya que en sus padres siempre hubo una inclinación especial por la gastronomía. “Yo empecé a estudiar pastelería pero como algo para mí, para hacerlo en mi casa. Vengo de una familia en la cual mi papá fue mozo 40 años y mi hermana es chef aunque no ejerce. Siempre de parte de mi madre y de mi padre nos gustó la parte de la cocina y de la pastelería”, señaló.
Acerca de la oportunidad de poder enseñar este “arte”, la docente reconoció que en un principio no estaba segura de afrontar este reto. “Cuando me llamaron desde el CIM me pregunté si sabría cómo dar los cursos porque una cosa es elaborar en casa y otra es que lo puedas transmitir y que la gente te entienda, pero afortunadamente lo pude lograr”, sostuvo.
Paralelamente, dijo que además de sentirse orgullosa de los aprendizajes de sus alumnas, lo más destacable es la conexión fraternal que se genera entre todas las participantes. “Cuando las chicas terminan luego nos extrañamos porque ya se hace como una familia, porque una vez a la semana nos vemos. Aparte de elaborar las recetas, generamos un vínculo. Si a alguien le pasa algo lo comenta en el grupo. Se trabaja en plena armonía y como experiencia me siento muy feliz de ser parte”, cerró.

