Así lo explica la ingeniera Alejandra Canale, jefa del INTA Río Cuarto, en un informe en el que explica que este hongo es un parásito obligado, solo infecta y se multiplica sobre tejidos vivos. Los síntomas de la roya común se caracterizan por la abundante producción de pústulas (masa de esporas del hongo que se desarrollan bajo la epidermis de las hojas y se hacen visibles al destruir la misma) de color rojizo. Estas pústulas llamadas uredosóricas infectan nuevas hojas durante el ciclo del cultivo. Las reiteradas infecciones se ven favorecidas por rocío, amplitud térmica, alta humedad relativa y temperaturas entre 16 y 23 °C; condiciones climáticas que reinaron durante el mes de enero y lo que va de febrero en esta zona, al final del ciclo del cultivo se presentan pústulas de tipo teleutosóricas de color más oscuro que producen esporas de supervivencia, formando bandas en la hoja que cortan el flujo de fotoasimilados. La misma puede aparecer durante todo el ciclo del cultivo pero la mayor intensidad de la infección se da alrededor de floración.
Dice al respecto que en Estados Unidos se han detectado pérdidas hasta del 50% de la producción. En nuestro país se estimaron mermas del rendimiento comparando cultivos protegidos con fungicidas versus no protegidos. Así, para cultivos con 25 a 30% del área foliar afectada por el patógeno, se estimaron pérdidas del 17%. Durante 1997/98/99/00 se detectaron niveles de severidad hasta del 30% en híbridos comerciales de amplia difusión y hasta el 40% en maíces del tipo «pop corn» (González M., 2000), a partir de allí los genetistas de las empresas han trabajado arduamente en mejorar la resistencia a esta enfermedad.
Según diferentes estudios, un nivel de severidad del 10% ocasiona reducciones de hasta el 8% en el peso de los granos y como consecuencia un menor rendimiento (Couretot et al, 2011).
El análisis de numerosos ensayos realizados con fungicidas muestra, la mayoría de las veces, como fortaleza la decisión de aplicación química para obtener incrementos en los rindes. Contrariamente la mayor debilidad puede encontrarse en la necesidad de mayor información para optimizar la elección del principio activo y el momento de interacción planta – fungicida –patógeno.
Los fungicidas foliares son una forma eficiente de controlar esta enfermedad en híbridos susceptibles. Los umbrales recomendados para control se encuentran entre los estadios V8-V10, en valores superiores de severidad del 3,5 % en hojas que rodean la espiga.
Explica la ingeniera Canale que durante fines de diciembre, enero y febrero se realizaron recorridos en diferentes lotes de maíz de la zona de Río Cuarto, con conocimiento previo del manejo, a fin de evaluar el comportamiento sanitario de los híbridos.
Dicha evaluación se realizó entre V6 (6 hojas) y R2 (cuaje), este último considerado como momento óptimo de tomar decisiones. Se utilizó la escala de Cobb como herramienta para determinar el porcentaje de severidad en el Estrato Medio (EM) y el Estrato Superior (ES), es decir hojas de la espiga y superiores, en varios muestreos aleatorizados en 5 metros lineales, a fin de generar un porcentaje promedio y definir estrategias de manejo oportunas de esta enfermedad.
Alta incidencia
Los resultados indican que hay híbridos, los más comunes usados en la zona, con niveles de severidad entre el 1-9 % en el EM (estrato medio) y del 1 al 5% en el ES (estrato superior). Un 65% de los lotes monitoreados tienen un promedio por encima del 3,5% de severidad en el EM, comportándose como susceptibles, debiendo analizar posible control químico.
Recordemos que para completar el llenado del grano, la planta utiliza las reservas de sus hojas, las principales son las de la espiga y por eso se analiza el Estrato Medio como el más importante, si esta hoja está afectada por un umbral importante de severidad de roya, se inhibe el flujo de los fotoasimilados destinado al llenado y la planta utiliza la reserva de los tallos provocando posible vuelco antes de cosecha.
Este trabajo permitió caracterizar sanitariamente los híbridos de maíz frente a roya común pero también se detectó presencia de otras enfermedades como Tizón de la hoja (Exserohilum turcicum), Carbón del maíz (Ustilago maydis) y Podredumbre basal del tallo y/o raíz pero en muy baja incidencia.
Numerosos ensayos han demostrado que las aplicaciones con distintos fungicidas comerciales, de uso y dosis común por los productores, mostraron que se diferenciaron con respecto a los no tratados. En el planteo técnico planificado se debe analizar el costo/ beneficio de la herramienta química.
El análisis de numerosos ensayos realizados con fungicidas muestra como fortaleza de la decisión, que en la mayoría de las veces, se han obtenido incrementos importantes en los rendimientos. Contrariamente la mayor debilidad puede encontrarse en la necesidad de mayor capacitación para optimizar la elección del principio activo y el momento de interacción planta – fungicida –patógeno. Conocer la formulación, modo y mecanismo de acción entre los actuales fungicidas comerciales, permite la correcta elección y aplicación en momento oportuno, fundamental para lograr el efecto esperado y no generar resistencia de los patógenos.
Destaca finalmente la importancia de que el productor y/o asesor técnico cuenten con un eficiente manejo integrado de las enfermedades, conocer comportamiento sanitario de los materiales genéticos frente a las principales enfermedades foliares con anterioridad constituye una guía orientativa de la magnitud de los síntomas a evaluar, definir estrategias de monitoreo para cada híbrido y realizar diagnósticos oportunos para la toma de decisiones de aplicaciones eficientes de fungicidas, rotaciones de principios activos, teniendo en cuenta costos/beneficios.