Río Cuarto | Alianza

"Buscamos una alianza democrática frente a esta polarización tóxica", dijo el radical Jesús Rodríguez

El exministro y exdiputado radical habló de su libro “La huella democrática”. Dijo que “Milei subestima lo institucional", que no hay que eliminar las Paso y que “el problema es la falta de acuerdos”. Sostuvo que sin educación, ciencia y obras se hipoteca el futuro

El exministro y exdiputado radical Jesús Rodríguez.

Foto: Andrés Oviedo

 

“Proponemos una alianza democrática frente a esta polarización tóxica”, dijo ayer a Puntal AM Jesús Rodríguez.

El exministro y exdiputado radical habló de su libro “La huella democrática”, que presentó en Río Cuarto.

Dijo que “el Gobierno de (Javier)Milei subestima la dimensión institucional”, que no hay que eliminar las Paso y que “el problema de la Argentina es la falta de acuerdos básicos”.

Sostuvo además que sin educación, ciencia y obras se hipoteca el futuro.

-¿Qué es “La huella democrática”?

-Es un libro que escribimos con Alejandro Garvie. Nos presentamos a un concurso de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas como ensayo y el jurado lo eligió como el mejor ensayo del año 2025. A raíz de eso, la editorial Eudeba creyó oportuno imprimirlo. Y entonces estamos recorriendo universidades, centros académicos, organizaciones sociales. Y esa es una de las razones por las cuales pasamos por Río Cuarto. Estaremos en Villa Mercedes a la noche, y el día de mañana en la ciudad de San Luis.

-Se trata de la narrativa política y económica de lo que ocurrió entre 1983 y 1989 ¿no?

-Así es. Se trata de de una mirada de la política y de la economía y sus interrelaciones en el gobierno que instauró la democracia en Argentina. Un gobierno que tuvo que afrontar desafíos extraordinarios. Pensemos solamente que veníamos de una guerra perdida en Malvinas. De un conflicto limítrofe abierto con un país vecino, con el cual tenemos 5.000 kilómetros de frontera. Un laudo arbitral desconocido. Con una situación económica desbordada. El déficit fiscal era de 15 puntos del Producto Bruto Interno. La inflación del 400 por ciento. Las derivaciones de la represión ilegal y del terrorismo de Estado. Entonces, era un país, en términos internacionales, aislado, en términos sociales internos de una altísima conflictividad. Y en materia económica, muy afectado. Entre otras cosas, por la deuda externa. Pensemos solamente que 2 de cada 3 dólares de exportación eran obligaciones de intereses de la deuda. Y entonces eso es que se estaba en una situación asfixiante y al límite. Y en ese contexto se instauró la democracia, que no sólo produjo novedades en Argentina, dejando atrás la violencia como método de acción política que distinguió al país durante décadas, sino también la inestabilidad política. Nunca más hubo golpes de Estado en la Argentina. Esos dos reactivos extraordinarios de la democracia también tuvieron repercusión internacional. Pensemos, por ejemplo, que cuando Raúl Alfonsín inició su mandato era un gobierno democrático en un océano de autoritarismo y dictadura. Toda la región. Toda América Latina, desde México para abajo, sólo tenía tres gobiernos democráticos, el de México, el de Venezuela y el de Costa Rica. Todo lo demás eran dictaduras. Y gracias a la gestión de Alfonsín, entre otras cosas, al año siguiente hubo democracia en Uruguay, después en Brasil, más tarde en Paraguay y finalmente en Chile. En consecuencia, ese impulso democratizador extraordinario fue un enorme paso adelante para la Argentina. Y el presidente Alfonsín hizo, en el año 89, lo que no había sido visto en todo el siglo veinte, que era que un presidente surgido de la voluntad popular le pudiera transferir los atributos de mando a otro presidente elegido por la voluntad popular, de otro signo político (Carlos Menem).

-¿Y cómo fue manejar la economía en esa última etapa de Alfonsín?

-Ahí el objetivo era asegurarse que el presidente que había sido elegido pudiera asumir. Y la incertidumbre política era una complicación extraordinaria que trajo todas esas complicaciones que usted está señalando y por eso inmediatamente fue posible normalizar en algún sentido la economía. Así que yo creo que ese activo enorme de la Argentina, sin violencia y sin golpe de Estado, es un piso que no ha sido suficiente para avanzar en el otro objetivo de la realización individual y del progreso social. Y yo creo que, cuando uno mira en perspectiva las cosas, puede llegar a concluir que el problema de la Argentina es la falta de acuerdos básicos para afrontar los desafíos comunes. Y en ese sentido, entonces, viendo el día de hoy la polarización de naturaleza tóxica que existe en la Argentina es una complicación extraordinaria que empobrece la democracia.

-¿Cómo está viendo el Gobierno de Milei?

-El Gobierno del presidente Milei ha sido elegido por la voluntad popular y merece respeto por esa circunstancia. Pero, al mismo tiempo, debemos convenir que es un gobierno que subestima la dimensión institucional. De hecho, ha llevado a que las principales autoridades del Gobierno señalen que el cáncer de la Argentina es el artículo 14 bis de la Constitución. Desde esa perspectiva, tiene luces y sombras, como todos los gobiernos. Y la verdad que uno mira con preocupación el futuro. ¿Por qué? Porque no veo capacidades del Gobierno para atender la nueva agenda de la democracia. Y entonces, es posible, como era hace dos años atrás que el objetivo de reducir la inflación fuera una urgencia imprescindible. Pero hoy el objetivo tiene que ser crear puestos de trabajo de calidad y en el sector privado, hacer sostenible la situación macroeconómica. Cuando digo sostenible digo en materia política y en materia social. Y, en consecuencia, que haga cierto eso de que no hay que desperdiciar el esfuerzo realizado. Y a mí me parece que con esta actitud intemperante, intolerante, provocativa, agresiva, se conspira desde el Gobierno contra la posibilidad de avanzar en el cumplimiento de esos objetivos.

-¿Usted va a tener algún protagonismo político en las elecciones del 2027? ¿Están formando algún tipo de alianza distinta a lo que es el mileísmo y a lo que es el kirchnerismo?

-Ése es nuestro objetivo. Nuestro objetivo es el de atender una necesidad de la Argentina. La Argentina tiene todo para crecer y para progresar, pero para que eso sea posible, hace falta tener objetivos claros, equipos adecuados y estrategias compatibles. Y nos parece que la contribución que el radicalismo puede hacer, junto con otras fuerzas políticas, es formular ese momento de cambio, de transición, de progreso.

-¿Sería un gran frente opositor con acuerdos programáticos, sea de donde vinieren los actores políticos?

-Tiene que ser programático, sin duda, no puede ser un amontonamiento. En segundo lugar, tiene que tener procedimientos claros para resolver las controversias. En tercer lugar, no puede pensarse en que estemos de acuerdo en relación al pasado, tenemos que pensar en qué coincidencias tenemos en relación al futuro. Y en eso creo que es posible pensar que desde el radicalismo, desde sectores del Pro, desde el socialismo, desde la Coalición Cívica, desde otras fuerzas políticas puedan pensar en construir ese objetivo común.

-¿Y desde el peronismo también?

-También sectores peronistas que no están dispuestos a dejarse ganar por esa disputa del peronismo metropolitano, en el sentido de una elección, una disputa interna hacia el interior del PJ de la provincia de Buenos Aires y me parece que hay muchos sectores políticos pensando en el futuro.

-¿Está de acuerdo con eliminar las Paso?

De ninguna manera. Me parece que es una pretensión de tipo autoritaria del Gobierno de Milei.

-¿Cómo está viendo estos cortocircuitos del gobierno con las universidades, el sector de la discapacidad, la falta de obras para el país?

-Es imposible pensar que el progreso en Argentina pueda darse sin atender la educación, la ciencia y la tecnología. Si la educación no es prioridad, tiene consecuencias. Entonces, lo que estamos haciendo es hipotecando el futuro. En relación al presupuesto, creo que eso es un problema elemental, como el de las obras públicas. Está claro que había que tener las obras bajo control, pero no que frente a la corrupción heredada el camino sea cero obras.