Después de las marchas y contramarchas que se prolongaron por el paréntesis que instaló la emergencia sanitaria, en las últimas horas se supo que el controvertido abogado riocuartense se hará cargo de uno de los botines políticos más preciados de la administración nacional en Río Cuarto, como lo es la delegación local de Anses.
La decisión descolocó a algunos que evocaron el último paso de Peralta en la función pública y la manera en que fue eyectado de su cargo como delegado del Ministerio de Justicia de la Provincia.
Aunque en la arena política los tiempos suelen tener lógica propia y lo que sucedió meses atrás rápidamente es superado por la vorágine de otros acontecimientos, la escandalosa salida de Peralta de su cargo a nivel provincial todavía es recordada en los Tribunales riocuartenses.
El 9 abril de 2018, desde Córdoba desplazaron a quien entonces era la cara visible del Ministerio de Justicia en Río Cuarto. Su accidentada salida había empezado a escribirse un mes antes de esa fecha, cuando Peralta, de saco y corbata, apareció en una sala de juzgamiento de los Tribunales locales para defender a una pareja que se dedicaba a traficar drogas en la ciudad.
Aunque Peralta interpretó que no había obstáculo alguno entre su rol como funcionario y su tarea particular como letrado, en el Ministerio entendieron que era un contrasentido que uno de los representantes de la Provincia que hizo del combate de la droga su caballito de batalla, apareciera defendiendo una causa por narcomenudeo en los Tribunales riocuartenses.
Por eso iniciaron desde fines de marzo de 2018 una investigación administrativa para determinar si Peralta había incurrido en alguna situación irregular o si únicamente merecía algún reproche ético por ejercer dos tareas que desde el sentido común resultaban incompatibles.
Los cuestionamientos no se agotaban allí, porque en su rol de delegado del Ministerio de Justicia, Peralta tenía bajo su órbita el Patronato del Liberado, es decir el área encargada de garantizar que se cumplan las prisiones domiciliarias que se otorgan a algunos detenidos.
Así, en el juicio en el que Peralta actuaba como defensor de un riocuartense acusado de comercialización de drogas y tenencia de arma de fuego, había otra persona acusada -la esposa de su defendido- que se encontraba cumpliendo prisión en su casa. En otras palabras, Peralta aparecía por un lado como defensor y, a la vez, tenía a su cargo controlar que la esposa de su defendido cumpliera con las medidas de coerción que le aplicó la Justicia.
Semejante mezcolanza de roles cayó como un baldazo de agua fría en el Ministerio, que decidió el desplazamiento de Peralta.
Sorpresa y media
Entre los nombres que sonaban para la jefatura de Anses en Río Cuarto circularon varios y el de Peralta nunca estuvo en carpeta.
Un sector del kirchnerismo postulaba un nuevo período de Sergio Rivarola, quien estuvo al frente de la delegación durante el gobierno de Cristina Kirchner; y en las últimas semanas había cobrado fuerza la candidatura de otro abogado, Alejandro Storello, quien finalmente quedó en el camino a raíz de la denuncia que en su momento le hiciera su expareja por violencia de género.
Entre los dirigentes de mayor trayectoria y que desde la primera hora acompañaron el proyecto que hoy encarna Alberto Fernández, el nombramiento del nuevo jefe de Anses resultó incombustible. “No hay ningún punto de contacto entre este muchacho y la política que lleva adelante Fernández”, dijeron por lo bajo.
En la misma línea opinó el referente de Parte en Río Cuarto, Hernán Vaca Narvaja: “No nos parece una designación feliz ni responde a los criterios de idoneidad y compromiso de las designaciones nacionales”, evaluó.
Diferente fue la postura de Hugo Abrahan. El dirigente del PJ evitó refererirse al episodio que derivó en el alejamiento de Peralta, dos años atrás, y consideró que “se trata de alguien que ha demostrado su capacidad de trabajo”. “Lo tomo como una muy buena noticia, y desde aquí le auguro una gran gestión”, dijo.

