“Siempre la base escenográfica ha influido mucho en mis obras y ello permite lograr diseños de otro tipo, más libres, más espectaculares. Y por suerte hay un grupo de clientes en Suecia a los que les gusta eso. ¡Menos mal! (sonríe)”.
Abelardo González muestra en su relato la humildad que caracteriza a los grandes profesionales y parte de esa cualidad puede tener origen en la formación educativa y social que adquirió en su Hernando natal, que lo acompaña hasta el día de hoy del otro lado del mundo, en la ciudad de Malmö, donde reside hace varios años.
En diálogo con Puntal ADC, recuerda su paso por la escuela Nacional en la primaria, y al Instituto Pablo Pizzurno, en donde cursó el bachillerato.
El primer paso tuvo por norte a la ciudad de Córdoba, donde ingresó en la carrera de Arquitectura y transcurrido un año se abocó a su otra pasión: el teatro.
“En Hernando fuimos muy privilegiados porque tuvimos profesores muy buenos y a la vez no éramos muchos estudiantes. También en Córdoba, donde contábamos con profesores de gran nivel”, sostiene González.
Trayectoria
Ya recibido, en la capital provincial trabajó en la Escuela de Teatro donde fue ayudante de reconocidos escenógrafos tales como Leal Rey y también con el entonces director, Jorge Petracchia.
“Terminé arquitectura y con una beca, en el año 1968 hice una práctica como estudiante en el Ministerio de Obras Públicas de la ciudad de Ankara, en Turquía. Luego volví a Córdoba y fui nombrado director de la Escuela de Teatro de la Universidad Nacional y también estuve 3 años dando clases en arquitectura y en teatro. Luego obtuve una beca para ir a Polonia y estando allí logré otra para hacer un doctorado que duraba 5 años”, comenta el profesional.
“Mientras estuve a cargo de la Escuela de Teatro en Córdoba, recuerdo que trabajamos con una actriz de Río Cuarto, muy talentosa, llamada Norma De Feo. Era una actriz brillante”, expresa.
Y agrega: "Como era poco dinero lo que me dejaba la beca, trabajaba en Suecia en los veranos. Allí hice contactos y trabajé en la Ópera de Malmö. Además, me contrataron en la ciudad de Lund para dar clases en la Universidad, donde hice investigación y me convertí en profesor. Luego formé allí mi propia oficina (estudio de arquitectura) y desde allí en adelante participo de congresos y diseño viviendas e interiores, muebles y otras cosas”.
Así, entre la arquitectura y el arte escénico, Abelardo González desarrolló importantes obras para la Ópera de Córdoba, en el exTeatro Rivera Indarte (hoy, teatro San Martín), como así también en Malmö. “Mientras estuve a cargo de la Escuela de Teatro en Córdoba, recuerdo que trabajamos con una actriz de Río Cuarto, muy talentosa, llamada Norma De Feo. Era una actriz brillante”, expresa.
Y añade: “Antes de ir a Suecia, estuve vinculado con la arquitectura y el teatro inglés, y en ese marco pude participar de los festivales de teatro y arquitectura. Hice escenografías para ballet, como por ejemplo, para el reconocido Cascanueces y también para La Sonámbula”.
Reconocimiento
A fines de los ‘80 fue premiado en Inglaterra tras publicarse en una revista especializada la obra de un hotel de su autoría y desde allí no paró de recibir clientes para trabajos. En Suecia, González es reconocido por sus diseños de interiores de discotecas, night clubs y restaurantes, y con el advenimiento de una crisis económica en los años ’90 se inclinó hacia el diseño de viviendas y hoteles, debido a que los espacios de ocio se vieron resentidos notablemente en su actividad. Una de las primeras casas que diseñó y por las que adquirió reconocimiento fue la que realizó para el compositor Per Gessle, del dúo Roxette, que luego le dio paso a varias propuestas más.
“Actualmente, participo de críticas de la universidad y estoy muy abocado al diseño de viviendas. Es una arquitectura muy personal la que hago, siguiendo siempre una línea”, precisa el arquitecto nacido en Hernando, Córdoba. Recientemente, fue convocado para exponer los trabajos materializados a lo largo de su trayectoria en el Museo de Arquitectura de Estocolmo, que comparte espacio edilicio con el Museo de Diseño. Su obra también dejó huellas en países como Suiza y Turquía, donde sus diseños son requeridos con periodicidad. González admite que siempre anhela con visitar Argentina, pero reconoce que en esta etapa de su carrera en la que está al frente de su propio estudio, le resulta más difícil tener la previsibilidad de disponer de un tiempo prudencial porque llegan nuevos proyectos de envergadura por atender, que demandan su seguimiento casi permanente.
Javier Borghi

