Los grandes grupos de acreedores de la Argentina preparan una contraoferta formal para la reestructuración de la deuda por unos US$ 66.000 millones, mientras el presidente Alberto Fernández los desafió ayer a presentar una propuesta "razonable", cuando al país le quedan diez días para evitar el default.
"Si hay una contraoferta razonable, no tenemos empacho en analizarla, pero que la hagan", dijo este martes el presidente en una entrevista con Radio Rivadavia.
En el mercado creen que la contraoferta llegaría entre este jueves y el viernes próximo.
Los acreedores tienen a su favor la baja aceptación que tuvo la primera propuesta de reestructuración, que habría sido del 20% según fuentes de la city porteña, aunque el Gobierno no dio el dato oficial.
En el mercado creen que una vez que los grandes fondos de inversión hagan esa contraoferta, el gobierno argentino presentaría una mejora en un intento por zanjar la disputa antes del 22 de mayo próximo, el nuevo límite puesto por la Argentina para negociar antes de caer en default.
El banco asesor Lazard y el estudio de abogados Cleary Steen Gottlieb & Hamilton (CGS&H), contratados por la Argentina, son los mediadores con los bonistas bajo la promesa de negociar de buena fe.
El Grupo Ad Hoc, integrado por los inversores BlackRock, Templeton, Ashmore y Fidelity; el Comité de Acreedores de Argentina y el Grupo de titulares de Bonos del Canje, preparan la propuesta.
Los bonistas insistirían en la eliminación de la quita de capital propuesta por Guzmán y que llega al 5,4% del total adeudado, que no representa mucho en términos de pago, se especuló en el mercado.
Los otros puntos serían que la Argentina mejore la oferta de pago con capitalización de intereses durante el período de gracia que se bajaría a dos años, y realizar los primeros desembolsos en 2023.
Los acreedores no quieren que el Gobierno impulse acuerdos parciales con bonistas más pequeños y reclaman que la jurisdicción por posible conflictos sea la Justicia norteamericana.
Desde el Palacio de Hacienda extraoficialmente confirman que "hay negociaciones desde el domingo pasado" con el objetivo de "superar los desencuentros de la primera fase y lograr un acuerdo".
Los voceros sostienen que si bien el gobierno argentino está presionado por las consecuencias de un default, los grandes grupos inversores enfrentan también la posibilidad de una crisis global de la deuda, originada por la pandemia, que pone en jaque todas las inversiones en juego.
Por otra parte, el presidente Fernández responsabilizó a los acreedores por la disparada del dólar al asegurar que "tienen cómo molestar en la economía interna", mientras admitió que le "preocupa" la disparada de la divisa norteamericana.
Pese a las medidas tomadas por el Banco Central para contener la suba, el contado con liquidación -una operatoria legal para fugar divisas-, saltó este martes por encima de los $ 141, mientras el MEP, utilizado en la compra y venta de bonos para adquirir moneda extranjera, escaló a $ 118,72.
A ello se suma una creciente presión sobre el mercado paralelo.
En ese escenario, el Presidente indicó: "Esto yo ya lo viví en 2003" y afirmó que "los acreedores tienen cómo molestar en la economía interna y, lamentablemente, estas cosas pasan".
Fernández sostuvo que los acreedores "tienen cómo hacerlo" y resaltó que "tienen mucha gente en la Argentina que se pone al servicio de ellos".
"Es un tema que me preocupa y estamos viendo cómo resolverlo. No hay argumento lógico para que esto pase", consideró.
Ante la crisis causada por la pandemia, cuestionó: "Si la economía cae porque la economía no se mueve, ¿para qué necesitan estos dólares? Para nada, para especular".
El mandatario insistió: "En abril tuvimos una inflación muy acotada, lamentablemente porque está muy paralizada la economía. Entonces, tampoco hay inflación. ¿Para qué necesitan estos dolares? es sólo especulación".

