"Si queremos arreglar la Argentina vieja, nos va a fagocitar; hay que construir una nueva"
En un año fuertemente político y cargado de un proceso electoral que comenzó temprano en las provincias y que a partir de ahora se intensificará a nivel nacional por la elección a presidente, la Fundación Barbechando organizó el primer congreso de políticas públicas para la agrobioindustria en donde confluyeron referentes de las cadenas del agro, políticos y asesores de los principales candidatos.
Allí se propuso un intercambio de ideas, pero especialmente se puso sobre la mesa la situación de estancamiento productivo del país en contraste con otros de similares características y se sumaron ideas e iniciativas que podrían dar vuelta ese estado de cosas.
En diálogo con Tranquera Abierta, Germán Paats, presidente de Barbechando, destacó que el encuentro “superó las expectativas. Es la primera jornada de este tipo donde convocamos a la política a un diálogo y a mostrarle que una Argentina distinta es posible, pero hay que hacer las cosas de otro modo. En ese camino creo que fue una jornada muy interesante donde se desencadenaron conversaciones y espacios de convergencia muy ricos. Y sobre todo pudimos presentar y analizar qué pasó en países similares o con matrices productivas parecidas. Cómo habiendo implementado políticas públicas que permitieron el crecimiento y el desarrollo de la agrobioindustria han tenido un éxito extraordinario mientras nosotros estamos igual desde hace décadas. Eso es tan impactante que sin ninguna duda a cualquiera que pueda estar a favor o no de la agroindustria lo hace pensar. Cuando uno tiene un vecino que vende lo mismo que uno, pero los clientes van todos a él, uno no produce y suma problemas mientras el otro no para de crecer, naturalmente que se llena la cabeza de preguntas”, reseñó.
Hablamos de Brasil, por ejemplo...
Sí claro, pero no solamente Brasil. En los últimos 15 años Chile multiplicó su producción por 4, Perú lo mismo; Bolivia y Paraguay por 3,5 y Uruguay un poco menos, pero cambió su matriz productiva y por lo tanto también creció mucho. Y más lejos, Ucrania también creció mucho pese a las obvias dificultades y multiplicó su economía por 6 en 15 años.
Entre los que tienen más o menos el mismo potencial, casi que somos una excepción...
Casi, no. Somos la excepción! Hay un trabajo hecho por Fada que muestra 6 países similares a la Argentina en capacidades productivas y remarca quiénes tienen derechos de exportación, tipo de cambio diferencial, intervención de mercados, entre otros puntos. Ninguno tiene esas cosas salvo Argentina, pero sus PBI se multiplicaron y nosotros seguimos estancados. Los datos están arriba de la mesa, son contundentes, nos estamos empobreciendo de una forma inimaginable.
¿Este estado de cosas fue el disparador para convocar a esta primera jornada de políticas públicas para el agro?
Nos movilizó la situación en que está la Argentina; la Argentina está muy mal y en la Argentina estamos todos peleados. El mensaje principal del congreso es que es “con” la política y no “contra” la política. Lo que hemos visto de afuera son ejemplos en los que la política y el sector productivo, aún con sus enormes diferencias, aprendieron a trabajar de la mano para buscar soluciones a los problemas. Eso es lo que tenemos que entender en la Argentina. Tenemos que tratar de romper el “tra” de la palabra “contra” y quedémonos con el “con”. Y tenemos la responsabilidad y obligación de hacerlo porque el país está en un pozo sin salida. Entonces, o nos ponemos a trabajar en conjunto o seguiremos en ese pozo. Y también entendemos que así como nosotros escuchamos a la política, como ciudadanos, sociedad, sector productivo o industria, la política tiene que aprender a escucharnos porque no tiene la obligación de saber todo, pero sí escuchar a los que saben para hacer mejor las cosas.
De ahí la idea de poner sobre la mesa el potencial que están viendo para el sector si se cambian las formas de hacer las cosas...
Exactamente. Le pusimos sobre la mesa el potencial que tiene la agrobioindustria en la Argentina. Pero ese potencial no se va a desarrollar si no hacemos las cosas distinto. Está claro.
No lo estamos aprovechando...
No lo aprovechamos e incluso no lo estamos viendo. Tenemos varios problemas en la Argentina, estamos llenos de problemas. Pero la agrobioindustria puede ayudar a solucionar muchos como el del empleo, el federalismo. Porque si repensamos estratégicamente el país podemos hacer que el NEA crezca, que el NOA crezca, que Cuyo crezca. Tenemos que empezar a pensar en forma estratégica en Argentina. Y el sector agropecuario y bioindustrial tiene por delante una demanda de empleo de calidad que hay que aprovecharla. Tenemos para cuadruplicar las exportaciones, pero para eso hay que cambiar las formas de hacer las cosas. No podemos seguir haciendo las cosas igual y esperar que la cosa cambie. Hoy vemos muchas pymes complicadas, con posibilidades de cerrar, cuando el sector podría estar explotando productivamente y ayudando al país a desarrollarse. Por eso le presentamos este conjunto de ideas a las que le pusimos Argentina +47.
¿Por qué el nombre?
Porque no solamente está pensado en los 46 millones de argentinos que están en el país sino también para el millón que vive afuera, que se fueron a buscar mejor futuro. Hay que invertir el sentido de la puerta de Ezeiza. Y se puede hacer, depende de nosotros.
¿En cuánto tiempo se puede lograr ese salto de la mano de la agrobioindustria?
No estamos hablando de que si hacemos las cosas bien en 15 o 20 años vamos a ver algún resultado. Si hacemos las cosas distintas esto explota en 3 o 4 años. Esto puede empezar a revertirse el año que viene. Brasil en los últimos 16 años multiplicó su producción por 5 y nosotros seguimos igual.
Y lo hicieron con gobiernos bien diferentes...
Bueno, con respecto a eso tengo una anécdota. En el marco del Congreso Internacional de Maíz compartimos un panel con Nilson Leitão, un político y ex diputado federal en su país, es el presidente del IPA (Instituto Pensar Agropecuaria) de Brasil. En ese momento Brasil estaba entre las elecciones y el balotaje entre Lula y Bolsonaro, y le pregunté e Nilson la preferencia del sector agropecuario. Y me contestó que “para nosotros es transparente”. Es decir, un presidente que viene a gobernar 4 años no puede venir a cambiar las políticas públicas de Brasil, porque el país ya decidió qué papel quiere jugar en el mundo. Y pensemos que Lula, del cual muchos políticos argentinos se jactan de que pertenece a la estructura ideológica de él, esta semana presentó el financiamiento de la zafra brasilera más importante de su historia. El Gobierno aprobó 75 mil millones de dólares para la próxima zafra que será récord en Brasil. Y al mismo tiempo hizo una reforma tributaria con la cual bajó la carga impositiva nuevamente a los pequeños y medianos productores. Lula tendrá ideológicamente algún parecido a determinados políticos argentinos, pero miremos qué diferencia marca a la hora de gobernar.
Ratificó el rumbo de los últimos 16 años...
Exacto. Piensa cómo ayudar a ese motor. Hay un lema que tiene el Congreso de Brasil: ‘Si le hace bien al agrobusiness, le hace bien a Brasil’. Ellos al “con” lo tienen incorporado hace mucho tiempo.
¿Qué falta en la Argentina para iniciar ese camino?
Nos falta romper el “tra”, trabajar con la política, acercarnos, empezar con lo que estamos de acuerdo y estar convencidos de que tenemos que hacer las cosas de forma distinta. Pero soy optimista.
¿Por qué?
Porque creo que estamos en una crisis sin precedentes y porque veo en el Congreso un empoderamiento que no tenía 15 años atrás. Creo que dejó de ser la escribanía que los argentinos nos acostumbramos a ver las últimas décadas. Hay en el Congreso muchos diputados y senadores con una enorme capacidad intelectual y con el convencimiento de que tienen que ayudar a sus provincias. Durante años el Congreso trabajó en contra de los intereses de las provincias, porque se concentraba en darle facultades delegadas al Poder Ejecutivo y que el Ejecutivo genere impuestos no coparticipables. Y esos impuestos lo que hacen es terminar de empobrecer a las provincias. Si hay iniciativas que van en contra de los intereses de esas mismas provincias los diputados y senadores deben levantar su voz. Un ejemplo claro fue el de la Ley de Humedales; quiénes frenaron ese proyecto el año pasado. Fueron las provincias. Los gobernadores dijeron que los legisladores no iban a acompañar aunque sean del mismo espacio político. Si los diputados y senadores empiezan a trabajar defendiendo los intereses federales de la Argentina, somos optimistas.
¿Ese optimismo se puede fortalecer por la oferta electoral que se empieza a definir para las presidenciables?
Creo que uno de los cambios que tenemos que hacer es que un Poder Ejecutivo tiene que venir a administrar una coyuntura de 4 años. No puede venir a decidir si el país va hacia Oriente o hacia Occidente. Es el Poder Legislativo el que tiene que definir las políticas públicas que les dé herramientas a los argentinos y al Poder Ejecutivo para construir una Argentina distinta. Tiene que ser el Congreso, que es el que tiene la representación de todas las provincias, de todos los habitantes y de todos los partidos políticos. Tenemos que aprender a que esa es la casa de los consensos. También soy optimista porque la oferta que hay hoy entiende que hay que hacer las cosas distintas en su gran mayoría, y eso es importante. No creo que ninguno diga que hay que seguir igual porque estamos pésimo, algo hay que hacer distinto.
¿Tienen una agenda para conversar con esos candidatos?
Si, ya lo estamos haciendo con ellos y con sus equipos económicos y asesores. Estamos poniendo ideas arriba de la mesa, lo que creemos que hay que hacer distinto, sino nos vamos a seguir empobreciendo. Entendemos en definitiva que no se trata de arreglar la Argentina vieja, sino que se trata de crear una nueva. Si queremos arreglar la Argentina vieja, nos va a fagocitar.