“Lo que me traje de Argentina y que todavía me anima casi cotidianamente es el ENET Nº 1 de Río Cuarto. La cristalización de muchas cosas tuvo lugar en esa escuela y sigue siendo para mi muy importante. Allí aprendí mi cultura, a la mañana en las clases de Matemática, Geografía e Historia, y por la noche al tocar la materia, a transformar materiales. De un cilindro de acero, hacer una cabeza de martillo. Con dos cables, prender una bombillita de luz. Y ése sigue siendo mi presente”.
Marcelo Joulia celebró el pasado jueves los primeros 30 años de su estudio de arquitectura en París y, en diálogo con Puntal ADC trazó un repaso de su carrera que hoy lo encuentra en su mejor momento y con grandes desafíos por delante.
Con grandes proyectos materializados en las principales ciudades del mundo, el arquitecto franco-argentino que transitó parte de su adolescencia en Río Cuarto mantiene presente aquel capital aprehendido en lo que es hoy el Colegio Industrial y que le sirvió para valerse de la posibilidad de “fabricar sus propias herramientas”.
Recientemente, lanzó una nueva plataforma en donde pueden recorrerse algunos de sus proyectos a través de la realidad virtual en metaverso, con lo que reivindica tal posibilidad de valerse de herramientas, ahora aggiornado al mundo digital.
“A los 14 años aprendí en el Enet Nº 1 a hacer mis propias herramientas: martillos, destornillador y hasta mi propio escalímetro, y hoy sigo tratando de aprender a construir mis propias herramientas en el mundo virtual”, sostiene el titular de “Naço Estudio” que esta semana presentó una exposición dando cuenta de los principales proyectos cumplidos en su trayectoria.
-¿Cómo fueron sus inicios en la profesión?
-Cuando yo estaba cursando el tercer año de Arquitectura en la Escuela de Bellas Artes, acá en París, la lógica que se planteaba era que empezaría a trabajar en paralelo al estudio, en un taller de arquitectura. Pero yo ya quería tener mi propio estudio y en el tercer año de arquitectura me conseguí un local que era un sótano, sin ninguna luz, y empecé en ese sótano a diseñar las cosas para la Escuela y, a la vez, a conseguir clientes privados. Como no podía diseñar casas ni edificios, porque aún no estaba recibido, empecé haciendo lámparas. Las diseñaba y las fabricaba, todo yo mismo. Mi estudio empezó así, trabajando sobre la luz y es la luz la que permanece en todos mis proyectos entre 30 y 35 años después. Yo me decía en mi cabeza: ‘diseño lámparas, después diseñaré muebles, después estanterías, después sillas, después objetos, luego escenografías, después llegaré a conseguir clientes de interiorismo y finalmente clientes de arquitectura. Esa era mi visión, pero sobre todo era la de no ir a trabajar a un estudio ya formateado, clásico, con años de trayectoria. Esa fue siempre mi visión, mi sueño, y es la realidad de hoy, 35 años después.
-¿Cómo transita el presente?
-Esas etapas que te mencioné se fueron cumpliendo y hoy somos una agencia consagrada, con proyectos en varios países del mundo, con edificios de 30 a 35 mil metros cuadrados de superficie, con proyectos junto al chef Mauro Colagreco, con hoteles cinco estrellas en Roma, en las Islas Mauricio, en Londres, en París, entre otras ciudades. Nunca creí realmente que íbamos a llegar a dónde hemos llegado hoy. Realmente, soy honesto, siempre tuve fe. Pero era más la energía de llevar algo en el alma para construir, que una estrategia calculada, verificada. Era más un sueño, un deseo y acá estoy en París, con 350 personas confirmadas que vienen a la exposición de mi estudio.
En la muestra que Joulia preparó se pudieron apreciar distintos tipos de desarrollos materializados por el arquitecto a lo largo de su incipiente carrera. Accesorios, lámparas, muebles, calculadoras, copas de fruta y hasta una radio, además de sus distintos megaproyectos de arquitectura que ya tienen previsto una muestra exclusiva en el centro de París para el inicio de la próxima primavera europea.
Recientemente, Joulia también presentó su libro “Intuición” de 560 páginas, con toda la información sobre su trayectoria profesional. “Yo tenía un poco de temor por esta exposición, pero al final noté mucha ternura. La gente no solo ve mi pasado sino que ven la vida que han vivido, porque son objetos que han marcado hitos en sus vidas. Y este es un muy buen momento en el cual me digo: ‘Guau, es fantástico todo lo que hiciste, pero todo lo que viene será mucho mejor’. Y en eso estoy”, señala el arquitecto.
-¿Cuáles son su próximos desafíos?
-Serán tratar de seguir imaginando el futuro pero de una forma más amigable, con menos consumo de energía, menos desperdicio y más sentido de respeto a la tierra. Y es justamente lo que estamos haciendo ahora con Mauro (Colagreco). Un espacio con ladrillos de adobe, construidos con tierra de la zona donde se materializa el espacio y con paja del lugar. Cosas que quizá en Argentina resulten más común de ver, porque ranchos de adobe existieron y existen aún, pero acá en París hace centenares de años que no existen, y volver esto acá, para mí, es un verdadero futuro. Yo a los ranchos de adobe los conocí cuando era chico pero hoy, con 30 años de trayectoria construyendo en ciudades del mundo, quiero volver a lo sensato, a lo simple, a lo elegante, a lo honesto. Y eso es para mí el futuro.
Javier Borghi

