Un techo que acuna al cielo o un plano que abraza al visitante unen a la arquitectura con la poesía. Y el “todo” se despieza en formas, en escenas.
Son fragmentos de un mismo proyecto: una casa de unos 160 metros cuadrados cubiertos diseñada sobre un barrio semipúblico del oeste de la ciudad y pensada para un residente que planea recibir periódicamente a sus familiares y amigos en ese lugar.
Quizás esa finalidad de abrir el espacio a la visita de seres queridos conectó al cliente con un profesional de la arquitectura que busca por estos tiempos dar plasticidad y simpleza a sus obras, de manera tal que sean cobijo del entorno que la rodea como así también de quienes la habiten.
El propio Jorge Márquez admite ante Puntal ADC que se encuentra en una etapa de su carrera profesional en la que no sólo busca satisfacer las necesidades del comitente sino a la vez “llenarse con sus propias obras”.
“La intención de mi búsqueda personal está en estas cuestiones de ablandar la arquitectura, de depurarla y de simplificarla, con el convencimiento de que la arquitectura que conmueve despierta lo mejor en las personas que la habitan”, reflexiona el profesional.
En ese mismo sentido, valora la idea de contenedor y contenido, destacando su interés de lograr una arquitectura despojada, en la que el usuario pueda también darle protagonismo a lo que desee transmitir con sus propios objetos personales.
“Creo que si a una obra de arquitectura se la satura de elementos le quita la posibilidad a quien la va a habitar de transmitir lo que realmente quiere”, explica Márquez.
Lenguaje propio
En el caso de la vivienda proyectada en barrio El Reparo, los recursos como curvaturas en techos, planos y solados contribuyen a romper con el lenguaje cubista que por estos tiempos cobran hegemonía en la arquitectura local. También, la presentación de la piedra a modo de láminas expresan contrastes de liviandad impensada en un material tan rústico, todo ello sobre un mismo plano sinusoidal.
“En el proyecto se considera una ceremonia de acceso a la casa. En lo que se refiere a la fachada, abrimos una curva que se manifiesta en planta, tanto en piso como en losa, y persigue la idea de abrazar al que llega a la vivienda como así también de alguna manera abrazar al vacío, a lo no construido, al aire y a la calle”, señala el profesional.
Y agrega: “El concepto de buscar una arquitectura que empiece a generar la curva, implica de alguna manera ir rompiendo con algunos parámetros de diseño que estamos viendo más universales o más normales. Estudiamos como la curva rompía tanto en quiebres y ritmos de la construcción, saliendo de un esquema octogonal para lograr otros gestos”.
“Arquitectura poética”
La propuesta de vivienda se materializa en una cochera-quincho que se abre al patio, con una galería que se presenta en una parte cerrada y en otro sector abierta y estructura en voladizo. La casa cuenta con un dormitorio en suite y medio dormitorio más para recibir a nietos, fundamentalmente, mientras que en otro sector tiene un antebaño y un baño social.
Márquez resalta que con lo que se denominan gestos “se busca intenciones con el suelo y con el cielo”. “Entonces aparece esto de acunar el cielo y de tomar la tierra, pero a su vez despegándonos. Buscamos generar un gesto a través de una curva, como si fuera un papel que se va doblando, donde también se trabaja la piedra de una forma muy laminar. Cuando vamos a hablar de la materialización vemos que la piedra sube parte de esta curva, de este gesto, donde no se sabe hasta dónde es piso y hasta dónde pared”, sostiene el profesional.
En la obra, algunos voladizos junto con perforaciones en losa sirven de marco para el entorno natural, trayendo el contexto a la propia casa. Asimismo, en el acceso a la casa se prevé la incorporación de un árbol en un hueco vacío curvo donde se ubica de fondo la raja que da a la cocina de la casa.
“Allí se ubicará un tamiz de un elemento natural que incorporamos, que es la madera, en este caso. Para poder visualizar este árbol a través de estas rajas verticales”, especifica.
Consultado respecto del interés por incluir la naturaleza en sus proyectos, Márquez señala que desde estudiante tiene por referentes a arquitectos de otras épocas que han trabajado el “verde” como elementos entre volúmenes y no tanto como parques exteriores.
“Creo que esta intención se da con la formación de cada uno, con la plasticidad o del vínculo que cada uno tiene con el arte, de alguna manera. En mis tiempos de facultad, visitaba todo museo que me encontraba en mi camino y con el tiempo, he tratado de traer esa memoria al presente”, resume.
Por su simplicidad y su morfología, la obra se presenta con un lenguaje propio donde el visitante encuentra calidez desde el ingreso hasta su recorrido interior.
Por Javier Borghi

