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Arroyo: 1 de cada 4 argentinos recibe actualmente asistencia alimentaria

El ministro de Desarrollo Social detalló que hay 11 millones de personas que asisten a comedores o acceden a un bolsón. Adelantó 3 ejes de esa cartera para la pospandemia: empleo, renta básica y urbanización de villas

El ministro Daniel Arroyo destacó que, “más allá de que la urgencia pone el eje en la asistencia, la salida es con empleo”.

 

El profundo deterioro de la situación social en el país ya tiene cifras contundentes. Según el Ministerio de Desarrollo Social que conduce Daniel Arroyo, hay 11 millones de argentinos que reciben asistencia para poder comer cada día en merenderos, comedores o con bolsones en todas las provincias. Frente a ese escenario, el Gobierno se plantea un escenario para la pospandemia que tiene como objetivo transformar la asistencia en empleo y para ello elaboró tres ejes centrales: trabajo, ingreso y urbanización de villas.

En una entrevista con el programa radial Buen Día Río Cuarto que se emite por la Digital 91.9, Arroyo explicó además que está en carpeta el cambio del IFE por una renta básica universal, aunque ese ingreso familiar de emergencia está confirmado en su tercera etapa, que comienza a liquidarse el 10 de agosto por terminación de documento y con prioridad para los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo.

“Creemos que la política social pospandemia tiene tres ejes claros: trabajo, ingresos y urbanización de los 4 mil barrios populares que hay en el territorio nacional y donde viven 4 millones de argentinos”, enfatizó el ministro de Desarrollo Social.

¿Cuál es la idea para llevar adelante eso?

En cuanto al empleo, pusimos en marcha el programa Potenciar Trabajo, que ya está funcionando en la provincia de Córdoba, y teniendo en cuenta que hay 5 sectores productivos de mano de obra intensiva para los sectores más pobres, que son los que van a quedar sin trabajo masivamente. Esos sectores son la construcción, la producción de alimentos, el textil, la economía del cuidado y el reciclado. Son los que vemos con posibilidades de reactivación en mano de obra intensiva. Armamos un esquema para vincular planes sociales con trabajo con un sistema de crédito no bancario para que las personas accedan a máquinas y herramientas y además para que sean monotributistas sociales, que no tengan que pagar durante 24 meses y mientras tanto puedan facturar y vender. En un primer tramo queremos generar de esta manera 300 mil puestos de trabajo.

¿En materia de ingresos piensan transformar el IFE en una renta básica?

En cuanto a la renta básica, partimos de la realidad de que hoy el IFE llega a 9 millones de argentinos con distintas características y estamos analizándolo y evaluándolo. Pero en el mundo se está estudiando un esquema de renta básica, vinculado con trabajo y capacitación.

¿Y en cuanto a la urbanización?

El eje de la urbanización de los 4 mil barrios populares apunta a donde hay hacinamiento y donde falta agua potable y servicios básicos. Eso es primero un derecho al hábitat, pero también un gran plan de empleo. Los tres ejes están integrados y forman parte del camino de salida en lo social.

¿Esos tres ejes integran el conjunto de 60 medidas que se anuncia a nivel nacional para la pospandemia?

Esas medidas las va a anunciar en su momento el presidente Alberto Fernández y claramente tienen un componente económico fuerte, pero en lo social estos tres ejes forman parte de lo que construimos para la política pospandemia. Hoy la política social es 90% asistencia alimentaria y 10% trabajo. Tenemos un total de 11 millones de personas que reciben asistencia alimentaria. Por eso la intención es ir transformando eso y que el año próximo el eje central sea el trabajo.

¿Esa situación obliga a sostener el pago de IFE o hay intención en ir cambiándolo rápidamente?

Si hay más pagos de IFE hacia adelante hay que analizarlo. Se terminó de pagar la segunda etapa y lo que permitió es que prácticamente se bancaricen todos los beneficiarios y eso hace más simple y rápido todo. Ahora comienza el pago de la tercera etapa a partir del 10 de agosto y luego está todo muy vinculado al nivel de apertura que se logre y de actividad económica. Hay, en ese sentido, muchas diferencias en las regiones del país porque hay zonas en fase 1, muy restrictivas, y otras un poco mejor en ese sentido.

¿Qué lugares del país son hoy más preocupantes en materia social, además del conurbano bonaerense?

Si uno lo ve en cantidad de personas, siempre la situación más delicada en Argentina está en el conurbano bonaerense, en Gran Rosario, Gran Córdoba y San Miguel de Tucumán, que son conglomerados grandes. Pero después tenemos la Patagonia, con medio habitante por kilómetro cuadrado, pero que presenta la situación de la pobreza con frío, que es la peor combinación en estos contextos tan duros.

¿Cuál es el diagnóstico que hay hoy del panorama social del país?

La situación social es crítica pero estable. Insisto en que hay 11 millones de argentinos que reciben asistencia alimentaria y eso tiene que ver con cuatro realidades: las personas que ya estaban en los comedores o merenderos; las que hacían changas y muy eventualmente asistían a un centro comunitario a comer pero que ahora se les complicaron las changas; por otro lado, aquellos que nunca estuvieron en un comedor y tenían un trabajo informal integrado, como un taxista, un remisero, el que hace durlock, que le cayeron a cero sus ingresos y se comió el ahorro que podía llegar a tener y comenzó a ir a un comedor; y, finalmente, una parte compuesta por un segmento más pequeño pero impactante que tiene que ver con aquellos que tienen un trabajo formal, tienen recibo de sueldo y aun así no les alcanza. Eso conforma de alguna manera la realidad social más crítica de la Argentina. Por supuesto que hay mucha presencia del Estado para contener ahí, con el IFE, asistencia alimentaria, los salarios de parte del sector privado. Pero claramente hay mucha gente en situación crítica y con mucha angustia. Y, por otro lado, hay mucha red social, conformada por iglesias, organizaciones sociales y escuelas que sostienen esta situación tan crítica.

¿Esto último configura la gran diferencia con respecto a la crisis de 2001?

Hay dos diferencias con 2001. Una, que hay más Estado. En 2001, antes de que llegara Duhalde a la Presidencia e impulsara el plan Jefes y Jefas de Hogar, había 200 mil personas con planes sociales. La realidad hoy es objetivamente muy distinta, en todo tipo de cobertura del Estado. Y también hay una gran red social que se potenció a partir de aquel año. Creo que todos aprendimos de 2001. Habría que agregar además que hay más red productiva, mucha gente que se reconvierte con iniciativas propias. Todo eso ayuda a sostener una situación que, medida por la caída de la actividad a nivel mundial, es inédita.

¿Cómo imagina ese tránsito entre la asistencia y el empleo en el país?

La intención de transformar la asistencia alimentaria en trabajo es revitalizar la movilidad social ascendente. La política social debe dar pescado, enseñar a pescar y garantizar que haya peces en la laguna. Dar pescado es lo que mayormente se realiza hoy por el contexto que tenemos; enseñar a pescar es capacitar, preparar; pero por otro lado hay un respaldo a sectores productivos, cadenas, para que haya peces. Está claro que en el momento más crítico de la pandemia el eje central fue el primero, pero objetivamente la salida es el trabajo.

Y en cuanto a recursos, ¿cómo está el ministerio?

Desde el punto de vista presupuestario, el Ministerio de Desarrollo ejecutó al 30 de junio el 120% del presupuesto anual. Eso tiene que ver con las prioridades fijadas por el Presidente de empezar por los últimos y claramente con la necesidad de mucha gente.

¿Qué vínculo tiene el ministerio con organizaciones que trabajan en el plano social, como Unicef o la UCA?

Tenemos mucha vinculación, en particular con la UCA y Unicef. Personalmente, tuve mucho contacto siempre y venimos conversando y analizando la realidad. La importancia que les damos a sus estudios, más allá del número o del porcentaje de pobreza que se pueda publicar, es el tema de los manchones que uno ve para saber dónde avanza más la pobreza, dónde hay más dificultades, lo que se ve en el mapa del territorio. Si bien para todos es importante el dato, para la gestión es muy relevante detectar la zona en la que la pobreza crece, o determinar en dónde se está complicando más. Esos estudios son centrales también y muchos son realizados por universidades de manera muy sólida. También tenemos en cuenta otros sobre desarrollo local, posibilidades de regiones y demás.

¿Qué piensa de los casos de concejales en el norte que recibían el IFE?

Hay que revisarlo claramente, pero estamos hablando de un programa que llega casi a 9 millones de personas y si alguien lo cobra sin que corresponda claramente hay que revisar. El IFE es para el monotributista A y B, el monotributista social y el que está en la informalidad. Es para ese universo. Si hay gente que no corresponde, habrá que depurar.

Se destinaron $ 690 mil millones por la pandemia en el país

Según el balance oficial difundido ayer por el gobierno naional, un total de $ 690.000 millones fueron destinados a financiar subsidios en el marco de la pandemia de coronavirus durante el primer semestre del año, informó el secretario de Hacienda, Raúl Rigo.

Al brindar detalles en el Congreso de la Nación sobre el proyecto de ampliación del Presupuesto 2020 ayer, el funcionario nacional dijo que esos fondos fueron destinados a financiar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), la Asistencia a la Producción y el Trabajo (ATP) y el Fondo Nacional de Desarrollo Productivo (Fondep).

Según precisó la Casa Rosada en el inicio de la semana, 38 mil millones llegaron a Córdoba y alcanzaron mayormente a beneficiarios de IFE, ATP y también el pago extra de la Asignación Universal por Hijo, aunque además se destinaron recursos como Aportes del Tesoro Nacional a la Provincia y fondos para infraestructura sanitaria; entre ellos, los necesarios para la inauguración del hospital modular.