La danza es un arte que viene de tiempos ancestrales, lo que permite que evolucione en diversos estilos en los que el cuerpo de la persona, acompañado normalmente con música, logra expresar lo que le transmite la melodía.
A su vez, es un espacio de interacción social con fines artísticos, de entretenimiento o profesionales.
Por esto, son miles de personas las que deciden en su vida tomar clases de danza y otras deciden profesionalizarse en esta rama del arte.
Una de ellas es Patricia Ghiglione, que desde los 4 años se adentró en el mundo de la danza clásica.
La bailarina es riocuartense, tiene 66 años y es directora de la Escuela de Balllet Río Cuarto.
“Es una comunión la danza entre el cuerpo y la mente que hace que uno pueda expresarse y generar un lenguaje a través de los movimientos”, destacó Ghiglione.
En el ballet, como en cualquier otra danza, no sólo es importante conmoverse uno mismo sino también conmover al que está presente mirando el baile e invitarlo a compartir ese momento con el otro.
“Todas las expresiones se unen en la danza, ya sea felicidad o tristeza; más allá de la técnica, la danza es un disfrute”, remarcó Ghiglione y apuntó a que no hay una edad límite para hacer lo que a uno le gusta.
Sobre el ballet destacó que, a pesar de los prejuicios sociales, “es para todo el mundo, porque está en la personalidad de cada uno y en lo que puede transmitir”.
La bailarina recordó que en una de sus clases que tomó en el exterior había personas de 80 años compartiendo clases con niños y adolescentes y añadió: “Bailar con tu cuerpo, que es tu instrumento, es una maravilla, sentís una explosión de felicidad”.
El ballet como compañero de vida
En diálogo con Puntal, la bailarina recordó cómo fueron sus primeros pasos por la danza clásica.
“Mi abuelo era ucraniano y él amaba el ballet, entonces mi mamá nos inculcó que las tres hermanas realizáramos esta disciplina”, dijo la bailarina y manifestó su satifacción frente a su recorrido por la danza.
“Me siento bendecida de poder enseñarles a niños, adolescentes y adultos porque a través de la danza podés ver reflejado el alma de cada uno de ellos”, apuntó la directora.
Ghiglione asegura que la danza es una profesión, por lo que hay que formarse en esta disciplina.
“Uno tiene que dar lo mejor y poder plasmar tu calidad de trabajo y lograr en el alumno trasmitirle todos los conocimientos adquiridos”, comentó la bailarina y acentuó que a través de la enseñanaza vas dejando una parte de tuya en cada uno de ellos, porque sos su modelo a seguir.
La Escuela Ballet Río Cuarto hace 42 años se encuentra en la ciudad, donde Ghiglione es la directora del mismo y es un paso de grandes bailarines.
La directora remarcó que son varios niveles para el aprendizaje de ballet y son 4 las profesoras que diariamente enseñan danza clásica.
“Es una comunión la danza entre el cuerpo y la mente que hace que uno pueda expresarse y generar un lenguaje a través de los movimientos”.
No obstante, Ghiglione subrayó: “No me baso en la cantidad de alumnos sino en la calidad de trabajo y en que cada niño, adolescente y adulto se sienta conforme y a gusto con el ballet” y remarcó que en ballet la técnica es fundamental, aunque también es importante incorporar el disfrute y la pasión por la danza.
“La técnica debe ser aprendida a conciencia, debe ser a los 6 años porque es la edad justa para incorporar dichos conocimientos”, dijo la profesora e hizo hincapié en que el aprendizaje sea realizado de manera placentera y no generar ciertos momentos de frustración.
Por tantos años recorridos en esta disciplina, la riocuartense tiene un gran vínculo con Lidia Segni, quien fue directora del Ballet Estable del Teatro Colón en Buenos Aires. Ellas trabajan en conjunto hace más de 44 años.
Su relación comienza cuando Segni vino a la ciudad a seleccionar un ballet y Ghiglione fue elegida para esta presentación.
Las dos bailarinas y profesoras compartieron viajes a New York, a Londres, a París, a Moscú, San Petersburgo, entre otros lugares, en los años 2016 y 2018 para mejorar la técnica y la calidad de enseñanza.
“Toda mi vida bailé, es una forma de comunicación universal y la danza es sanadora”, dijo la bailarina apuntando a que lamentablemente hace dos años perdió a su marido; no obstante, ella junto con sus tres hijos pudieron salir adelante de esta situación.
Por esto ella a pesar de este altibajo siguió trabajando, ya que la danza aliviaba ese dolor, esa pérdida que había vivido.
“La vida es un escenario; si te caés, te volvés a levantar y no pasa nada, porque nadie se va a dar cuenta”, apuntó la bailarina remarcando que uno tiene que recuperarse luego de momentos tristes en la vida.
Así fue como Ghiglione fue sanando la pérdida de su marido.
“Con 66 años sigo bailando y no podría dejar de bailar, porque me siento plena, me siento de 20 años”, destacó la bailarina recordando que en sus clases muchas veces realiza saltos y no puede creer cómo el tiempo va pasando y ella se siente mejor.
“El arte enriquece la vida, logra mejorar ciertos puntos o sentidos que tiene, escuchar la música y fluir con ella, es una bendición”, comentó la bailarina y agregó que el ballet y la escuela para ella son los que la hacen ser la profesional y la persona que es hoy.

