Espectáculos artes-visuales |

Alan Quevedo En un jardín rodeado de olivos

Se inaugura hoy en Lápiz Galería & Taller la muestra del destacado artista visual argentino

Hoy a las 19hs. en Lápiz Galería & Taller (Sobremonte 1682) se inaugura la exposición En un jardín rodeado de olivos de Alan Quevedo, con curaduría de Marta Rivero. Además, la muestra contará con la presencia del sommelier Franco Soma, quien acompañará a los presenta a degustar vinos de la firma Open Wines: Riglos y Huarpe Wines.

aq2.jpg

Sobre la exposición escribió Rivero: “En esta muestra nos encontramos con una selección de obras de Quevedo en las que trabaja e insiste desde hace tiempo. Pasa del retrato al paisaje, dos géneros que con obstinación domina. Su narrativa poética nos remite al mundo de las formas naturales que a simple vista nos trasladan a un paisaje lejano, a un retrato de una flor tal vez conocida, al cuerpo o a una parte de un cuerpo. Al observar sus trabajos algo se suspende, una sobre mirada descompone el tiempo y las formas que ellos <flores, cuerpos,="" paisaje=""> testimonian, modifican nuestros sentidos. El espacio y el tiempo quedan perturbados borrosamente en nuestra mirada, son ellos los que nos envían señales de una sobre escena. Es el tiempo de la alteración, del movimiento turbulento que se produce en el tejido continuo de los aspectos naturales, como las flores de Blossfeld participan de una bajeza que hace soberano su grano material, su tactilidad a menudo repulsiva, de a ratos deshilachada u horripilante, viscosa o erizada pero más aún su vocación por reventar, por marchitarse en un tiempo siempre más rápido que uno hubiera deseado, dice Bataille en un texto de D. Huberman.</flores,>

aq3.jpg

La pintura pesada y matérica del óleo y las tizas sobre un lienzo desarmado y el empaste cromático indeterminado junto a la repetición del tema trasuntan el propio viaje de Quevedo que en la re-producción se vuelve constructo de los géneros que lo atraviesan: paisaje y retrato. Podemos ver la influencia del simbolismo suizo de Arnol Bocklin con su serie La isla de los muertos, pero a diferencia de este, Quevedo no repite la imagen sino que vuelve en cada uno de sus paisajes al mismo clima, se mete en el centro de ese jardín que menciona rodeado de olivos. Quevedo dice: vivimos de una promesa, al final obtendremos un pasaje al jardín del paraíso. Del bosque venimos y del bosque nos alejamos para tener un jardín donde controlar las malas hierbas, desde allí es desde donde diagramaremos y diseñaremos el espacio. Pero el vergel se transformó en una planicie de cemento donde, con suerte, podremos jugar. Quizás ya no existe lo salvaje y no hay lugar para los mitos, ni los cuentos, ni las leyendas…Tal vez, este sea el comienzo de otro relato.

El sitio y la mirada, la vida y la muerte se cruzan, se mezclan, derivan. Quevedo luego fija una escena y la vuelve contundente, ya no hay manera de ver sus paisajes con inocencia, ni sus flores, ni sus personajes sin vacilar porque además de ser pintados desde una imagen real que podríamos asociar o reconocer, funcionan porque transmiten un hecho, no informativo o real, sino con eso que nos transforma al observar. El artista nos muestra que la belleza de las cosas es factual y se entremezcla con el horror de una promesa que, en la infancia, en ese tiempo lejano, no se alcanza a asir, pero se nos muestra desde sus trabajos y es por eso que en ese mirar aparece para nosotros lo inasible”.