Paco Rodríguez Ortega: "Trato de generar obras de arte que produzcan una ruptura"
Laureano Martínez
Especial para Puntal
La muerte
El arte de Paco Rodríguez Ortega suele brindarnos diversos aspectos para analizar: las líneas, la textura, los colores. Pero detrás de todas estas cuestiones técnicas se impone, de manera sutil, el tiempo.
“Yo en general trabajo con una conciencia sobre lo perecedero, sobre el deceso”, cuenta Paco, con la convicción que le dieron tantos años de creación. “Las imágenes tienen la presencia de la figura humana o de entes biológicos, como animales, árboles o la vegetación. Los huesos, las ramas, lo textil, las tramas, funcionan como elementos visuales lineales con los cuales voy construyendo formas en donde aparece el color de manera subordinada. Trabajo con una amplia paleta, pero siempre subordinada a la imagen. En ese sentido, la sensación que quiero producir es el enfrentamiento a una imagen desgastada o corroída por el paso del tiempo o por los agentes de la naturaleza. Pretendo que el espectador tome conciencia de ese fenómeno”.
En su niñez atravesó dificultades respiratorias que le impidieron realizar grandes esfuerzos físicos. “Quizás hay en mi búsqueda algún aspecto autorreferencial ligada a una salud bastante débil, y en definitiva a una conciencia sobre la muerte que tuve desde muy chico. De todas formas, el cuadro termina siendo lo que quiere, pero siempre trato de perseguir esa idea”.
Podríamos decir que Ortega plasma en sus pinturas o murales temáticas filosóficas, como por ejemplo la conciencia de muerte expresada por Martín Heidegger.
“Un reconocido filósofo existencialista solía decir que 'Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él'. Esa construcción dual también se pone de manifiesto en el arte" dice Paco, parafraseando a Jean Paul Sartre, y reafirmando ese camino compartido entre su obra y la filosofía.
La vida
Rodríguez Ortega nació en Río Cuarto el 6 de agosto de 1975. Desde niño, y acompañado por su abuelo, frecuentó exposiciones en la ciudad y se interesó por las ilustraciones de los libros de anatomía y biología. A los trece años inició estudios de dibujo con el reconocido artista local Ángel Vieyra. Tiempo más tarde tomaría clases con el Maestro Carlos Alonso, de quien recibiría consejos fundamentales para el desarrollo de la actividad.
Presentó su primera muestra en 1996 y desde entonces realizó más de treinta exposiciones, destacándose en Galerías de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. La última muestra tuvo por nombre Vestigios y fue presentada en nuestra ciudad.
“Me encanta Río Cuarto. Es el lugar donde nací. Es el lugar donde energéticamente siento que tengo que estar. Me gusta que vean aquí antes que en ningún otro lado”.
La energía
Energía es una palabra que siempre está presente en la verbalización de Paco. También la mencionó, quizás sin percatarse de ello, cuando habló sobre su rol como docente.
“Yo daría clases en cualquier lugar donde sienta que la energía está direccionada de manera verdadera a la enseñanza. Lo que me alejó de algunas instituciones es ver que hay un esquema de burocracia que busca justificar trabajos o puestos. Como no estoy dispuesto a bancar ciertas situaciones decidí salir, pero a mí me encanta ser profesor”.
Habla sin apuro, tratando de elegir con cuidado las palabras que saldrán a expresar su pensamiento. Con esa precisión, casi quirúrgica, va elaborando una definición tan reflexiva
como atrapante.
“La energía creo que es la manifestación del espíritu, del estado vital, del hálito vital. Indudablemente hay algo que nos habita y es tan trascendente que existe antes del cuerpo mismo y sigue después del cuerpo. Yo no tengo dudas de que hay una energía que nos habita”.
La creación
Los períodos de creatividad que experimenta Paco suelen ser intensos. Encerrado horas adentro de su taller le va dando forma a los cuadros que luego el público podrá apreciar en las galerías o centros culturales. Durante otros períodos, en cambio, se aleja de sus herramientas, pero no de la sensibilidad.
“Yo nunca siento que me acerco o me alejo del arte. Para mí es una continuidad donde estoy todo el tiempo produciendo. ¿Qué es estar produciendo? Bueno, es estar pensando en la acción de hacer sin necesariamente hacer. Yo puedo estar leyendo, viendo un video, paseando en el parque y todo eso estará conectado con la sensibilidad necesaria que me llevará al taller a pintar. Estoy en una frecuencia donde siempre capto sensaciones, sonidos, sombras, texturas, rajaduras, manchas de humedad, expresiones”.
La pintura
¿Qué piensa sobre el arte? ¿Qué significa para él la pintura? Y, sobre todo, ¿qué significa para él ser pintor?
“No dejo de pensar que la pintura, para la mayoría de las personas, es un objeto decorativo, ligado al entretenimiento, a pasar el rato en una inauguración de una muestra y no más que eso. Me encantaría creer que la plástica en términos políticos tiene la capacidad de hacer pensar de manera distinta. Yo dudo de eso, porque hay hechos fehacientes que me hacen dudar. Por ejemplo, el Guernica de Picasso, que narra de manera tan extraordinaria la naturaleza del ser humano, a tal punto que se convierte en un símbolo antibélico, no logró que las guerras dejaran de existir, ni lo logrará. Entonces, desde un punto de vista, podríamos decir que el arte fracasó como mensaje. Si vos me decís que gracias a ese cuadro nunca más volvió a existir una guerra entonces el arte sí habría funcionado. Creo que no funciona en términos políticos y, en el mejor de los casos, podría producir una ruptura o un quiebre en algunas personas. Yo como pintor me comprometo justamente con esas personas. Trato de generar obras de arte que produzcan una ruptura y que en lo posible el día de mañana sigan teniendo vigencia. Ese es mi compromiso”.