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Flesia: "En Atenas siempre todo nos costó mucho, por eso lo disfrutamos el doble"

El exjugador y referente del Albo, bicampeón en la década de 1970, hizo un retrato de la identidad del club de la Marconi, que hoy cumple 105 años de historia
 

Los 9 de julio, los hinchas de Atenas tienen doble celebración. No sólo se cumple un nuevo aniversario de la independencia argentina, sino también de la fundación del club “de la Marconi”. Hoy, el Albo está festejando 105 años de historia. La entidad sigue siendo una de las referencias deportivas de la ciudad.

A lo largo de los años, son muchos los nombres que se asocian con los colores de Atenas, desde Livorio Sosa hasta Darío Zarate, pasando por Nicolás Gatto y Carlos Domínguez. Pero hay un apellido en particular que está marcado a fuego en el césped de la cancha de calle Cabrera: Flesia. Eduardo y Marcelo, padre e hijo, fueron referentes en etapas gloriosas de la entidad.

Eduardo, campeón en la década de 1970, dialogó con El Deportivo sobre estos 105 años de historia alba.

-Atenas cumple 105 años. ¿Qué lugar tiene para usted el club?

-Es una parte importante de mi vida. He dejado muchos años allí y he encontrado muchos amigos también. Yo siempre digo que ser hincha de Atenas es un privilegio, a pesar de que sufrimos por de más, ganamos sobre la hora, siempre esperando hasta el final. Por otro lado, eso te da también mucha fuerza y muchas ganas. Tiene una hinchada espectacular, que lo sigue a todos lados y aguanta todo. Yo viví la última gran experiencia siguiéndolo a mi hijo. Esa tarde, en Tucumán en 2007, cuando se da el ascenso al Federal B, nunca lo viví, fue espectacular. El hincha de Atenas es pasional y seguidor.

-En esa cuestión pasional, ¿cómo se vive el actual contexto?

-Lamentablemente estamos viviendo una situación muy difícil, en la que estamos todos encerrados. Tenemos que cuidarnos y vacunarnos. Pero bueno, hay que aguantar. Nosotros, las personas mayores, estamos viendo cómo se nos cortan muchas cosas y proyectos, pero lo importante es cuidarse, para aprovechar cuando pase todo esto.

-Atenas siempre ha sido un club que ha tenido recordados marcadores centrales, usted, su hijo, Livorio Sosa, Cristian Acosta…

-Justo me estaba acordando, ahora que lo mencionás a Livorio. Él debe haber sido uno de los mejores jugadores que yo vi en el fútbol argentino. Estaba recordando, porque leí en un artículo sobre el mundial de 1950, que el uruguayo Obdulio Varela dijo que hay tres personas que hicieron callar al Maracaná: “Frank Sinatra, el Papa y yo” y me acordé, salvando las distancias, que son muchas, lo que nos ocurrió con Livorio en una oportunidad. Fue cuando yo era suplente de él en Atenas. Iban 20 minutos de juego, en un clásico contra Estudiantes, y Livorio, a quien le sobraba todo, no estaba teniendo una buena tarde, debe haber sido la única mala tarde. Don Delio Remedi, que era el técnico, me manda a calentar. Yo no sabía por qué. Entonces empiezo a calentar y cuando sale la pelota afuera, don Delio pide el cambio y dice que el que sale es Livorio Sosa. En ese momento, el estadio se calló. Ni los de Atenas ni los de Estudiantes podían creer que lo estuviera sacando en el primer tiempo. Ese recuerdo no me lo voy a olvidar jamás. Fue mi debut en Atenas. Yo había llegado hacía poco de Tiro Federal. Tuvimos la suerte de ganar 2 a 1.

-¿Cómo fue esa relación con Livorio Sosa?

-Él era muy generoso. El me veía jovencito y se daba cuenta de que yo quería jugar. En el vestuario, en la semana, me decía: “Che, gringuito, ¿querés jugar? Yo me hago el lesionado”. Para mí eso era increíble porque ningún jugador te va decir eso. Él era sí. En 1971 ya jugamos juntos. El de primer marcador central y yo de segundo. Eso fue un lujo.

-Imagino que tendrá otros recuerdos dando vueltas…

-Tengo muchos. Cuando me casé, en 1972, fue un sábado a la noche, en la previa de un clásico con Estudiantes, faltando tres fechas para el final del torneo. Jugué ese partido, me fui de luna de miel y volví para el último partido en Coronel Moldes. Ahora, lo que tengo más presente es lo de Marcelo. Nosotros con mi esposa lo seguimos a todos lados a Marcelo. Ese partido en Famaillá, cuando mete el último penal, yo no sabía dónde meterme, como hincha, como padre.

-¿Cómo lo ve hoy al equipo? ¿Pudo ir a la cancha este año?

-No he podido ir este año. Pero yo siempre digo que en el 2007 se hizo un cambio en Atenas. Lamentablemente nosotros tuvimos esa sequía de 30 años y no ganábamos nada. Pero cuando se gana ese certamen, aparecieron muchos hinchas de Atenas, sobre todo entre los más chicos.

-¿A Estudiantes le hizo bien ese resurgir?

-Por supuesto. Porque Estudiantes estaba muy arriba acá. Jugaba sin presión ni motivación. Pero cuando Atenas llegó, empezó a medirse y eso hizo que también creciera. Fue muy linda esa etapa de 2007 a 2010.

-¿Cómo es la gente de Atenas?

-Es muy pasional. Como siempre todo nos costó mucho, lo disfrutamos el doble. Durante mucho tiempo hubo dirigencias que trabajaron mucho, pero al tener billeteras “flacas”, no se pudo conseguir un campeonato. Hubo momentos que para mantener a flote al club se hacían milagros. Nosotros, en una época, jugábamos por la recaudación y cobrábamos cada quince días. Cuando yo llegué nos pagaban muy bien a todos, pero después se fue complicando.

-¿Cuál sería el histórico estilo de juego de Atenas?

-La garra es fundamental en Atenas, pero también ha tenido jugadores de jerarquía. Pero siempre la garra ha estado presente. De algún lado la sacábamos. Eso es fundamental. Pero no sólo adentro de la cancha, también afuera. Yo veo lo que hoy están haciendo los dirigentes, en medio de este contexto tan difícil.

-¿Qué compañeros recuerda de aquella época?

-A muchos. No me quiero olvidar de nadie. El Pupo Domínguez es uno. Si yo tuviera que armar un equipo, él está adentro. Juan García también. Con él jugábamos de memoria. Siempre me acuerdo que cuando venía un delantero, yo siempre lo llevaba hacia su pierna menos hábil, me cuidaba más que no pasara la pelota y lo dejaba patear, porque yo sabía que al Juan no se lo hacían. Pero fueron muchos los compañeros muy buenos que tuve.