Río Cuarto |

Aumentan los casos de depresión con las tensiones de fin de año y los balances de las fiestas

Con el cierre del 2019, y tras un año complicado, surgen casos de angustia, en un período en el que se espera que todo sea alegría.

El cierre del año es un período de balances, de lo que se hizo o dejó de hacer en este 2019. A veces los análisis no brindan buenos resultados y tras doce meses de intenso trabajo, algunos quizás sin descanso, las tensiones aumentan en la calle. 

Más de un episodio se puede presenciar en la vía pública, donde hasta por un malentendido dos personas terminan discutiendo hasta llegar a instancias físicas. El calor no ayuda, menos la dura situación económica, y si a todo esto se suman los números que no cierran para irnos de vacaciones, el combo se hace explosivo. 

Con quién se pasan Navidad y Año Nuevo aportan algún poroto, y la imposición social de que todos debemos ser felices, más en esta época del año, completan el contexto en el que, de acuerdo a lo que indican los especialistas, aumentan los casos de frustración, angustia y hasta depresión.

Consultado sobre esta realidad, Marcos Igarza, presidente de la delegación del Colegio de Psicólogos de Río Cuarto (MP: 7.014), analizó los factores que inciden en este contexto y consideró que es fundamental ser mesurados a la hora de hacer estos balances propios del fin de año. 

“Se asocia al verano, las vacaciones y las fiestas de fin de año a la felicidad, como si hubiera socialmente un mandato por el que debemos ser felices, pero nos encontramos con muchas personas que tienen un registro muy distinto desde lo individual, que no todo es alegría”, consideró el especialista en este sentido. 

Igarza explica que en este contexto, cuando la persona descubre que no encaja con ese estereotipo que se espera, puede sufrir mucha angustia en la frustración. 

“Todos, de una u otra manera, esperamos la llegada del verano, nos relajamos, nos distendemos, y la vida cotidiana, las presiones y diversas problemáticas hacen que no necesariamente se lo logre, algo que frustra mucho”, explicó en su análisis el especialista. 

Sostiene que “paradójicamente, en esta época del año aumentan las tasas vinculadas a los trastornos de depresión, de ansiedad, crisis de angustia, porque uno no necesariamente tiene por qué encajar con ese mandato social”, destacó, y consideró que es fundamental tener en cuenta que en estas fechas, como en todo el año, la realidad no es la misma para todas las personas; “es importante pensar que para muchos no todo es alegría”, señaló.

- ¿Suele generarse angustia a partir de la comparación con el otro?

- Sí, totalmente, y tiene que ver con esa búsqueda de la felicidad. Se mira la mesa navideña del de al lado, y ve un largo tablón en el que están todos contentos y disfrutando, lo que pone en evidencia los conflictos propios, con sus vínculos familiares. A veces en las mesas de fin de año se hacen muy presentes las ausencias, de un familiar con el que no se juntan por algún conflicto, o alguien que ha fallecido, y en ese contexto uno se encuentra con cómo se elabora la pérdida.

Con el cierre del año

Es inevitable en estas fechas mirar hacia atrás y pensar en todo lo que pasó o debería haber ocurrido en el año. Las fiestas, como los cumpleaños, traen consigo esos balances que por momentos pueden ser algo nocivos. 

- ¿Cómo se enfrentan los balances de fin de año para que no afecten también en este contexto de tensiones?

- En esto es importante tener hábitos saludables a la hora de hacer balances, porque es interesante hacer proyecciones que sean viables, y a la hora de hacer el balance no centrarse en lo no logrado o lo pendiente, sino hacer una valoración positiva de las cosas que sí se han podido concretar. Hay que ser mesurados porque en diciembre no vamos a resolver lo que no hemos hecho en todo el año. Hay que responsabilizarse y trabajar continuamente por los proyectos que uno tiene y no tener una expectativa mágica de que en un par de días se vaya a resolver algo por lo que no trabajamos durante el año.

Algo fundamental que destaca Igarza es la necesidad de comprender que el cambio de año implica un corte arbitrario. Nada cambia del 31 de diciembre al 1 de enero más allá de los almanaques, y de que casi no hay un alma en las calles el día festivo. Luego sigue normalmente la vida de todos, por lo que esos análisis no deben ser interrumpidos por las fechas, los proyectos continúan. 

“El 2 de enero tenemos que seguir trabajando en lo mismo, los que estudian siguen sus carreras universitarias, los que tienen proyectos deben seguir avanzando”, explicó el presidente de la delegación del Colegio de Psicólogos, y destacó que es por esto que es necesario “ser mesurado con los balances y no tener una visión apocalíptica de que lo que no se hizo hasta el 31 de diciembre no se hará más”.

- ¿Cuánto afectan los aspectos económicos en esta época de tensiones?

- Mucho, porque el no tener las necesidades básicas satisfechas termina siendo un potenciador del malestar. No se puede pensar en salud mental si hay cuestiones estructurales que no están resueltas. Es algo que nos enferma, que nos despierta mucha preocupación, porque genera malestar, una incertidumbre que se enfrenta como se puede. Son cosas que repercuten en la vida anímica, en las relaciones, en cómo vemos a los demás y al mundo en sí.

El especialista aclara que no hay recetas para enfrentar esta realidad, porque cada uno enfrenta a su modo este contexto, por lo que no corresponde dar consejos prácticos a seguir. De todas formas, es clave entender la pluralidad de sensaciones y cada uno pensar cuáles son sus sentimientos.

“Llega fin de año y uno quizás descubre que se siente de una manera particular que no es ni la deseada ni la buscada socialmente, y en lo individual puede no transitarse por la alegría”, explicó Igarza, mientras que consideró que ante esto “lo saludable creo que es saber darles cabida a los sentimientos y emociones que pueden no corresponderse con lo esperado, y poder tramitarlas, habilitarse cada uno a sentir lo que le está sucediendo”.

- ¿Cómo se presentan estos estados?

- Está el que extraña a un familiar, el que se separó y pasa por primera vez las fiestas solo o sin sus hijos, el que cambió de trabajo, el que no lo encuentra, hay muchas situaciones que nos afectan y que no necesariamente tenemos que sentirnos felices o alegres.

Finalmente, Igarza describe que esta tensión que se siente en la vida cotidiana también es influida por el valor que cada uno le da a las fiestas. “Hay una multiplicidad de sentidos que uno les da. Hay personas que las asocian a la diversión y las salidas, otros que toman y comen de más, otros que le dan  un sentido religioso y algunos que lo hacen desde una arista existencial”, destacó el psicólogo, y explicó: “Todo este bagaje de experiencias creo que tiene que tener un lugar en estos momentos”.

Y concluye Igarza: “El hecho de compartir con otros, dar regalos, todos esos rituales, hay que ver si realmente nos reconfortan o lo estamos repitiendo por una costumbre”.

Luis Schlossberg

Redacción Puntal


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