Habló la madre del joven baleado en el río: "A mi hijo lo dejaron morir en el hospital"

Jésica Barzola, mamá de Lautaro Figueroa, reconstruye los hechos desde que le avisaron que su hijo de 22 años había sido baleado múltiples veces en la zona de Playa Bonita

Lautaro Figueroa fue baleado en la costanera del rÍo en la ciudad de Río Cuarto

 

Eran las 7:15 cuando el teléfono de Jésica Barzola sonó. La abuela paterna de Lautaro Figueroa le avisaba que a su hijo lo habían baleado en la zona de Playa Bonita. Hoy Jésica exige que se esclarezca tanto el brutal ataque en la costanera de Río Cuarto, como lo que califica de "negligencia" dentro del centro de salud.

La madrugada fatal en Playa Bonita

Según relata su madre basándose en los testimonios que recopiló, el joven de 22 años —quien había recuperado su libertad hacía unos meses tras estar detenido por causas vinculadas a las drogas y buscaba rehacer su vida trabajando en una panadería— podría haber salido en defensa de un compañero de trabajo que discutía en el lugar.

En medio de la gresca, la violencia estalló. De acuerdo con los videos caseros y los relatos que circulan entre allegados, por los cuales Jésica ya se ha presentado en tribunales, el ataque involucró a varios sujetos. Actualmente hay tres personas detenidas e imputadas en la causa —identificadas como Bustos (vecino del barrio y sindicado como el autor principal), Jonathan Castro y Jennifer Cardoso—, mientras que la familia señala la participación de otros involucrados, como un joven que puede verse vestido de blanco en algunos vídeos y que habría disparado el primer proyectil y otro prófugo, señalado como el proveedor del arma.

"Él dio su vida por un amigo, porque salió a defender a un compañero", expresa Jésica con impotencia, lamentando además las demoras en la llegada de la ambulancia y la falta de resguardo de una escena donde, asegura, había más de una decena de personas.

El ingreso al hospital

Al llegar al hospital, describe a su hijo completamente pálido y perdiendo ingentes cantidades de sangre a causa de nueve impactos de bala, especialmente uno que afectó gravemente el fémur y comprometió una arteria.

Lo que más lacera a la madre es lo que ocurrió en las horas posteriores: asegura que, a pesar de ingresar consciente, relatando cada detalle del ataque y con signos vitales, ningún equipo médico contuvo la hemorragia de forma efectiva. "Él hablaba y hablaba, relataba todo hasta el momento del disparo. Pero la sangre no paraba nunca", sostiene.

Según su testimonio, el joven penó durante horas en la guardia y luego en una habitación sin que se le practicaran transfusiones urgentes ni se actuara sobre las heridas de la espalda y las extremidades a tiempo, hasta que sufrió un paro cardíaco. "A mi hijo lo dejaron morir en el hospital. Hoy estaría sin una pierna, pero estaría vivo" - sentencia con dolor.

Cómo avanza la cuestión judicial

Mientras la causa avanza bajo secreto de sumario y la fiscalía interviene a través de los carriles legales correspondientes, Jésica choca contra trabas burocráticas para acceder a los resultados de la autopsia y reclama que se periten con mayor profundidad los videos caseros y las cámaras de la zona. Recientemente, la familia habría accedido a una abogada para constituir la querella.

"La única verdad la sabe mi hijo, que se la llevó a la tumba, y los que estuvieron ahí", reflexiona. Del otro lado, una madre que recorre pasillos judiciales y visita diariamente el cementerio busca respuestas que sanen, al menos en parte, una herida abierta que golpea de lleno a toda la comunidad de Río Cuarto.