Que sea un hasta pronto, Banda Norte
El Verde perdió 3 a 0 en su visita a Racing de Córdoba y descendió
Córdoba (especial para PUNTAL).- En Nueva Italia se esfumó la ilusión de Banda Norte de aferrarse a la categoría. Acompañado por unas 400 personas, el Verde cayó 3 a 0 ante Racing en un duelo desigual que los descubrió a ambos con sus paisajes y ambiciones tan distintos. El local, con el primer puesto asegurado y la cabeza en los duelos de playoff que se vienen, presentó un equipo alternativo que jugó con la soltura del que no tiene nada por perder. Banda Norte, en cambio, fue un manojo de nervios e imprecisiones que lo abrazaron hasta paralizarlo. Y condenarlo.
Extrañó la propuesta del equipo riocuartense. Debía ganar para no depender de otros resultados y asegurarse, al menos, un desempate. Es decir, el futuro descansaba en sus propias manos. Pero no pareció entenderlo así. La impresión fue que su mayor apuesta estaba en lo que sucedía a 90 cuadras, en cancha de Las Palmas, donde Peñarol jugaba en sus mismas condiciones. Lo que era bueno para uno, sería malo para el otro. Pero Banda Norte hizo muy poquito y quedó rehén de las noticias que llegaban del otro escenario.
Parado muy atrás, con sus centrales siempre en el borde de su propia área y la línea de volantes muy cerca, arrimar peligro al arco local sonaba a utopía. Sólo Schiavoni, en el primer tiempo, gestó un par de buenos ataques y de sus pies alumbraron algunas aproximaciones. Nada más. Su (escasa) ambición no se correspondía con lo que estaba en juego.
Racing, sin hacer demasiado, monopolizó pelota y territorio y rompió el cerco riocuartense a los 40 minutos con el primer gol de Leichner.
Casi en simultáneo, desde el barrio Las Palmas llegaban buenas noticias: gol del local. El descanso fue alivio y oportunidad. Aún no había nada perdido.
El segundo tiempo no ofreció mejorías. El segundo gol de Racing, a los 10 minutos, obra de Luna, acabó muy pronto con el partido y trasladó toda la expectativa a la suerte de Peñarol. A esa altura, Banda Norte estaba descontrolado: la expulsión de Flores, por roja directa, fue una muestra. Con poco por hacer en Nueva Italia, la cuestión era mantener la conducta por si habría desempate y encender velas en el otro partido. No hubo milagro.
Cuando el marcador propio estaba 0-3 (Leichner otra vez), las radios anunciaban gol de Peñarol.
El final fue de desconcierto y tristeza. “¿Qué pasó? ¿Cómo va Peñarol?”, preguntó Freile a su banco tras el último pitazo. La respuesta se evidenció en su gesto, en sus manos cubriéndose el rostro. Los muchachos de verde se quedaron unos minutos en el campo a esperar por alguna buena noticia que no llegó nunca. Su gente, que los alentó y aplaudió aun en la derrota, les hizo el aguante en esa dolorosa vigilia. Que sea un hasta pronto, Banda Norte.
Extrañó la propuesta del equipo riocuartense. Debía ganar para no depender de otros resultados y asegurarse, al menos, un desempate. Es decir, el futuro descansaba en sus propias manos. Pero no pareció entenderlo así. La impresión fue que su mayor apuesta estaba en lo que sucedía a 90 cuadras, en cancha de Las Palmas, donde Peñarol jugaba en sus mismas condiciones. Lo que era bueno para uno, sería malo para el otro. Pero Banda Norte hizo muy poquito y quedó rehén de las noticias que llegaban del otro escenario.
Parado muy atrás, con sus centrales siempre en el borde de su propia área y la línea de volantes muy cerca, arrimar peligro al arco local sonaba a utopía. Sólo Schiavoni, en el primer tiempo, gestó un par de buenos ataques y de sus pies alumbraron algunas aproximaciones. Nada más. Su (escasa) ambición no se correspondía con lo que estaba en juego.
Racing, sin hacer demasiado, monopolizó pelota y territorio y rompió el cerco riocuartense a los 40 minutos con el primer gol de Leichner.
Casi en simultáneo, desde el barrio Las Palmas llegaban buenas noticias: gol del local. El descanso fue alivio y oportunidad. Aún no había nada perdido.
El segundo tiempo no ofreció mejorías. El segundo gol de Racing, a los 10 minutos, obra de Luna, acabó muy pronto con el partido y trasladó toda la expectativa a la suerte de Peñarol. A esa altura, Banda Norte estaba descontrolado: la expulsión de Flores, por roja directa, fue una muestra. Con poco por hacer en Nueva Italia, la cuestión era mantener la conducta por si habría desempate y encender velas en el otro partido. No hubo milagro.
Cuando el marcador propio estaba 0-3 (Leichner otra vez), las radios anunciaban gol de Peñarol.
El final fue de desconcierto y tristeza. “¿Qué pasó? ¿Cómo va Peñarol?”, preguntó Freile a su banco tras el último pitazo. La respuesta se evidenció en su gesto, en sus manos cubriéndose el rostro. Los muchachos de verde se quedaron unos minutos en el campo a esperar por alguna buena noticia que no llegó nunca. Su gente, que los alentó y aplaudió aun en la derrota, les hizo el aguante en esa dolorosa vigilia. Que sea un hasta pronto, Banda Norte.