Río Cuarto | Base Marambio | Ipem N° 283 Fray Mamerto Esquiu | Eduardo Palacios

Un recorrido que no tiene fin: desde el sexto continente hasta ser director

En la década del 90, Eduardo Palacios fue seleccionado para ser parte de la dotación antártica en la Base Marambio en el centro científico. Hoy es director del Ipem N° 283 Fray Mamerto Esquiu de Río Cuarto

En el continente blanco, en la Base Marambio, Eduardo Palacios se desempeñó en el centro científico que depende del servicio metereológico nacional.

Siendo parte de las dotaciones antárticas de la década del 90, él realizaba tareas de observaciones meteorológicas de superficie, observaciones de hielo marino y pronósticos del área del sector antártico, una tierra de paz y de ciencia convertida en un laboratorio natural gracias a la actividad humana.

Hoy, desde hace un par de años, es director del Ipem N° 283 Fray Mamerto Esquiu.

Además es personal militar de la Fuerza Aérea, ya retirado, llevando consigo experiencias, conocimientos y mucho estudio para poder emprender el viaje al sexto continente.

“Tuve una preparación previa en el servicio meteorológico nacional sobre meteorología de superficie para desarrollar esa tarea en el continente antártico y formación profesional en cuanto a la observación del hielo marino”, expresa Eduardo, y recuerda sus pasos previos antes del viaje en el Servicio de Hidrografía Naval de la Armada.

Durante seis meses, él se nutrió de todos los conocimientos para poder llevar a cabo de manera eficaz las tareas solicitadas en la Base Marambio.

“Estaba entusiasmado, con incertidumbre y curiosidad de algo desconocido y experimentar algo que para nosotros a nivel profesional y para mí en lo personal era importante”, recuerda Eduardo en su aventura al sexto continente, lejos de su esposa y sus cuatro hijos, quienes eran muy pequeños en ese momento.

Un año de convivencia y experiencias en un lugar inhóspito, con personas desconocidas que poco a poco se hicieron amigos, el riocuartense viajó con dos compañeros de promoción.

Desarrolló actividades durante los 365 días para realizar las tareas meteorológicas y también de observaciones en la capa de ozono. “No había descanso, se trabaja siempre y las actividades requerían de mucho tiempo. Era fundamental la preparación previa para estas tareas”, destaca Eduardo y agrega que el trabajo es mancomunado con bases chilenas, uruguayas y otros países limítrofes, ya que es una actividad que se desarrolla a nivel mundial.

Una experiencia inolvidable

Eduardo celebró allí sus 33 años, a temperaturas muy bajas en un clima muy riguroso junto a sus 32 compañeros de esta campaña antártica y lejos de su hogar.

El riocuartense rescata en su testimonio dos cuesitones muy importantes en esta travesía: en lo personal, la vivencia maravillosa de los 365 días, y de manera profesional, las tareas que realizó. Él realizaba apoyo operativo y técnico relacionado con el area de meteorología y tránsito aéreo.

“Era una tremenda responsabilidad por parte de todo el equipo, porque el clima es muy inestable y peligroso para las operaciones aéreas. Se toma mucha precaucación para evitar cualquier inconveniente”, remarca Eduardo, quien también realizó estas tareas en la Base Matienzo y en la Base Esperanza del Ejército Argentino.

“Experiencias que te van fotaleciendo en todos los aspectos”, expresa Eduardo con satisfacción de poder conocer lugares tan bellos de nuestra soberanía.

Pese a las heladas, los vientos fuertes que alcanzaban los 100 kilómetros, visibilidad cero por el arrasamiento de la nieve, Eduardo junto a su equipo, con abrigos y medidas de seguridad, se enfrentaban a estos fenómenos meteorológicos para cumplir con su deber encomendada por el Comando Antártico, muchas veces encontrándose con personal extranjero que realizaba sus mismas tareas de países como Uruguay hasta Rusia.

Luego de un año inolvidable en la Base Marambio, como él mismo lo señala, Eduardo se toma la licencia correspondiente, se recibe de la carrera de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales en la Universidad Nacional de Río Cuarto, y vuelve a su actividad en el aeropuerto de la ciudad, además fue docente de nivel medio en distintos colegios y los años los llevaron a ocupar el cargo de vicedirector y actualmente se desempeña como director del Ipem N° 283 Fray Mamerto Esquiu y en el anexo en el barrio Ciudad Nueva, donde hay alrededor de 130 alumnos.

Eduardo trabajó arduamente para la Fuerza Aérea, hasta su retiro, desempeñándose como jefe de estación meteorológica, servicios de tránsito aéreo, su último paso fue ser jefe del aeropuerto de la ciudad.

“Soy un agradecido de que en la vida haya tenido este tipo de actividades y que gracias a Dios todo lo que me propuse en mi camino, lo realicé”, dice Eduardo con un tono de satisfacción, no sólo por lo realizado en el sexto continente, sino también en su actividad educativa. “Sin ninguna duda, con el mismo orgullo en el que transité en la Fuerza Aérea, el estar realizando una actividad educadora, que no es fácil pero tiene un fin tremendamente importante que es el de formar jóvenes y el de aportar día a día el desarrollo personal de cada uno de ellos”.

“Soy un privilegiado de la vida”, es la frase que repite de manera insesante y agradece también de manera especial a su compañera de vida, su esposa Patricia y sus cuatro hijos: Mónica, Silvia, Eduardo y Cintia.

“Por el apoyo constante e incondicional, ellos fueron quienes me han sostenido en los momentos de dudas y cansancio, gracias por estar a mi lado”, finaliza Eduardo, quien valora sus dos caminos profesionales que fueron distintos, pero que a larga son parte de él y representa un recorrido que según Eduardo todavía no tiene fin, aún estando cerca de su jubilación en el ámbito educativo.