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A 30 años del mundial de Argentina 90: La precuela de la Generación Dorada

Diego Osella es uno de los pivots emblemáticos del básquet argentino. Leyenda de Atenas, múltiple ganador y estandarte de la Selección. En diálogo con Puntal recuerda la Copa del Mundo disputada en nuestro país.

Era otro mundo, de eso no hay duda. Si decimos que la final en el Luna Park fue entre Yugoslavia que se desintegraría años mas adelante y la URSS que ya tenía fecha de vencimiento confirmamos esto que hacemos mención.

El muro de Berlín había caído apenas nueve meses antes, la Guerra Fría parecia quedar fuera de los primeros planos y el mundo se comenzaba a reubicar geopilíticamente.

El padre de la Yugoslavia unida Josip Broz “Tito” el marsical había muerto hacía diez años y en la URSS, Mikhail Gorbachov se debatía entre el gladnost y la prestroika, esa apertura política, económica y cultural del país mas extenso del mundo que estaba ya en proceso de descomposición. De hecho los países del Báltico no mandaron sus representantes, nos privamos de ver jugar en la URSS o en Lituania al fenómeno inconmensurable de Arvydas Sabonis.

Era otro tiempo, el básquet argentino vivía la precuela de la Generación Dorada con otra generación riquísima en talento, de todo el país. Ese talento y tamaño llegó a Oncativo, cautivó a Diego Osella quien en exclusiva para Puntal cuenta del mundial a 30 años de Argentina 1990.

-Hacía poco que estaba en la Liga, dos años antes estaba en Oncativo jugando, fue todo muy rápido. Jugar el mundial en Argentina era algo impensado para un chico del interior como era yo, poder jugar, ser titular. Fueron muchas cosas que en ese momento no lo pensaba, me llevaba el ritmo de lo que era el deporte.

Aparte representar a la Argentina como primera incursión en el básquet internacional, fue una experiencia maravillosa.

-El plantel en sí tenía una mezcla de experiencia y juventud como tu caso y Esteban De La Fuente, como los más jóvenes.

-En ese momento la Liga Nacional era muy joven, las estrellas eran Milanesio, Campana, Cortijo y con Esteban (De la Fuente) éramos los más jóvenes y teníamos poca experiencia internacional, no conocíamos mucho el roce con otros países. Era todo nuevo y compartir un plantel con las estrellas de la Liga era un sueño. Estar al lado de esos fenómenos era especial.

-Finalizaron entre los diez primeros, ¿cómo evaluaron la actuación en el torneo?

-En ese momento uno quería más, pero estar entre los diez primeros y pasar a segunda fase era un logro muy importante. Recién estaba empezando la historia que después tendría al equipo siempre protagonista, antes era difícil todo. Clasificarse a los mundiales, juegos olímpicos y hasta los sudamericanos. Medirse con potencias internacionales era algo impensado para nosotros y no teníamos el roce que tuvieron los chicos después en el último tiempo. Era la expectativa de hacer un buen papel por jugar de locales pero la posición que llegamos era la rea-lista que debíamos tener.

-Si había un pívot dominante del mundo FIBA era en puertorriqueño José Rafael “Piculín” Ortiz, ¿Qué recordás de haberlo enfrentado?

-Era el referente en Latinoamérica, él como jugador y Puerto Rico como equipo, junto con Brasil. En esa época teníamos fotos solamente, no era mucho conocimientos ni roce. Con Puerto Rico sí, con ellos jugamos un año antes, marcaban mucho la diferencia por su forma de jugar, eran importantes y eran potencia mundial. Nosotros veníamos muy de abajo y tratando de a poco ir mejorando y compitiendo con esos jugadores que eran referentes en América y el mundo.

-¿Qué era la figura de Carlos “Titi” Boismené entrenador de la Selección Argentina?

-El nos transmitía el compromiso de hacer un buen mundial y por momentos se sentía la presión de hacer las cosas bien. En ese entonces junto con Walter Garrone eran los técnicos más importantes de la Liga Nacional, le tocó dirigir a la selección en su país, lo hizo muy bien, tuvo sus momentos duros por ejemplo la etapa en Córdoba donde teníamos que clasificar sí o sí para poder llegar a Buenos Aires. Ahí se relajó mucho más y pudo brindar la experiencia que tenía.

-Fueron parte integrante de una gran generación del básquet argentino, ¿se consideran reconocidos por el público en general?

-Yo creo que sí. Más allá de que la Generación Dorada fue amplia-mente mejor que nosotros a nivel internacional. Pero creo que todos los que comenzamos la Liga, en mi caso un poco más tarde, fue fruto de todo lo que vino después. Clasificar para un mundial o un juego olímpico era algo muy difícil, impensado a veces. Con pocas plazas y equipos como Brasil, Puerto Rico, Venezuela, algún centroamericano, Uruguay que eran muy difíciles para nosotros. Desde el 90 se empezó a tener otro roce, la Liga Nacional fue creciendo mucho y el puntapié inicial para todo lo que vino después y lo que significa hoy la Selección Argentina.

-Compartiste selección con Jorge “El Gigante” González, ¿Qué representaba su figura?

-Intimidaba mucho, no era fácil, mucho más cuando jugaba cerca del aro. Era muy grande no solo en altura sino en tamaño y metía miedo, aparte muy inteligente para jugar. Después no tenía quizá esas ganas de jugar al básquet o hacer otras cosas. Fue algo impor-tante en la Liga en ese momento, uno quedaba muy chiquito a su lado.

-Sos una leyenda de Atenas y el básquet argentino, ¿te das tiempo para pensar en todo lo conseguido?

-Atenas tiene siempre su nombre importante, más allá de no pasar por un momento como antes. Todo lo que consiguió el club es algo muy lindo y uno participó mucho en ese camino tan glorioso, me siento muy orgulloso de perte-necer. Uno tiene su corazón ahí y sabe que ha contribuido para una historia muy grande de un club del interior.