El hablar pausado, tranquilo, reflexivo son características de toda la vida de Rubén Magnano. Desde Montevideo como director de las Selecciones Uruguayas de Básquet, en diálogo exclusivo con Puntal, hace un repaso desde lo actual con su trabajo hasta su glorioso pasado como entrenador en Atenas y la selección argentina, sumado a lo que vendrá en agosto con los Juegos Olímpicos de Tokio. Un lujo que nos dimos con un emblema de nuestro básquet.
-Cuéntenos cómo es esta nueva experiencia, diferente de lo que es la direccion técnica.
-Es algo que yo estoy descubriendo, es la primera vez que me toca hacer este tipo de actividad. Es algo curioso para mí porque siempre estuve al frente de un equipo. En este tiempo ya he salido con una categoría sub-17 acompañándola a un Sudamericano, buscando la clasificación al Premundial. Es eso, acompañar los procesos de selección e ir armando proyectos para desarrollarlo con vistas a la mejoría del básquetbol uruguayo.
-Es Uruguay un país que centra muchas cosas en Montevideo, ¿qué nos puede decir del básquet en el interior?
-Es uno de los propósitos que tenemos junto con la federación. Es incentivar y crear posibilidades para que nuevamente el básquet del interior, que en un momento fue muy fuerte, pueda volver a obtener ese protagonismo. Ha sido gestor de grandes jugadores el interior, infelizmente no tiene la vidriera de lo que es la Liga Nacional, hay que recuperar eso porque es vital.
-¿Piensa que la Liga Nacional en Argentina ha perdido la pasión que tenía en otro tiempo?
-El tema pasión pasa básicamente por los jugadores, a los que les toca vivir esas experiencias. Particularmente recuerdo el caso de Atenas en los 90, que fue bastante curioso, no sé si se ha dado en otro lado. Lo que vivió Córdoba en esa época con una comunión de jugadores cordobeses, logrando una identidad media provinciana. Si bien de pronto no tiene nada que ver con la pasión, le dio una identidad muy importante, pero creo que son elementos interesantes a la hora de conjugar y evaluar resultados. La pasión es imprescindible, no puede faltar.
-Días atrás cumplió años Marcelo Milanesio, ¿con el tiempo pasado qué dimensión ocupa hoy su figura?
-Yo tengo una relación muy buena con él. Con solo caminar con Milanesio por el centro de la ciudad te das cuenta de lo que significa, realmente es un ícono, es un ídolo total con todas las palabras, además de ser un altísimo referente en la disciplina y el deporte de la provincia. Desde lo personal he sido un afortunado en tener la posibilidad de haberlo dirigido, son de esos jugadores que alivianan muchísimo el trabajo del entrenador.
-Se juntaron hace poco para una entrevista televisiva con Julio Lamas, Sergio Hernández y Guillermo Vecchio, ¿cómo fue ese encuentro de entrenadores históricos de la selección?
-Fue muy lindo haber estado todos juntos, yo lo noté así con alta cuota de curiosidad porque en esa cantidad de años en los que tan pocos entrenadores hayan pasado por la selección, muestra a las claras la coherencia y, como dije en la nota, lo ejemplificaba como una carrera de posta de 4x400, cada uno en su momento corría y entregaba el testimonio al que seguía, manteniendo una idea, una estructura. Esa coherencia ayudó bastante.
-En medio de tanto vértigo que vivimos, ¿cómo recuerda la figura de Palito Cerutti? (Fallecido a los 21 años en un accidente mientras era jugador de Atenas en 1990)
-Yo no tuve tanto tiempo conviviendo con él, pero lo que te puedo decir es que era un joven muy precoz y así jugaba, a muy corta edad lo hacía como un hombre, tomando muchas responsabilidades. Él se proyectaba como el gran pívot de la selección nacional, tenía muchas condiciones, era alguien muy trabajador, muy humilde. Tenía muy desarrollado el tema de saber escuchar, también todo eso era porque tenía como laderos a grandes jugadores, uno de ellos era Milanesio, que fue de gran ayuda para él.
-Fue asistente de Walter Garrone en el Preolímpico de Portland en 1992 y enfrentaron al verdadero dream team (fue derrota 128-87), ¿cómo fue esa experiencia?
-Había una mezcla de sensaciones. Un deslumbramiento total ante tremendos jugadores, inalcanzables y tenerlos a tu lado era una cosa muy curiosa, como un sueño. Ahí aprendí que uno tiene que respetar ese tipo de equipos jugándole al máximo, después el resultado se dirá. Fue muy emblemático.
-El 10 de enero de 1994 vino Magic Johnson a Córdoba para una exibición y campaña contra el Sida y usted dirigía a Atenas, ¿qué recuerda de un personaje histórico como él?
-Era alguien extremadamente carismático que se acercaba a todo el mundo. Tenía un poder de seducción, por así decirlo, tremendo. En ese partido estaba él de un lado y Marcelo (Milanesio) del otro, montaron un show inolvidable.
-Vuelvo a su pasado reciente, ¿qué le dejo el trabajo en la selección de Brasil?
-Fue una experiencia para mí muy enriquecedora, con grandísimos jugadores (Marcelinho Huertas, Anderson Varejao, Leandro Barbosa, todos NBA) con muchos de ellos he mantenido una relación muy buena. A mí me permitió continuar en la vitrina mundial del básquet. Jugando mundiales y juegos olímpicos, cosa que no es menor. Me quedó el sabor amargo de no haber podido pasar de ronda en Río 2016 (derrota épica contra Argentina en dos suplementarios 111-107), para mí fue muy duro soportar eso. Si bien tuvimos muchas adversidades en el camino, creo que podríamos haber tenido la chance de pasar y no logramos el objetivo que nos habíamos puesto.
-Por último, con el gran antecedente del subcampeonato del mundo, ¿cómo ve a la selección en los Juegos Olímpicos de Tokio?
-Vaticinar algo es difícil, no me animo a hacerlo, te lo digo para bien. En el Mundial yo hubiese estado muy satisfecho si nos metíamos entre los ocho mejores y terminamos jugando la final. Si bien un Juego Olímpico es mucho mas sanguíneo y te da pocas chances, creo que Argentina está muy bien. Hay que prepararse duro porque ya todos le van a jugar al subcampeón del mundo y eso lo tenés que contrarrestar con una gran preparación.
Javier Albarracín
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-Es algo que yo estoy descubriendo, es la primera vez que me toca hacer este tipo de actividad. Es algo curioso para mí porque siempre estuve al frente de un equipo. En este tiempo ya he salido con una categoría sub-17 acompañándola a un Sudamericano, buscando la clasificación al Premundial. Es eso, acompañar los procesos de selección e ir armando proyectos para desarrollarlo con vistas a la mejoría del básquetbol uruguayo.
-Es Uruguay un país que centra muchas cosas en Montevideo, ¿qué nos puede decir del básquet en el interior?
-Es uno de los propósitos que tenemos junto con la federación. Es incentivar y crear posibilidades para que nuevamente el básquet del interior, que en un momento fue muy fuerte, pueda volver a obtener ese protagonismo. Ha sido gestor de grandes jugadores el interior, infelizmente no tiene la vidriera de lo que es la Liga Nacional, hay que recuperar eso porque es vital.
-¿Piensa que la Liga Nacional en Argentina ha perdido la pasión que tenía en otro tiempo?
-El tema pasión pasa básicamente por los jugadores, a los que les toca vivir esas experiencias. Particularmente recuerdo el caso de Atenas en los 90, que fue bastante curioso, no sé si se ha dado en otro lado. Lo que vivió Córdoba en esa época con una comunión de jugadores cordobeses, logrando una identidad media provinciana. Si bien de pronto no tiene nada que ver con la pasión, le dio una identidad muy importante, pero creo que son elementos interesantes a la hora de conjugar y evaluar resultados. La pasión es imprescindible, no puede faltar.
-Días atrás cumplió años Marcelo Milanesio, ¿con el tiempo pasado qué dimensión ocupa hoy su figura?
-Yo tengo una relación muy buena con él. Con solo caminar con Milanesio por el centro de la ciudad te das cuenta de lo que significa, realmente es un ícono, es un ídolo total con todas las palabras, además de ser un altísimo referente en la disciplina y el deporte de la provincia. Desde lo personal he sido un afortunado en tener la posibilidad de haberlo dirigido, son de esos jugadores que alivianan muchísimo el trabajo del entrenador.
-Se juntaron hace poco para una entrevista televisiva con Julio Lamas, Sergio Hernández y Guillermo Vecchio, ¿cómo fue ese encuentro de entrenadores históricos de la selección?
-Fue muy lindo haber estado todos juntos, yo lo noté así con alta cuota de curiosidad porque en esa cantidad de años en los que tan pocos entrenadores hayan pasado por la selección, muestra a las claras la coherencia y, como dije en la nota, lo ejemplificaba como una carrera de posta de 4x400, cada uno en su momento corría y entregaba el testimonio al que seguía, manteniendo una idea, una estructura. Esa coherencia ayudó bastante.
-En medio de tanto vértigo que vivimos, ¿cómo recuerda la figura de Palito Cerutti? (Fallecido a los 21 años en un accidente mientras era jugador de Atenas en 1990)
-Yo no tuve tanto tiempo conviviendo con él, pero lo que te puedo decir es que era un joven muy precoz y así jugaba, a muy corta edad lo hacía como un hombre, tomando muchas responsabilidades. Él se proyectaba como el gran pívot de la selección nacional, tenía muchas condiciones, era alguien muy trabajador, muy humilde. Tenía muy desarrollado el tema de saber escuchar, también todo eso era porque tenía como laderos a grandes jugadores, uno de ellos era Milanesio, que fue de gran ayuda para él.
-Fue asistente de Walter Garrone en el Preolímpico de Portland en 1992 y enfrentaron al verdadero dream team (fue derrota 128-87), ¿cómo fue esa experiencia?
-Había una mezcla de sensaciones. Un deslumbramiento total ante tremendos jugadores, inalcanzables y tenerlos a tu lado era una cosa muy curiosa, como un sueño. Ahí aprendí que uno tiene que respetar ese tipo de equipos jugándole al máximo, después el resultado se dirá. Fue muy emblemático.
-El 10 de enero de 1994 vino Magic Johnson a Córdoba para una exibición y campaña contra el Sida y usted dirigía a Atenas, ¿qué recuerda de un personaje histórico como él?
-Era alguien extremadamente carismático que se acercaba a todo el mundo. Tenía un poder de seducción, por así decirlo, tremendo. En ese partido estaba él de un lado y Marcelo (Milanesio) del otro, montaron un show inolvidable.
-Vuelvo a su pasado reciente, ¿qué le dejo el trabajo en la selección de Brasil?
-Fue una experiencia para mí muy enriquecedora, con grandísimos jugadores (Marcelinho Huertas, Anderson Varejao, Leandro Barbosa, todos NBA) con muchos de ellos he mantenido una relación muy buena. A mí me permitió continuar en la vitrina mundial del básquet. Jugando mundiales y juegos olímpicos, cosa que no es menor. Me quedó el sabor amargo de no haber podido pasar de ronda en Río 2016 (derrota épica contra Argentina en dos suplementarios 111-107), para mí fue muy duro soportar eso. Si bien tuvimos muchas adversidades en el camino, creo que podríamos haber tenido la chance de pasar y no logramos el objetivo que nos habíamos puesto.
-Por último, con el gran antecedente del subcampeonato del mundo, ¿cómo ve a la selección en los Juegos Olímpicos de Tokio?
-Vaticinar algo es difícil, no me animo a hacerlo, te lo digo para bien. En el Mundial yo hubiese estado muy satisfecho si nos metíamos entre los ocho mejores y terminamos jugando la final. Si bien un Juego Olímpico es mucho mas sanguíneo y te da pocas chances, creo que Argentina está muy bien. Hay que prepararse duro porque ya todos le van a jugar al subcampeón del mundo y eso lo tenés que contrarrestar con una gran preparación.
Javier Albarracín
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