Opinión | Batakis | Pobreza | Gobierno

Las dudas sobre el respaldo político a Batakis

En sus primeras semanas al frente del ministerio hay muchos interrogantes que siguen en pie, pero una certeza: la funcionaria no cuenta con un respaldo granítico a sus planes. En la calle empiezan a sumarse oficialistas que cuestionan sus premisas

La flamante ministra de Economía de la Nación, Silvina Batakis, generó ruido puertas adentro del Frente de Todos, especialmente en los sectores más marginales volcados a la izquierda de la heterogénea conformación de la coalición gobernante. No les cayeron simpático ni el énfasis puesto en la necesidad de avanzar rápidamente en el sendero de un equilibrio fiscal ni la confirmación de que se va a cumplir con el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. La funcionaria se esforzó en remarcar esas dos premisas como centrales para su gestión, lo que intentó evitar turbulencias en los mercados, dar señales al organismo internacional de crédito y evitar un colapso económico con consecuencias impredecibles.

Pero lo cierto es que, si bien la enorme mayoría del espectro económico argumentó a favor de los planes de Batakis, los resultados no fueron los esperados. Y a cada premisa de la ministra hubo sectores del Frente de Todos que le construyeron un problema.

Juan Grabois dijo que el Salario Básico Universal se debería pagar con un alza en las retenciones, aunque eso colisiona con la promesa del ministro Domínguez. Juan Grabois dijo que el Salario Básico Universal se debería pagar con un alza en las retenciones, aunque eso colisiona con la promesa del ministro Domínguez.

Y parte de esos sectores que parecen marginales tuvieron un buen reflejo en el Congreso, algo que se evidenció a las pocas horas de la asunción de la reemplazante de Martín Guzmán, cuando muchos diputados pegaron en sus escaños el cartel reclamando a su Gobierno por el Salario Básico Universal. En la calle, Juan Grabois y organizaciones piqueteras marcharon la semana pasada con esa premisa. Y es el propio Grabois uno de los máximos protagonistas de ese reclamo, aunque difícilmente los legisladores le respondan a él.

Por eso no fue raro que con vehemencia también Andrés “El Cuervo” Larroque planteara el tema la semana pasada luego de haber mantenido silencio algunos días tras sus ácidas críticas al Presidente. Larroque es ministro de Kicillof y con permiso para cuestionar como si vistiera traje de opositor al gobierno nacional. Algo así como ocurre con otro funcionario bonaerense: Sergio Berni.

La gestión de Alberto Fernández adolece de coherencia y allí radica su principal debilidad. Y buena parte de esa carencia responde a la falta de conducción unívoca. En ese mar de dudas sobre el rumbo general que pretende para el país, y el particular en cada una de las áreas, cualquiera se cree en condiciones de lanzar su opinión sin importarle si está o no en línea con lo que señalan sus superiores. Las voces se multiplican y se contradicen con frecuencia dentro del propio oficialismo. A tal punto de que a la oposición le está costando aparecer en la agenda porque fue desplazada de su lugar crítico por espacios representativos del oficialismo. Naturalmente resulta una obviedad que la oposición critique al Gobierno y una novedad que el propio Gobierno tenga a sus principales críticos en sus filas.

En ese marco es que muchos se preguntaron en los últimos días por qué resulta insuficiente que la ministra Batakis anuncie un plan para contener el gasto congelando ingresos a planta, recortando ejecuciones presupuestarias pendientes del primer semestre y ratificando el acuerdo con el FMI. Es que sigue quedando claro que en el oficialismo hay demasiadas contradicciones y de allí que se dude sobre la posibilidad de que la flamante ministra pueda llevar adelante cada una de sus premisas. Hubo, además, un silencio marcado de parte de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner que, como a todo silencio, cada uno lo interpreta como mejor le parece. Y claramente están quienes aseguran que se trata de una forma de expresar sus reservas sobre el camino económico. Y, dada la relevancia de su figura dentro del armado del Frente de Todos, ubicada en el centro de la escena, las implicancias de esas dudas claramente tienen su impacto y no precisamente para calmar las aguas. Tras su último discurso en Santa Cruz, algunos analistas destacaron que “por lo menos ya no critica al Ministerio de Economía”. Hoy podría decirse que el silencio de Cristina al menos resulta insuficiente en medio de la crisis y las señales que emiten algunos actores fácilmente identificables con la vicepresidenta. Batakis, una ministra con más ruedo político que su antecesor, necesita al menos un respaldo sin especulaciones de parte de su propia fuerza.

Es que, además, enfrente tiene un sinfín de dificultades que, aun acertando los diagnósticos y los remedios, demandará tiempo en comenzar a solucionarlas. Ayer Leonardo Tornarolli, economista de la Universidad de La Plata e investigador en pobreza, desigualdad y otras problemáticas socioeconómicas, destacó que “no hay ninguna medida mágica que por sí misma permita eliminar la pobreza, menos aún en el corto plazo. Cualquiera que diga algo distinto miente. Aun si a partir de mañana se tomaran únicamente decisiones correctas, tendríamos niveles de pobreza elevados por muchos años”.

¿Qué quiere decir el silencio de Cristina? Es la gran duda que hay hoy y que genera ruido también en los mercados porque da incertidumbre sobre el respaldo político. ¿Qué quiere decir el silencio de Cristina? Es la gran duda que hay hoy y que genera ruido también en los mercados porque da incertidumbre sobre el respaldo político.

Ahí hay un nudo central de la problemática argentina. Y en buena medida fue agigantado por el abultado y constante proceso inflacionario que hoy tiene proyecciones del 80% anual, pero es una cifra que hay que seguir de cerca. Al parecer, Batakis tiene claro que, si sigue expandiendo el gasto sin sustento, ese problema puede terminar de desbocarse. Es lo que no comprenden algunos de sus aliados que curiosamente aseguran que quieren combatir la pobreza.