¿Qué efectos macroeconómicos tiene la sequía para la Argentina?
Las consecuencias de la tercera Niña consecutiva, que especialmente castigó a la zona núcleo de nuestro país, pero que impacto de forma generalizada en todas las provincias productoras de granos, serán costosas desde lo económico para el país.
Un trabajo del economista Gustavo Reyes del Ieral de la Fundación Mediterránea, muestra que 2023 y hasta el arranque de 2024 anticipan contracción tanto de exportaciones como de importaciones, caída interanual del nivel de actividad durante varios trimestres consecutivos, pérdidas de reservas internacionales del Banco Central y mayores desequilibrios fiscales. Una parte de todos esos efectos ya comenzaron a observarse.
Y comenzarán a advertirse con más fuerza a partir de ahora, que es “la temporada alta” de ingreso de dólares en el país, cuando las cosechadoras están trabajando en los lotes y aparecen las exportaciones de soja y derivados, sumadas a las del maíz. Pero este año será distinto.
Reyes remarca en su informe que se espera que la contracción en el valor de la cosecha en 2023 resulte superior a la registrada en 2009. Y detalla que gran parte de los fenómenos macroeconómicos registrados en 2009 se repetirán en 2023: contracción tanto de exportaciones como de importaciones, caída interanual del nivel de actividad durante varios trimestres consecutivos, pérdidas de reservas internacionales del Banco Central y mayores desequilibrios fiscales.
Respecto al 2009, una importante diferencia es que en aquella oportunidad, la tasa de inflación terminó desacelerándose. “En 2023, difícilmente pueda repetirse lo sucedido con la inflación en 2009”, explica el economista.
Y agrega: “Todos estos efectos potencian la instabilidad de la economía de Argentina y presionan aún más el mercado cambiario como lo hemos visto en los últimos días”.
Comparación con 2009
Reyes trabaja sobre un espejo que es la campaña 2008/09 en la que el fenómeno de la sequía le restó miles de toneladas al país, pero combinada en aquella oportunidad con una caída de los precios internacionales de los granos fruto, entre otras causas, de la crisis financiera internacional y la fortaleza del dólar en el mundo.
A este difícil shock, la macroeconomía argentina respondió en aquella oportunidad con una fuerte contracción de las exportaciones y de las importaciones, con una caída interanual del nivel de actividad durante 4 trimestres consecutivos (IV trimestre de 2008 a III de 2009) junto con una importante pérdida en las reservas del Banco Central que desaceleró fuertemente la emisión monetaria y redujo la tasa de inflación.
“La pregunta del millón es si la evolución de las variables mencionadas será igual en 2023. La respuesta es afirmativa para gran parte de las mismas salvo para la tasa de inflación”, anticipa Reyes.
Según el economista, a favor del actual escenario juegan los precios internacionales de las commodities, que a diferencia del 2009, se mantienen (afortunadamente) sin grandes cambios. En contra, está la contracción de la cosecha que resultaría más severa que la del 2008/09. De la interacción de ambas variables (precio y cantidad) surge el valor de la cosecha, que, se espera, en 2023 experimente una contracción superior a la del 2009.
Efectos macro
El economista del Ieral enumera una serie de consecuencias que tendrá la sequía para la macroeconomía y detalla en cada una de ellas el alcance esperado.
Contracción de Exportaciones e Importaciones: Al igual que en el período 2008/09, tanto las exportaciones como las importaciones en Argentina están cayendo desde el IV trimestre del 2022. La principal contracción en las exportaciones está dada por la caída en las ventas de productos commodities relacionados con la mala cosecha. No obstante, dado que también están disminuyendo las ventas al exterior de productos agro-industriales e industriales, otros fenómenos también estarían afectando la dinámica agregada de las exportaciones. Entre estos otros factores se pueden citar la desaceleración del comercio internacional del mundo (menor crecimiento económico), la caída del tipo de cambio real y la enorme brecha cambiaria.
Caída del PBI: importaciones y PBI están fuerte y positivamente correlacionadas en Argentina. Durante la sequía 2008/09, la contracción del PBI se extendió por 4 trimestres consecutivos e incluyó no solamente al sector agropecuario sino también a la Industria y la Construcción (este último sector es el que registró las mayores caídas).
Actualmente, la economía ya viene cayendo en términos mensuales desestacionalizados desde el IV trimestre del 2022. Por otro lado, y teniendo en cuenta que los otros motores de la demanda también resultarán negativos durante este año (política monetaria, fiscal, etc.), es muy probable que la actividad económica se contraiga en 2023; de hecho así lo prevé el último relevamiento de expectativas económicas (REM) del Banco Central que pronostica una caída del PBI del 2,7%.
Deterioro de las Cuentas Fiscales: entre 2008 y 2009, las cuentas fiscales se deterioraron fuertemente (desapareció el superávit primario) pero, debido a la estatización de las AFJP, la recaudación de los Aportes a la Seguridad Social mejoró y permitió subir la recaudación impositiva total.
En 2023, de forma similar al 2009, las cuentas fiscales también comenzaron a deteriorarse (en el primer bimestre, el déficit primario aumentó respecto de 2022) pero acompañadas por una caída en la recaudación impositiva en términos reales (neta de la inflación).
Pérdida de Reservas e Inflación: al igual que en la sequía 2008/09, el BCRA, previo a la instrumentación del dólar Soja III, estaba perdiendo reservas internacionales.
No obstante, a diferencia de la sequía en 2008/09, actualmente el ritmo de inflación se ha acelerado y de acuerdo a las expectativas de mercado (REM), es poco probable que pueda bajar significativamente de los niveles actuales.
Las bajas expectativas para que en 2023 se desacelere la inflación (como sucedió en 2008/09) se explican por varios factores. Por un lado, el ritmo de expansión de la base monetaria se ha desacelerado pero bastante más lentamente que en 2008/09 mientras que la demanda de dinero continúa cayendo. Por otro lado, más allá de los factores monetarios, las otras variables que afectan a la inflación difícilmente puedan desacelerarse en el contexto actual:
-la devaluación del tipo de cambio seguirá alta ya que el dólar oficial se encuentra atrasado respecto de la inflación y el Banco Central cuenta con muy pocas reservas para defender un precio bajo en el dólar oficial;
-la inflación de precios regulados probablemente se mantenega elevada debido al ajuste en las tarifas públicas;
-seguramente las actuales paritarias tratarán de recomponer parte de lo perdido por los salarios respecto de la inflación y por lo tanto, difícilmente se desaceleren,
-el gasto público, a pocos meses de las elecciones generales, es poco probable que reduzca su ritmo de expansión actual.