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"La locura no se puede encontrar en estado salvaje"

En una semana en la que Bielsa fue el eje de la atención, su caso sería motivo de análisis para Michael Foucault y un nuevo capítulo de sus estudios sobre la locura

Marcelo Alberto Bielsa cumplió ayer 65 años. Para el rosarino no fue una semana cualquiera. El fin de semana volvió a ganar un título después de mucho tiempo. El ascenso conseguido con el Leeds en el fútbol inglés permitió renovar el debate futbolero en torno a su fi-gura. Esa que para muchos se de-fine con una calificación: El Loco.

Uno de los pensadores que más analizó la locura fue Michael Foucault. Uno de los ensayos más conocidos del francés se llama "Historia de la Locura en la Época Clásica". Allí, analizó como se ha tratado al tema a lo largo de las distintas eras.

Foucault se metió con la locura como uno de los aspectos en los cuales estudiar el poder y su ejercicio. En el caso de la locura, el poder aparece a la hora de decidir que es un comportamiento enfermo y que no. La definición de la "locura" en las sociedades -¿Quién está loco y quién no?- surge de convicciones acerca de los valores y comportamientos que son aceptados como normales. El que no encaja allí es aislado y excluido.

En esa separación de la locura juega un papel crucial el discurso. El loco, en general, es el que tiene un discurso incomprensible para la mayoría. Cuando sus dichos no concuerdan con aquello que es considerado como verdad o plan-tea cuestiones inconvenientes, el sujeto es etiquetado como "loco". Su discurso es excluido y aislado.

En ese juego de poder juegan un papel muy importante las instituciones. Las escuelas, los hospitales, las cárceles y las fábricas son ámbitos donde se ejerce el poder. También se puede considerar allí, sobre todo si se piensa en el discurso, a los medios de comunicación.

A muchos han llamado locos en el mundo del fútbol, pero ninguno ha generado revuelo como Bielsa. Sus actos y sus dichos siempre generan polarizaciones eternas.

El rosarino es considerado un loco porque muchas de sus acciones no encuadran con lo considerado normal en el ámbito del fútbol. Por ejemplo, en un paradigma en el que los resultados mandan y la felicidad sólo equivale a ser exitoso, Bielsa remarca el valor de los procesos.

Está claro que Bielsa quiere ganar. Todos los que han escrito y hablado de él, dicen que lo obsesiona hacer bien su trabajo y le molesta mucho perder. Pero más allá de obtener un resultado, le preocupa mucho el cómo obtenerlo.

En un hecho llamativo, en la conferencia posterior al ascenso, un periodista le preguntó si ahora le gustaría ser campeón del torneo. Bielsa le contestó que sólo había una respuesta a esa pregunta. Tener ganas de conquistar un título, que sería una obviedad para cualquier entrenador, él lo tiene que explicar.

Está claro que Bielsa quiere ganar. Todos los que han escrito y hablado de él, dicen que lo obsesiona hacer bien su trabajo y le molesta mucho perder. Pero más allá de obtener un resultado, le preocupa mucho el cómo obtenerlo.

"Es una de las personas más obsesionadas con no hacer trampa", dice Ander Herrera, dirigido por Bielsa en el Athletic de Bilbao, en el documental sobre el Leeds. Al rosarino le molesta sacar ventajas anti reglamentarias o desleales. De hecho, en la temporada pasada hizo que su equipo se dejara anotar un gol, para igualar una ventaja que había obtenido a través de una acción que él consideraba injusto. Aquella acción le valió las críticas de un amplio sector futbolero. Algunos lo tildaron de "vendehumo", otros de tonto y varios dijeron que, simplemente, estaba loco.

La semana pasada, en este mismo espacio se habló de la institucionalización de la trampa en el fútbol. Si sirve para ganar, todo vale. En un mundo en que la ventajeada está totalmente aceptada y forma parte de la norma, que alguien ponga la lealtad por sobre el resultado, es claramente una locura.

Sus equipos jamás harán tiempo. Siempre están a favor de la dinámica del juego. Su proceso al mando de la selección argentina dejó partidos espectaculares. El equipo funcionaba como una máquina de atacar, tenía una identidad propia y era respetado alrededor del globo. Pero claro, se volvió en la primera ronda del mundial. Para los dueños del discurso en el fútbol, no importa analizar lo que sucedió en Corea-Japón (lesiones, jugadores agotados por la temporada europea, el grupo más difícil y la mala suerte en el encuentro ante Suecia), sino que se volvió en la fase de grupos.

En aquel momento, ni siquiera importaron las explicaciones del rosarino. Porque hasta eso resulta incomprensible para ellos. Bielsa no es un técnico convencional a la hora de hablar. Explica, expone, da las razones de sus decisiones, es franco, es directo. Nunca caerá en frases hechas ni en declaraciones rimbombantes. Producto de esta cuestión es que sus conferencias de prensa son extensas.

Otra cosa que no resulta fácil de entender de Bielsa, es su negativa a dar entrevistas personales. Los medios más importantes no comprenden que no quiera darles exclusivas. No entienden que su código de ética lo obliga a darle un tratamiento igualitario a todos los medios.

Aquellos que lo tildan de loco, hacen hincapié en sus reacciones y en los portazos que pegó para irse de algunos lugares. No pueden aceptar como alguien que cumple con su palabra, se enoje cuando no tiene el mismo trato.

Así se fue de la selección de Chile, marcando sus diferencias con Sergio Jadue (uno de los involucrados en el escándalo de corrupción en Conmebol y personaje principal de la serie que trata sobre el tema).

El discurso de Bielsa es incomprensible para el establishment del fútbol. Cómo no lo terminan de en-tender -o no quieren hacerlo- lo ca-lifican de loco. Incluso cuando consigue ganar, desestiman su logro. Su discurso es el discurso del loco, por lo cual debe ser ex-cluido o aislado a los márgenes (como por ejemplo el ascenso inglés).

Pero como también decía Foucault, siempre que hay poder hay resistencia. Allí están sus ex dirigidos dando vueltas por el mundo, hablando siempre bien de él y de su método. Es un referente para muchos de los entrenadores que sí son admirados en el fútbol. Desde Guardiola a Simeone, todos lo valoran. Entre ellos, se encuentra el riocuartense Pablo Aimar. Una de las muchas "locuras" de Bielsa fue venir hasta Río Cuarto para su partido despedida.

Pero como también decía Foucault, siempre que hay poder hay resistencia. Allí están sus ex dirigidos dando vueltas por el mundo, hablando siempre bien de él y de su método. Es un referente para muchos de los entrenadores que sí son admirados en el fútbol. Desde Guardiola a Simeone, todos lo valoran. Entre ellos, se encuentra el riocuartense Pablo Aimar. Una de las muchas "locuras" de Bielsa fue venir hasta Río Cuarto para su partido despedida.

En todo club en el que dirige causa efecto y consigue el respeto de sus jugadores. Los hinchas de sus equipos llegan a adorarlo y tiene seguidores en todas partes del globo. Para muchos, Bielsa no es un loco, es un genio.