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Bioarquitectura geodésica en la reserva natural de Ansenuza

El proyecto El Mirador-Refugio Natural se ejecuta sobre un predio de casi 2 hectáreas, a la vera de la laguna Mar Chiquita. Reúne a 12 domos, un área gastronómica, pileta y hasta un mangrullo que le da nombre al conjunto. Buscan ofrecer una experiencia diferente que despierte hábitos sustentables

“Respetar lo que antecede”. Quizás esa sea la premisa fundamental que sienta las bases de la bioarquitectura y sobre lo cual el estudio Van Gross trazó los primeros lineamientos del proyecto “El Mirador-Refugio Natural” que junto a sus pares de la firma Domos Córdoba desarrollan en la Reserva Natural de Ansenuza, en Miramar, a la vera de la laguna Mar Chiquita. Y lo que antecede no es solo el maravilloso entorno natural, con su flora y su fauna, sino también lo que alguna vez fue construido y quedó en desuso, sobre lo que el desafío será intentar ponerlo en valor para integrarlo a la propuesta a través un master plan, en sintonía con las bases de otro aliado de la bioarquitectura: la economía circular.

“El diseño fue íntegramente hecho con criterios bioclimáticos, en donde para nuestro estudio lo más importante es cuidar lo que antecede a la intervención bioarquitectónica. El resultado de toda esa observación es lo que nos dio las primeras líneas de diseño para recién asentar allí esa bioarquitectura”, indica a Puntal ADC el arquitecto Armando Van Gross, quien es especialista en Diseño Bioclimático, construcción de bajo impacto y materiales naturales.

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Y agrega: “Si bien esta dedicación previa puede parecer engorrosa en un mundo donde lo inmediato parece ser lo importante, nosotros nos tomamos el tiempo y el trabajo de estudiar el comportamiento del aire, de la tierra, del agua y del fuego, entendido este último como el sol, para recién después dar paso al diseño del máster plan”.

Máster Plan

La propuesta se pensó sobre un terreno de casi dos hectáreas en donde a partir del análisis previo se definió la posibilidad de ubicar allí 12 domos equidistantes entre sí, un área gastronómica representada por un domo de 10 metros de diámetro que se vincula a una antigua edificación puesta en valor para tal fin; una pileta semienterrada para evitar el contacto con las napas freáticas superficiales salitrosas y a la vez aprovechar de la mejor manera las visuales; y un mangrullo construido en madera bajo la figura de esfera geodésica, que es lo que le dará finalmente nombre al conjunto.

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El proyecto se ejecuta por etapas, y en la primera ya se materializan tres unidades habitacionales con miras a poder ser inauguradas en la antesala de la próxima temporada de verano.

Una experiencia distinta

La disposición de los domos en todo el proyecto garantiza que cada visitante pueda disfrutar una experiencia única en contacto pleno con la naturaleza. “Se apunta a un público amante de la naturaleza que quiera sentir una experiencia de contacto e interacción con los elementos presentes, al tiempo que le permita disfrutar de una experiencia bioarquitectónica que ofrece el hecho de pernoctar en un domo geodésico. Asimismo, al ser una propuesta innovadora, este conjunto no compite con otros complejos de la zona, sino que se complementa con ellos y brinda una alternativa a lo existente”, señala el arquitecto.

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Y añade: “Las características que lo diferencian de los complejos tradicionales, radican en la manera de proponer la forma en que interactúa el lleno con el vacío sobre un terreno de aproximadamente dos hectáreas, donde la bioarquitectura deja muchísimos silencios porque se priorizó la tranquilidad de cada unidad habitacional. Tienen una cierta distancia entre sí que permite mantener la intimidad y sentir que cada uno está en contacto con la naturaleza. Desde cada domo se escucha el susurro del viento acariciando la estructura aerodinámica, también el silencio, el canto de los pájaros, de los grillos y las chicharras durante la noche”.

Van Gross comenta que en tiempos de pandemia, cuando el proyecto avanzaba en su diseño, el gobierno provincial declaró Reserva Natural al Parque Ansenuza, lo que elevó aún más el nivel de exigencias para garantizar la viabilidad de la propuesta.

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“Lejos de verlo como una amenaza, tomamos esa declaración de Reserva Natural como desafío para nuestro estudio y para la constructora, por el hecho de tener que elevar al máximo la calidad de diseño para poder demostrar que puede coexistir la bioarquitectura en ese entorno y que se puede hacer un turismo responsable y sustentable en una reserva, bajo tales condiciones”, explicó Van Gross, quien además es referente de estructuras geodésicas.

Así, la separación de aguas grises y de aguas negras, tornillos zincados de primera calidad para evitar corrosión por la salinidad del ambiente y carpinterías de madera íntegramente desarrolladas por el equipo técnico de Domos Córdoba y estudio Van Gross, fueron algunos de los recursos que tuvieron en cuenta en la propuesta de El Mirador.

“En nuestro estudio preferimos siempre manipular y construir con un material tan noble como es la madera, porque implica trabajar con un elemento que estuvo vivo y que la vida pasó por él dejando sus vetas. Y les puedo asegurar que no es lo mismo que otros materiales”, reflexiona.

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Y agrega: “El proyecto contempla también un manejo responsable de los residuos sólidos urbanos y pondera el compostaje de la materia orgánica. Así, en su estadía, el visitante va a estar acompañado de unos patrones de conducta con la intención de que luego los pueda transferir a su vida cotidiana. Por ejemplo, si climatizo el agua con un colector solar o cargo mi teléfono con un panel fotovoltaico, empiezo a despertar una forma mucho más amigable con el ambiente y a mostrar un camino hacia la sustentabilidad”.

Con más de 16 años de trayectoria en bioarquitectura y más de 8 en bioarquitectura geodésica, Van Gross, agradece a cada una de las personas que sumaron sus voluntades para que este proyecto se encamine y aconseja que al momento de proyectar un complejo turístico se contraten profesionales expertos “que se tomen el tiempo de observar “.

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“A veces se toman decisiones que son contraproducentes porque vulneran la naturaleza circundante y se vuelven una amenaza hacia el propio proyecto. Por ello considero que siempre se debe ponderar lo que antecede a la bioarquitectura y el uso racional de la energía, porque todo comienza y termina con la energía. Es fundamental que la matriz energética de alguna u otra manera provenga del sol y en concatenación de ello combinarse con estrategias de diseño que aprovechen lo natural, como la ventilación cruzada o la implementación de acumuladores de agua, entre otros recursos”.

Javier Borghi